Relato 2. Juan Alborná (Cuba - Miami)

CRUCIFICADO

Estaba colgado de una cruz. Enormes clavos atravesaban mis manos a un enorme madero y me hacían sufrir hasta el desmayo. Y se sumaban al tormento de los pies, clavados por los tobillos al madero vertical que los romanos anclaron profundamente en tierra y al suplicio de la presión de los pulmones por el cuerpo colgado. Estaba desnudo con un simple paño tapándome mis partes. Tenía sed. Yo, que había poseído suficiente presencia de ánimo para enfrentarme al poder romano, me sentía solo, abandonado. Desnudez física, sicológica, que hicieron que mi conciencia se hundiera en profunda depresión. Miré a los hombres que a mis dos lados estaban también crucificados y luego al cielo.
―¿Por qué?
De mis heridas manaba continuamente un fuerte hilo de sangre. Me desangraba y nadie podía pararlo. Sabía que era una sentencia cruel. Se acercaba el fin.
No entendía qué destino era éste. ¿Un karma? Después de tanto luchar por redimir parte de la humanidad, de esplicarles a mis seguidores lo que podríamos llegar a ser si fuéramos capaces de luchar, y de enseñarles cómo hacerlo, mi fin llegaba lentamente con brutalidad.
Y para que todos lo vieran, y supieran quién era yo, los romanos habían escrito mi nombre en lo alto de la cruz: “Spartacus”.¨
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(Soy fanatico de Radio Exterior de España desde que estaba en Cuba y escuché en onda corta la muerte de Franco.)
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