Relato 019. Daniel Battiston (Argentina)

Edad de crecimiento

Todo comenzó el día en que el señor González amaneció con molestias abdominales. Tuvo trabajo para levantarse sin despertar a su esposa. Mientras se vistió pensaba en dejar de comer porquerías por la noche. Al salir del dormitorio, su cadera chocó contra el marco de la puerta.
Cuatro días después, las dificultades para levantarse de la cama se hacían notar. Se sabía pesado, torpe, lento. Sentado en el borde de la cama miró a su esposa que dormía acurrucada contra el lado opuesto. Al pararse el piso de madera crujió; los pantalones apenas le calzaban y pensó que debería comer menos por las noches, o al menos hacer más ejercicio.
Cuando se cumplieron treinta y dos días, su mujer, ya sin espacio en la cama, tuvo que mudarse al sofá del living. El señor González ocupaba toda la cama que cayó bajo su peso, y estaba obligado a permanecer todo el día allí, tumbado sobre el colchón. Cuatro veces al día su esposa llegaba al piso alto con una bandeja de comida; los chicos de la cuadra se asomaban por la puerta del dormitorio para ver como el señor González ocupaba un espacio cada vez mayor.
En la madrugada del día cuarenta y tres el piso del dormitorio se derrumbó. La señora González nunca fue encontrada.
El municipio facilitó una carpa montada en la plaza del pueblo para alojar al señor González. Esa misma mañana los bomberos derrumbaron lo que quedó en pie de la casa, y lo trasladaron a su nuevo hogar
Cuarenta y nueve días después que el señor González se sintió pesado por primera vez, el suelo de la plaza comenzó a ceder bajo su cuerpo. El agua potable y otros servicios se vieron afectados; buena parte del pueblo quedó sin gas y nueve manzanas completas permanecían a oscuras.
A los cinco días, las primeras familias huían del pueblo.

Daniel Battiston
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