Relato 024. Walter Lingán (Perú)

La traición de Catalina O.
Cada vez que subo a un avión tengo miedo. Pero esta vez me tranquilizó la hermosura de mi ocasional compañera de vuelo. La luz de sus ojos verdes. El fuego discreto de sus labios. ¡Qué senos! Un elogio a la belleza. El aparato ascendió velozmente y, vencido por el cansancio, me dormí. Con la cabeza levemente reclinada en la dirección de su hombro, soñé con ella.
Entre un mar de nubes y vientos huracanados, le dije: No soy hermoso ni joven, pero tengo la ternura del hombre elefante. Me gustaría saborear la miel de tus pechos. Hacer una fiesta en tu vientre y celebrar con algarabía de fauno, con descaro pagano, la grandeza de esas tetas divinas... No pude seguir. El sueño fue interrumpido con el anuncio de nuestro llegada y el inicio de la brusca frenada del avión al tocar tierra. Al bajar las escalinatas admiré el formidable culo de tan agraciada muchacha. Esperó con impaciencia frente a la banda transportadora de equipaje. Luego cogió su maleta y salió apresurada. Afuera la recibió un joven con los brazos abiertos y yo quedé masticando la traición de Catalina O.

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