Relato 34. Hiracio Alonso (Argentina)

MACHAZO

Les voy a contar una historia real, con final inesperado. Días pasados me fui al almacén de la esquina de mi casa a comprar longaniza calabresa, de aquella que deja un cierto cosquilleo en la boca, que sólo se calma con un vinacho carlón.
Justo al entrar me encuentro con un personaje del barrio, conocido por su recia estampa. Casualmente, por algún chisme de vecina, conocía su nombre. Atanasildo Cabrera se llamaba el hombre. Nombre polenta, polenta, digno de un machazo de ley.
También su postura y vestimenta, diría que jugaban armoniosamente con tal pinta y tal nombre. Alto, más bien flaco, con rostro cortado a cuchillo y pelo negro peinado a la gomina, que hacían notar su fuerte personalidad. Traje cruzado, negro con rayitas blancas, con sus botones prendidos. Camisa y pañuelo al cuello que, aunque hacía calor, confirmaba su personalidad recia y varonil.
Cuando terminé mi compra de longaniza y vino tinto (pan me había quedado de ayer), me quedé charlando con don José el almacenero y esperando ver que compraba don Atanasildo. ¿Y qué pide el hombre? Pan de salvado envasado, queso para untar descremado y una gaseosa light. Qué quiere que le diga, ya no habemos más hombres.

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