Sexto Continente - Cuando las soluciones están en tu interior

En Sexto Continente divagamos sobre diversas posibilidades que nos ofrece la literatura actual creada en español. El nooelista Alberto López Aroca nos habla de un evento que acaba de tener lugar, “Albacete negro” en el que escritores de España e Hispanoamérica se han reunido para hablar sobre cómo se mata mejor en novela negra. La semana pasada hablamos con el escritor uruguayo Jorge Majfud sobre su novela “Crisis”, pero al final del programa y con poco tiempo. Hoy retomamos la conversación y meditamos sobre la situación de los hispanos en EEUU y del funcionamiento del sistema Capitalista. Javier Mañero y Antonio Alonso son los autores del libro “Sueños y ritmos. Coaching: Cuando las soluciones están en tu interior”. Hablaremos con Antonio Alonso y le pondremos en un aprieto, que nos haga un plan de coatching para nuestra empresa, sin previo aviso. Preparad papel y bolígrafo para tomar notas. La escritora andaluza Eva Díaz nos presenta su novela “El sonámbulo de Verdún” la historia de un desertor austrohúngaro en la primera guerra mundial y recordamos los tiempos en que publicó un libro de crónica satírica sobre la romería del Rocio, que le supuso recibir serias amenazas. Muy interesante. La escritora mexicana Susana Corcuera nos propone una novela con su habitual buen gusto. La música la pone Jane Birkin.
Presenta y dirige Miguel Angel de Rus. Nos puedes escuchar el viernes en tu radio de onda corta y en la web de RTVE tienes siempre los archivos de audio http://www.rtve.es/alacarta/audios/sexto-continente

Edición Exclusiva - Premio de poesía

En el programa de premios literarios y recursos para escritores de REE, Edición Exclusiva tenemos bases de premios literarios de España como el Miguel de Unamuno de Cuento, el Domingo Santos de novela de Ciencia Ficción y el III Premio de novela Romántica y de premios de países hispanoamericanos como México, Perú, Chile, Bolivia, Colombia y Argentina. Alicia Arés, editora de Cuadernos del Laberinto, nos anuncia los finalistas del Premio Sexto Continente de Poesía, con una participación que ha rondado las 300 obras. E informamos de ganadores de concursos literarios. La música la pone Jane Birkin.

Estas son las obras poéticas seleccionadas de entre las que saldrá el ganador o ganadores.

Muy difícil lo ha tenido el comité de lectura pre-seleccionador. Tras una exhaustiva lectura de las casi 3.000 páginas recibidas, el jurado ha determinado como finalistas a los siguientes participantes (por orden alfabético de nombre):

• Ana Delgado Cortés
• Ana Pérez Cañamares
• Carlos Rodolfo Briones Jara
• Concha Montes Martín
• Daniel Matul Romero
• Fernando Núñez Doyángüez
• Irene Preobrayensky
• Jerónimo Calero
• Jesús Andres Pico Rebollo
• Juan Francisco Dávila Blázquez
• Luis Fernández Suárez Ordóñez
• Macarena Díaz Monrové
• Manuel Quiroga Clerigo
• María del Carmen Guzmán Ortega
• María Luisa de la Peña Fernández
• Martín Carlos Ortega Carcelén
• Miguel Ángel Azarmendia
• Miguel Ángel Bernao Burrieza
• Patricia Real Pérez
• Pedro Rodríguez Muñoz
• Rosa Mª Costa Matas
• Samuel Lagunas
• Santiago Segarra Fayos
• Sol de Diego

El fallo será anunciado durante el mes de septeimbre 2012 en los Programas Sexto Continente y Edición Exclusiva de REE y a los medios de comunicación en un plazo que no superará los 5 días tras el fallo.
Puedes escuchar el programa en tu radio de onda corta o en la web de RTVE; en http://www.rtve.es/alacarta/audios/edicion-exclusiva

2099, la mayor antología de ciencia ficción

En esta antología, Ediciones Irreverentes ha reunido a grandísimos clásicos de la ciencia ficción, como Ray Bradbury, Philip K. Dick, Arthur C. Clarke, Stephen Baxter, Aleksandr Beliaev, Kir Bulychiov, Jules Verne y EdwardPage Mitchell, junto a destacados autores de la ciencia ficción actual, como Eduardo Vaquerizo, Erick Mota, Carlos Sáiz Cidoncha o Félix Díaz González e importantes escritores contemporáneos de España e Hispanoamérica.
58 autores de 14 países (Estados Unidos, Francia, Rusia, Inglaterra, Argentina,Brasil, Chile, Colombia, Cuba, España, Honduras, México, Uruguay yVenezuela) se han reunido en 2099, la gran antología de relatos de cienciaficción que Ediciones Irreverentes publica como número 100 de su Colecciónde Narrativa.

El lector encontrará textos de ciencia ficción clásica, de la edad de oro, textos distópicos o anti-utópicos, ucronías, la nueva ola del comienzo de los años 70, relatos cyberpunk, diesel punk, postcyberpunk, steampunk, ciencia ficción centrada en el impacto de grandes avances de la biotecnología, paralelismos entre la realidad actual y futuros mundos posibles, ciencia ficción dura, en la que los elementos científicos y técnicos están tratados con el máximo rigor, incluso cuando éstos entran dentro de la pura especulación, y, como era de esperar, relatos negros acerca del futuro de la humanidad, de las sociedades hiperindustrializadas y en franca decadencia.

Ediciones Irreverentes ha titulado esta antología 2099 en homenaje a 2001, una odisea del espacio; es de esperar que a finales del S.XXI alguien lea este libro con el placer de descubrir las esperanzas de los autores de nuestra época, las previsiones, los temores, incluso los errores. Pero estos últimos sólo el tiempo podrá decir si han sido errores nuestros o erroresde ellos.

Justo antes de entrar 2099 en imprenta, el 5 de junio del 2012, Ray Bradbury nos dejó. Por ello, Ediciones Irreverentes considera esta antología un modesto homenaje a uno de los autores más importantes de nuestra época.

ÍNDICE
Prólogo. ¿Qué es la ciencia ficción? Félix Díaz González
Por unos watt de más. Erick Mota
La alfombra voladora- Nelson Verástegui
Tierra poblada de preguntas. Eduardo Vaquerizo
Los horribles terrestres. Carlos Sáiz Cidoncha
La máquina evangélica. Manuel Villa-Mabela
Espay 25, el mejor del mundo. Mar Cueto Aller
Aleteos. Pablo Vázquez
El alegato de Gaia. Jesús Yébenes Montemayor
Críopreservación reversible. Miguel Ángel de Rus
El secreto de Zeos Francisco Javier Illán Vivas
El virus Joaquín Lloréns
La jornada de un periodista norteamericano en el 2889. Jules Verne
Las 7 maravillas del siglo XLI Francisco José Segovia Ramos
Seré leyenda. Santiago Bergantinhos
Un mundo mejor. Javier Fernández Jiménez
Crónicas venusianas. Félix Díaz González
El elegido. Susana Corcuera
Los viejos de todos los tiempos. Salvador Robles Miras
Tres metros bajo el suelo. Elena Marqués
KindCare. Juanje López
GH39. Javier Martos
233º Celsius. Pedro Pujante
El hombre sin cuerpo. Edward Page Mitchell
Ellos no tienen miedo. Marisa Alemany
El último escudo. Francisco Javier Masegosa Ávila
Preludio a Nueva África. Eduardo Higueras Ledesma
El ombligo del mundo, 2055. Jorge Majfud
Deportados. Julio Rueda Suarez .
Rumbo al oeste. Aleksandr Beliáev
Mi mujer es un Cyborg. Alberto Chimal
El suero de la vida. Joan Llensa
Larga vida al CEO. José Ramón Fernández
El mifps. Ana María Shua
Un sueño lunar. Pedro Amorós
Luna 21. José G. Cordonié.
La posición horizontal. Francisco Legaz.
Juego de guerra. Philip K. Dick
La nave espacial escoñada con un tripulante dentro. Andrés Fornells
Madrid-Nación. Víctor Bórquez .
Última noche en el Jardín del Edén. Pedro López Manzano.
Expedición más allá de los sistemas conocidos. José Luis Ordóñez.
Saqqara. Kalton Harold Bruhl.
El precio de las gemas. Sergio Gaut vel Hartman.
Dos relojes. Isaac Belmar.
OPA Hostil. Joseba Iturrate
En un futuro incierto. José Isbert
Rahom Tabucchi. Teresa Galeote
Holópolis. Rubén Serrano .
Órbita. Arthur C. Clarke y Stephen Baxter
El espectador. David Navarro
Tiempo lóbrego. Ana Mª Coelho
La rebelión de las letras. Lucía del Mar Pérez
Enuma Elish. Raúl Hernández Garrido
El picnic de un millón de años. Ray Bradbury
Aceleración final. Juan Vivancos Antón
La rosa de los tiempos. Isabel Lizárraga Vizcarra
Sesenta años después. Kir Bulychiov
Sobre los 100 números de Narrativa Irreverente. Miguel Ángel de Rus

Sexto Continente, REE. Literatura anticapitalista - José Hierro e Inés Fonseca

Sexto Continente.- ¿El modelo está muerto o sólo es una siesta?

Hoy damos la voz a escritores para que mediten sobre la pendiente por la que resbala el actual modelo socio-económico occidental. O dicho de otro modo ¿esto está muerto o sólo es una siesta? Dado que somos sólo hombres de pluma, preguntamos a quienes saben.
Hablamos con Carlos Taibo de su libro “España, un gran país”, que trata de la decadencia que nos asola. Taibo trata de 3 grandes mitos: la impoluta transición política, el milagro económico y el mito neoliberal. Leeremos algunos párrafos de “Política para bufones”, de Pedro González Calero, editado por Ariel. Juan Patricio Lombera ya anticipó la situación actual en su libro “Bestiario chicano”, nos lo lee. El escritor uruguayo Jorge Majfud ha publicado una excelente novela que lleva por título “Crisis”: un mosaico de historias sobre los inmigrantes hispanos en Estados Unidos. Como drama común aparecen distintos tipos de violencia que los indocumentados viven en el Imperio.
Y escuchamos a José hierro e Inés Fonseca, en la nueva edición de Libro-disco Vida, editado para conmemorar los 90 años del nacimiento del poeta y los 10 de su muerte. Entrevistamos a la cantautora. Tenemos también música de los rockeros mexicanos Santa Sabina, la Castañeda y Cuca.
Presenta y dirige Miguel Angel de Rus. Nos puedes escuchar el viernes en tu radio de onda corta y en la web de RTVE tienes siempre los archivos de audio http://www.rtve.es/alacarta/audios/sexto-continente

Edición Exclusiva.- Tebeosfera, para amantes del cómic

En el programa de premios literarios y recursos para escritores de REE, Edición Exclusiva, tenemos bases de premios literarios de España, como el Ciudad de Tíjola de novela Breve, el Tomás Fermín de Arteta, y el certamen de cuento Laguna de Duero, y premios hispanoamericanos como el de Cuento y poesía Adolfo Bioy Casares y el Gastón Gori. Hablamos de un interesante proyecto, Tebeosfera, cómic on-line y plurinacional, catálogos de revistas de cómic, de revistas satíricas, diccionario de autores… lo hacemos con Manuel Barrero, uno de los dibujantes españoles con más proyección internacional. Y celebramos con Cristina Fallarás que es la primera mujer que ha ganado el Premio Dassiel Hammet de novela negra por “Las niñas perdidas”. La música la ponen los grupos mexicanos Santa Sabina, Cuca y Castañeda.
Presenta y dirige Miguel Angel de Rus.
Nos puedes escuchar el viernes en tu radio de onda corta y en la web de RTVE tienes siempre los archivos de audio http://www.rtve.es/alacarta/audios/edicion-exclusiva




Cristina Fallarás, premio Hammet

Cristina Fallarás ha obtenido, por unanimidad del jurado, el premio Hammett a la mejor novela negra en lengua castellana con 'Las niñas perdidas'. Este galardón se ha concedido en el marco de la Semana Negra de Gijón.
Junto a este premio, la Semana Negra de Gijón ha concedido además otros galardones como el premio Rodolfo Walsh a la mejor obra de no ficción sobre un tema criminal, que fue a parar a la mexicana Sanjuana Martínez por su obra 'La frontera del narco' y a Guillermo Saccomano por su obra 'Un maestro'; el premio Celsius de novela fantástica, para Emilio Bueso por 'Diástole'; el premio Memorial Silverio Cañada a la mejor primera novela policiaca a Kike Ferrari por 'Que de lejos parecen moscas'; y el premio Espartaco a Ignacio Martínez de Pisón por su obra 'El día de mañana'.
El Premio XXV Concurso Internacional de Relatos Policiacos recayó en 'Lucía', de Lola Sanabria García, 'La ley del narco', de Claudio Cerdán y 'Tensión superficial', de Carmen Redón.

Sexto Continente.- Las escenas que mejor unen cine y literatura

Comenzamos con un pequeño homenaje a la relación entre cine y literatura: De inicio la novela de Philip K. Dick “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, un audio de la película Blade Runner: ese que empieza “He visto cosas…”. Pasamos a la escena en la que Cyrano de Bergerac hace un elogio de su libertad y su independencia, “No, gracias”, basada en la obra de Edmond Rostand. Y escuchamos una gloriosa escena de “El abuelo, de José Luis Garci, basada en la novela de Benito Pérez Galdós. Fernando Fernán Gómez pone su sitio al alcalde, al cura y a la sociedad civil. La perfección fílmica y literaria. Hablamos con el ensayista y teólogo Bernardo Pérez Andreo de un tema que puede resultar extraño, pero lo hemos hablado antes en privado y es apasionante: ¿Cuándo hablamos con Dios, el dios que sea: hablamos con Dios, con nosotros mismos, con la totalidad del universo? A ver si salimos de dudas. Parece raro, pero es un tema que da para mucho… Hablamos con Emilia Luna, que acaba de publicar el libro de relatos “Ojos de niña sobre el Estrecho”, melancolía de la infancia y la adolescencia. El peruano Fernando Iwasaki, dentro de la colaboración con el portal hispano concoeralautor.com nos pide “España, aparta de mí estos premios”. Albert Camus se plantea que sólo hay un tema filosófico importante: El suicidio, Juan Patricio Lombera nos aconseja leer el “El mito de Sisifo” para que pensemos sobre ello. La guinda del pastel, unas frases de “Las relaciones peligrosas”, de Choderlos de Laclos para meditar sobre esa cosa llamada alma humana. Hoy volvemos a las buenas costumbres y escuchamos música de Gainsbourg.
Presenta y dirige Miguel Angel de Rus, (el de la foto) coordina Juan Patricio Lombera.
Lo puedes escuchar el viernes en tu radio de onda corta y en la web de RTVE tienes siemrpe los archivos de audio http://www.rtve.es/alacarta/audios/sexto-continente 

Edición Exclusiva, REE.- Premios de cuento y poesía Antonio Machado

En el programa de premios literarios y recursos para escritores de REE, Edición Exclusiva, tenemos bases de premios de España como el concurso de Manga de Norma Editorial, los premios de cuento y poesía Antonio Machado y el premio de novela Vargas Llosa, y de Hispanoamérica, de Perú, Venezuela, México y Colombia. Alicia Arés editora de Cuadernos del Laberinto, nos informa de las obras recibidas en el Premio Sexto Continente de poesía amorosa, 279 autores un lujo. Vera kukharava nos acerca una propuesta de M.A.R. Editor y Ediciones Irreverentes para publicar a escritoras jóvenes, siempre con menos oportunidades que los hombres, una forma de hacer justicia. E informamos de ganadores de diversos concursos literarios. La música la pone Serge Gainsbourg.
Presenta y dirige Miguel Angel de Rus, coordina Juan Patricio Lombera (el de la foto)
Lo puedes escuchar el viernes en tu radio de onda corta y en la web de RTVE tienes siemrpe los archivos de audio http://www.rtve.es/alacarta/audios/edicion-exclusiva

Fernando Fernán Gómez, protagonista glorioso del próximo Sexto Continente

El Abuelo, de José Luis Garcí, excepcional película sobre sublime novela de Benito Pérez Galdós. Don Rodrigo (Fernando Fernán Gómez) destroza al alcalde, al cura, a la sociedad civil. ¡Miserables!
Un ejemplo de dignidad que puedes escuchar el viernes en Sexto Continente de REE, o ver en este vídeo (Y luego escucharlo en Sexto Continente): Esto es un hombre.

XII Premio Internacional Sexto Continente de Poesía Amorosa. Obras

Cerrado el plazo de presentación de obras al Premio Sexto Continente de Poesía Amorosa, el cómputo de participaciones válidas y distribución por países es: 279 participantesESPAÑA: 98
ALEMANIA: 1
ARGENTINA: 77
BOLIVIA: 1
CANADA: 1
CHILE: 7
COLOMBIA: 11
COSTA RICA: 2
CUBA: 5
EEUU: 3
ECUADOR: 11
EL SALVADOR: 2
FRANCIA: 1
GUATEMALA: 4
MEXICO: 15
NUEVA ZELANDA: 1
PANAMA: 1
PERÚ: 1
REINO UNIDO: 1
RUMANIA: 1
PUERTO RICO: 3
VENEZUELA: 12 - SIN DETERMINAR: 4

BUSCAMOS RELATOS DE AUTORAS NACIDAS DESPUÉS DEL 1 DE JULIO DE 1977

Pues sí... POR FAVOR, NO ENVIÉIS MÁS RELATOS DE TERROR, QUE TENEMOS PARA PUBLICAR HASTA EL FIN DE LOS TIEMPOS. MUCHAS GRACIAS. IREMOS POCO A POCO.

Y ahora... Buscamos autoras españolas o hispanoamericanas residentes en Europa nacidas después del 1 de julio de 1977.

¿Por qué mujeres y por qué menores 35 años?
Porque sabemos que es muy difícil publicar. Más difícil si eres mujer, y peor aún si eres joven.
En Sexto Continente, en colaboración con Ediciones Irreverentes y M.A.R. Editor buscamos autoras españolas o hispanas residentes en Europa para colaborar en sus carreras literarias.
En principio esperamos vuestros relatos de tema TERROR - GÓTICO y sobre la ciudad de PRAGA, porque estamos preparando esas 2 antologías.
Algunos relatos aparecerán en este blog. Sobre los demás hablaremos con las autoras sobre la posibilidad de incluirlas en las antrologías.
Envíanos tu relato a edicionesirreverentes@gmail.com y adjunta una pequeña bio incluyendo nombre y apellidos, fecha de nacimiento, un teléfono (por si te planteamos participar en una antología) y un pequeño curriculum literario (en el caso de tenerlo)
¿Por qué de España o residentes en Europa? Porque es el ámbito de trabajo en el que pretendemos colaborar con estas autoras. El objetivo principal de la distribución de estos libros será en primer lugar Europa, y posteriormente irán a América.

Esto no significa que no sigamos buscando autores de cualquier edad y sexo, pero vamos a incidir en las mujeres más jóvenes. Y sin cuotas marcadas por un gobierno. Os esperamos.

TERROR 21.- Terror extraterrestre, de Nelson Verástegui (Colombia) http://nv-impresiones.blogspirit.com

Tenía diecisiete años y una afición exagerada por la astronomía. Esa noche subió a la terraza con su telescopio para observar los cráteres de la Luna, los anillos de Saturno y los satélites de Júpiter. Tenía dudas existenciales. «Si Dios existe, que me envíe de una vez una señal», se dijo y siguió observando las estrellas. Su imaginación lo hacía flotar hacia el infinito negro más allá de la Vía Láctea. Silencio, soledad, frío y oscuridad reinaban a su alrededor debajo del firmamento mudo. Ningún búho cantaba como otras noches. Ni el vuelo de murciélagos cazando turbaba el aire. De repente una visión extraña cubrió parte de la constelación de Hércules. Era como un velo blanco semitransparente que bajaba flotando y se dirigía hacia él cual pescador celeste queriéndolo atrapar con su atarraya. Una fuerza irracional se apoderó de él. El sudor del miedo corría por su frente y axilas petrificándolo ante el peligro irracional inminente. Sin pensar más en dos segundos ya estaba corriendo por las escaleras hacia abajo para esconderse en algún lugar seguro. Fue tanta la prisa que tropezó y cayó rodando por las gradas hasta quedar inmovilizado en el piso de abajo mientras su familia salía corriendo para ver qué había pasado. ¡Lástima! No tuvo tiempo de conservar la sangre fría para darse cuenta de que lo que parecía una señal divina en realidad era un bandada de pájaros migratorios nocturnos y así se hubiera salvado de encontrarse hoy minusválido y en silla de ruedas.


TERROR 21.- MÁS ALLÁ DE LA VIDA, MÁS ACÁ DE LA MUERTE, de Rosario Martínez (España)

El papel reposaba detrás de los vitrales de un polvoriento armario. Escrito con letra irregular y ansiosa, alguien había escrito: “Murió ayer, pero no me importa, mañana volveré a verle”.
               Extraño desafío a la muerte.

               En aquel taller oscuro,  donde cohabitaban olores ácidos, putrefactos y dulzones, un hombre siniestro, de cabellos ralos, manos y rostro de tiza, se movía entre cadáveres como un estratega de la muerte. Nunca se le oyó pronunciar una palabra: Vladimir era sordomudo. Pero gentes avezadas en el registro de todo lo anormal que sucedía en el pequeño pueblo ruso, intuían que su defecto era solo una excusa para moverse en solitario sin dar explicaciones.

                 Ningún vecino entró nunca en su cobijo, hundido al final de la calleja donde acababa el bosque y comenzaban a vislumbrarse los grises vapores de los pantanos. Tampoco se le conocía familia ni amistades. Corría un rumor: únicamente salía de noche en busca de vida. 

               Una tormenta de nieve en forma de inmisericordes vientos racheados, barría los campos de todo rastro de humanidad. Por caminos solitarios, carros y animales avanzaban penosamente, sorteando los  terrones de barro helado. La tímida luna confundía su contorno con el encaje de copos blancos cuando, ante la entrada del desvencijado refugio del sordomudo, estacionó un landó negro tirado por dos caballos igualmente negros.

               Al relincho de un caballo salió el dueño envuelto en andrajos, con un farol de aceite en la mano a la altura de los ojos.  Frunció el entrecejo. Al momento, el gesto de sorpresa apareció desprovisto de todo rechazo: eran viajeros esperados. Ayudó al cochero a bajar una figura sentada en el pescante. Al soltar el andamiaje de cuerdas con el que iba sujeta, cayó hacia un lado como un fardo. El silencio se hizo opresivo, anunciador de sobresaltos. Sin mediar palabra, Vladimir arrastró el bulto hacia el interior.

               Al mismo tiempo, el cochero abrió la puerta del carruaje. Una dama enlutada, con velo cubriéndole el rostro, descendió con solemnidad aristocrática. El viento polar azotó su frágil silueta por unos segundos. Protegiéndose con la capucha del abrigo de piel, introdujo las manos en el calentador de zorro negro. Penetró en el zaguán, precedida de las dos sombras. Fue entonces cuando la oscuridad se cubrió de una densidad casi palpable.

               La ceremonia había sido concebida por extraños pálpitos llegados del más allá. Venía acompañando al cadáver de su amante. Una relación clandestina que acabó trágicamente el día anterior. Murió de un pistoletazo a las afueras de San Petersburgo cuando se batía en duelo con el marido  ultrajado.

               Este desenlace venía precedido del ronco sonido del deseo; el mismo  que se había adueñado de los amantes con el refinamiento de un esteta y el desenfreno de una legión de ratas delante de carne fresca. Sus relaciones, llevadas al principio con un pudor controlado, se habían convertido  últimamente en pasión devoradora, desafiante. Ya toda la alta sociedad de San Petersburgo se complacía en denigrar sus nombres sin miramientos. La noticia, que al principio fue novedad palpitante, se había transformado en comentarios ridiculizantes, escabrosos, obscenos. No era preciso leer los sueltos de los periódicos: hasta la tinta transmitía el olor de la desgracia que se avecinaba.

               El apuesto militar del cuerpo de húsares de su Majestad Imperial se había propuesto fraguarse una leyenda amatoria canalla con adherencias de abolengo. Tendría que apartar sus actos de la normalidad. Escogió su presa entre lo más granado de la nobleza femenina con la avaricia y la meticulosidad de un coleccionista de sellos.  Sacó pecho como un mascarón de proa y fue directo al abordaje. Una bella mujer, arrogante, orgullosa, de férreos principios morales, conducta familiar intachable y una renta en rublos que desbordaba el Neva, había caído en su tela de araña. Ardientes palabras amatorias declamadas con la impostura del profesional, convirtieron su cerebro en una nube esponjosa. Para la conquista del cuerpo, como buen militar,  empleó el ataque a la bayoneta.

               Esto que, al principio, daba brío a sus ansias de seductor, con el paso del tiempo se había convertido en una provocación contra las más elementales normas sociales, estéticas y morales. Su vida terminó en un duelo protocolario, aplaudido por la masa hipócrita que antes exudaba admiración por sus excesos escabrosos. El orden se había restablecido. Pero, ante semejante golpe letal, la enamorada, que, a duras penas, mantenía el difícil equilibrio entre la crisis mental y la realidad,  sucumbió al vértigo de la locura.

               Ahora ella se encontraba frente a aquel ser sin palabras, huidizo, de rostro agrio, pero capaz de someterse a sus deseos.

               No hubo apenas explicaciones. Se negaba a desprenderse del cuerpo varonil que la había colmado de dicha y placer durante tres años. Su enajenación la había llevado a hurtar el cadáver del mausoleo, en complicidad con dos enterradores y el cochero. Se llevó las dos manos al corazón y con ademanes teatrales exhaló un suspiro que hizo revolotear el velo como ala de cuervo. Un olor penetrante rasgó el aire, atravesó las palabras y fue a alojarse en los senos nasales de la dama. Con un gesto de reprobación, clavó su mirada en el sordomudo. Se recogió los ropajes para evitar el lodo de la calleja. Salió a la noche. Había dejado un escrito en el que expresaba su deseo, acompañado por una bolsa llena de monedas de oro.

               Para poder cumplir el encargo, el taxidermista trabajó toda la noche con cuchillos, tijeras, escalpelos, cordelajes… También con formol, resinas, bálsamos, esencias orientales. De un antiquísimo libro extrajo fórmulas secretas, dogmas  de la brujería medieval. El samovar conservaba el agua hirviendo, consciente de la importancia de su función. Acordándose del rictus de desagrado de la dama al recibir los efluvios del taller, Vladimir untó el cuerpo del amante con manteca de cacao y ajonjolí; perfumó las lazadas de su corbatín con agua de violetas; limpió el frac de todo rastro de sangre. Por último, puso a buen recaudo la bolsa con el dinero. Cuando se disponía a abandonar la sala de operaciones, buscó entre las plantas de su tétrico invernadero. Dio por finalizada la tarea cuando colocó una camelia en el orificio que había utilizado la bala asesina para penetrar en su cuerpo. Dos ojos de cristal le miraban por debajo de la chistera: el difunto estrenaba vida.

                Hubiera necesitado más tiempo para completar su trabajo a satisfacción, pero ya escuchaba a lo lejos las rodadas de un carruaje y el piafar de los caballos.

               Vladimir, aquel buceador de vísceras,  vociferó en medio de su mutismo impostado: ¡Artificios! ¡Delirios! ¡Más allá de la vida, más acá de la muerte! 

                 Se había cumplido el anhelo de la trastornada dama.

               La luna dejaba escapar tenues rayos que lamían las paredes leprosas de la pocilga en la fría madrugada.  La mujer corrió presurosa hacia la entrada. El sordomudo esperaba en actitud de ceremoniosa reverencia. Del interior, adoptando el empaque de un falso galán de comedia, surgió el difunto. Avanzaba en línea recta, como los ciegos. Los hombros habían recobrado su altivez, pero el zumbido de las moscas a su alrededor y el hociqueo de sus pies por parte de los perros sarnosos de Vladimir, le impedían hace gala de cualquier tipo de  prestancia. Se adivinaba su postrer fracaso. Al llegar al zaguán se mimetizó con las sombras. Solo cuando estuvo seguro de reconocer a la dama, se desabotonó el frac, el chaleco, la camisa. Mostró la cicatriz que recorría el dorso de arriba abajo. El precipitado trabajo del sordomudo dejaba asomar por los rebordes de la herida, jirones de tela, paja prensada, tejidos agusanados, restos de órganos… y hasta pecados mortales; todo convertido en una maraña. Con un gesto impreciso se volvió hacia el interior de la casa. Conocía el camino. Sin dudarlo, se instaló entre dos buitres leonados y un oso estepario. Reliquias sin urna.

               Ahora la dama parecía no dar importancia a la aparición ni tampoco al hedor que desprendía aquel cuerpo. Se aproximó con paso lento y dolorido hasta caer rendida a los pies de su amado. Con un movimiento alterado, sacó del manguito su mano aferrada a una pequeña pistola. No dudó en llevársela a la sien derecha. Un disparo retumbó. Los cristales del sucio ventanal temblaron como pastel de gelatina. Exangüe, con un último aliento, se abrazó a sus amadas caderas de marioneta, apoyando su rostro en el sexo de serrín.

                Era la segunda vez que profanaba un lugar reservado a los muertos: esta vez con la determinación de quedarse para siempre.

               El samovar volvía a bullir en la sala contigua. El sonido de los cuchillos, tijeras, y escalpelos rompía nuevamente el silencio. Vladimir puso a buen recaudo una segunda bolsa repleta de rublos. Le esperaba una fatigosa tarea, esta vez sin premuras. Se tomaría todo el tiempo necesario para abrir de nuevo la puerta falsa a la inmortalidad.

TERROR 20.- LO COMPRENDO Y DESEO CONTINUAR, de Guillermo Moracia (España)

Mira como se ríe, la hija de la gran puta. Has conseguido alguno de tus sueños, se te nota en la cara. Te habrás casado con algún bobalicón retrasado y ahora eres una pija de esas que dirige museos o galerías de arte; te pasearás moviendo el culo, pisando fuerte y segura sobre unos zapatos caros, mostrando todas esas mierdas a paletos opositores a modernos. Tic, tac, tic, tac. No está mal para una hija de guardia civil. Joder, ¡qué asco! ¿Qué demonios es esto? ¿CAVA? Abrir enlace en una  pestaña nueva.

Centro Artístico Valle-Alto, dependiente de la Junta de ****. Nada más ni nada menos. A ver, el Centro. Click. Historia no, que me aburro. Equipo. Click. No me lo puedo creer, ¡si eres la directora! Una zorra de altos vuelos que se codea con los mandamases… Desde luego, qué suerte la tuya, no sabes ni hacer la ó con un canuto y ahí estás, encabezando el staff del sitio más guay en muchos kilómetros a la redonda. Tus padres estarán orgullosos, y también tu hermana. ¡Ay, tu hermana! Ella estaba mucho más buena que tú… ¡Ostia, qué risas! ¡Cómo te jodía! También la buscaré, pero de momento ella no es mi objetivo principal; seguro que encontraría razones de sobra para sacarle las tripas, al fin y al cabo, comparte tu sangre… Pero he de ceñirme al plan inicial, debo elaborar un esquema de trabajo minucioso, seguir las reglas que me he impuesto. Y tu hermana, cariño mío, no iba a nuestra clase.
A ver, que me estoy desviando del tema. Ya te tengo. ¿Qué exposiciones van a tener lugar en el CAVA próximamente? Voy a hacer más de trescientos kilómetros para ver la cara que pones cuando te introduzca dos palmos de acero en el estómago, y quiero que sea algo especial, que la visita me sirva también para ver algo interesante y aprovechar el fin de semana. No he estado nunca en ****, pero me han dicho que no es muy grande, que se puede ver en el día y que se come muy bien. Aquí, Exposiciones. Click. Into the Darkness. Del 2 de Febrero al 15 de Marzo. Me viene fatal, y al artista este, Joachim Szolle, no lo conoce ni su puta madre. No me convence. Esta tiene mejor pinta; ¿Qué hacen las actrices porno cuando no hacen porno? El reparto de una película para adultos desde una mirada diferente. Jonathan Franklin Dallas. Fotógrafo. Traducido al cristiano; las guarras pintándose las uñas y leyendo a Kafka mientras esperan el turno de ser folladas. ¡Ja, ja, lo que te decía! Ampliar imagen. Click. Ahí tienes a la gachí pensativa, sentada al borde de la cama, a punto de resolver la conjetura de Poincaré sin bragas, que tiene más mérito que lo del ruso ese. Seguro que la muestra es interesante, las fotos parecen buenas, intimistas, sin carnaza, pero tengo miedo de que me decepcione un poco y me deprima; una vez has visto como funciona el truco, la magia deja de serlo, se acaba. Del 20 al 30 de Marzo. Me la apunto.
Ahora estoy contigo de nuevo, cariño, un poco de paciencia. Primero tengo que dejar zanjada la cuestión instrumental de una vez por todas. Según tu perfil de Facebook, eres una experta en el barroco y en Caravaggio, escribes libros y eso. Una perita en dulce, chica, me planteas nuevos retos y yo lo agradezco. No sabes lo aburrida que es la gente normal; a tu antecesora, Minerva Gil Fernández, la que se sentaba detrás de mí y delante de ti, mi primera víctima, le tuve que asestar cincuenta vulgares puñaladas porque solo le gustaba cocinar. Por eso tú me motivas más; siempre creíste poseer algo que los demás no teníamos, un aura especial. Vamos a ver en esta página, seguro que encuentro alguna cosita que pueda satisfacernos a los dos. Marcadores. Click. Sharped Steel. The Ultimate Sword Company. Click. Abrir en una pestaña nueva. Click.
El asesinato tiene que sorprender a la vez que adaptarse a las circunstancias de cada uno, entroncar con el yo verdadero de la víctima, crear un vínculo con aquello que realmente ama. No hay nada más antiestético que morir durante una pelea tabernaria o acribillado a balazos en una acera. Eso no tiene personalidad. En general no me gustan  las armas de fuego, son instrumentos poco creativos; logran su cometido, es cierto, pero no te permiten disfrutarlo plenamente. Son como follar con preservativo. Trasladándolo al mundo laboral, un disparo en la cabeza equivaldría, en términos de excitación, a ocho horas de oficina, mientras que unas estocadas con un sable prusiano de 1852 podrían equipararse a ganar el Oscar ante un abarrotado y rendido Teatro Kodak. No sé si me explico. Products. Click. Sable napoleónico de 1830, espada china de guerra, sable de la caballería pesada estadounidense de 1860, espada vikinga, espada normanda, sable austríaco de 1902, shamshir… ¡Qué maravilla! Un momento… Aquí está, la encontré: espada larga italiana (1610 aproximadamente).Caravaggio llevaría una muy parecida a esta. Es ideal para ti, perfecta, aunque va a ser complicado transportarla; creo que no me dejarán acceder al CAVA con ella en la mano. En fin, ya puliré los pequeños detalles más adelante, cuando llegue el momento. Se me están ocurriendo un montón de cosas a raíz de todo esto. Estaría muy bien recrear algún cuadro del tipo este, Caravaggio, pero a mi estilo. Una reinterpretación. Abrir una pestaña nueva. Click. Google. Carabaggio. Intro. Quizás quisiste decir: Caravaggio. Click. Caravaggio- Wikipedia, la enciclopedia libre. Click.

Michelangelo Merisi da Caravaggio, nacido en Milán el, bla, bla, bla. Introducción, Biografía… La crucifixión de San Pedro; difícil aunque vistosa, seguro que te convertías en la reina del museo, colgada en la pared, desangrada boca abajo… La muerte de la virgen no tiene sentido con lo puta que eres, La flagelación de Cristo es demasiado típica, tampoco me interesa un homenaje a una cofradía… Aquí parece que comienza lo divertido: “…en Nápoles fue víctima de un intento de asesinato, por personas desconocidas. Primeramente hubo rumores en Roma acerca de «la muerte del famoso artista Caravaggio» y más tarde se supo que había salvado la vida, pero tuvo serias heridas que le desfiguraron el rostro. Al recuperarse realizó Salomé sostiene la cabeza de Juan el Bautista, mostrando su propia cabeza en el plato.” También pintó David con la cabeza de Goliat, y después Judith cortándole el pescuezo a Holofernes. ¡Qué obsesión con separar cabezas del cuerpo! Parece un rasgo característico del pintor, aunque claro, tú sabrás más que yo de eso. Pues sí, creo que ya lo tengo, amor. Te vas a quedar sin cabeza. Además me lo voy a currar, me apetece invertir un poco los papeles para ser más blasfemo si cabe; yo me pido una mezcla de Judith y Salomé, y tú serás la Bautista. ¡Y puedo disfrazarme! Un buen psicópata travestido, como Norman Bates. Ingredientes para una persona; una espada italiana del siglo XVII, una bandeja de plata (o un bol o recipiente amplio), un atuendo de campesina barroca y –esto lo pones tú- sesenta kilogramos de zorra. Y ya está. Otra más para mi blog. La nueva orla del instituto está quedando muy bien. Nueva pestaña. Click. Marcadores. Click. Inicio >>  NUEVA ORLA. Curso 1999 / 2000 >>. Click.

Todavía es una versión beta, un boceto. No lo tengo abierto al público y sólo puedo verlo yo; hasta que no termine mi obra no dejaré que nadie la admire. La pena es qué tendré que ponerle algún filtro de contenido para adultos; lo comprendo y deseo patatín, patatán. Número uno. Click. Minerva Gil Fernández. La verdad es que las fotos me quedaron un poco oscuras, podría retocarlas un poco más con PhotoShop. Cosas de las prisas. Te ves bien Minerva, pese a llevar ese chándal barato. Debí haberte dejado cambiarte de ropa, que te pusieras algo más elegante la noche de tu final, pero los desenlaces vitales son así, te pillan cuando te pillan, siempre tan injustos… Sería estupenda la existencia de una especie de –perdóname la broma- tiempo muerto para poder acicalarse un poco y marcharse de este mundo por la puerta grande, tener una salida digna. Esta foto quedó chula, con tu retrato de recién casada detrás; los buenos tiempos que te abandonaron rápidamente. He leído en la prensa que han arrestado a tu exmarido, al pobre hombre. Más vale que tenga una coartada convincente o creo que se va a comer un buen marrón porque, según tengo entendido, tu relación actual con él no debía ser muy amistosa que digamos. De ser un cabrón a ser un asesino hay un mundo, pero el ansia de venganza de la colectividad juega a mi favor. Lo peor de ser una víctima –aparte de palmar, claro- es que te conviertes en algo muy maleable. Todo el mundo quiere sacar tajada, los buitres se adjudican los muertos por las razones que convengan. Todos somos Fulanito. Es repugnante pero cierto, y a mí, para que vamos a engañarnos, me facilita mucho las cosas. A Minerva la ha matado su exmarido, un horrible asesino de mujeres, porque el cabrón no soportaba que ésta hubiera rehecho su vida; ya lo estoy viendo… ¡Ja, ja! A ver si en su justa demanda de explicaciones por la detención, suelta de paso un par de hostias a algún madero y se convierte en una persona muy violenta. Miel sobre hojuelas. Pues eso, aclarar y retocar las fotos de Minerva. ¿Qué pasa? Oh no. La maldita conexión. Esto pasa por robar Internet a los vecinos. Bueno, cariño, ya hemos adelantado bastante trabajo. En seguida nos volveremos a encontrar y te convertirás en la Número dos. ¡Las cinco de la mañana! ¡Cómo vuela el tiempo cuando estás en el ordenador! Madre mía…
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Caravaggio y la madre que lo parió…Cerrar pestaña. Click.

Italian Long Sword (1610 aprox.)… Cerrar pestaña. Click.

CAVA. ¿Qué hacen las actrices porno cuando no hacen porno? El reparto de una película para adultos desde una mirada diferente. Jonathan Franklin Dallas. Hombre, yo sé lo que hacen los actores porno cuando no hacen porno: ver porno. Cerrar pestaña. Click.

Facebook. Ingrid Rodríguez Fuentes. Directora del CAVA. Nos vemos, corazón mío. Cerrar pestaña. Click.

TERROR 19.- EL RETRATO SECRETO DE KOSTAN MARNO, de Chus Sánchez (España)

El laboratorio de la galería nacional de arte se encontraba desierto, pero Julia sabía con certeza que no estaba sola. Alguien que no podía ver, solo percibir, observaba su trabajo asomándose por detrás de sus hombros. En silencio, sin molestarla. Lejos de sentir temor o resultarle extraño, a ella le agradaba sin saber por qué el frío que siempre rodeaba la llegada de esa compañía invisible.
               Comenzó a experimentar el fenómeno en el instante en que eligió el autorretrato de Konstan Marno para restaurarlo. O quizá el cuadro la eligió a ella en cuanto se cruzaron los ojos de ambos. El lienzo la sedujo de forma irracional desde que lo contempló en la sala del Impresionismo. Había algo vivo y arrebatador en la faz del artista, y sobre todo, en sus pupilas. Era uno de esos retratos que persigue con la mirada al observador desde cualquier posición en la que se encuentre. Y si algo fascinaba a Julia era la leyenda que acompañaba a la obra de arte. Según se decía, aquel autorretrato fue el único testigo del asesinato del pintor, apuñalado mientras dormía por una de sus amantes. Nadie fue acusado del crimen, nunca se supo con certeza quién lo mató. Celos, infidelidades, promesas incumplidas…las sospechas apuntaban a varias mujeres sin que ninguna llegara a ser acusada.

                   Tras la muerte del creador, sus parientes vendieron el cuadro al propietario de un casino de París donde estuvo colgado durante décadas. Cuando el local cerró se perdió su pista, hasta que de forma inesperada, hacía unas semanas, un coleccionista particular lo donó a la galería de forma altruista. Solo alegó que estaba cansado de sentir frío.

                   Los ojos de Konstan Marno cautivaban a Julia. Por eso decidió saltarse algunas normas para limpiarlo y retocarlo. Quería estar más cerca del lienzo. Se inventó la excusa absurda de que la vida del cuadro, como la de su autor, había sufrido excesos de humo y hollín que se debían reparar con urgencia.

                  No era la única que se sentía acompañada en plena soledad. Pedro, el conserje que coincidía con ella durante en el turno de trabajo, llevaba semanas quejándose de la presencia de una sombra sin dueño desde la llegada del Konstan Marno a la galería. Sin embargo nadie, ni siquiera ella, había dado mucho crédito a esos comentarios por la avanzada edad del empleado y sus conocidos problemas de visión.

                  Una tarde más, Pedro saludó a Julia levantando la cabeza al atravesar el laboratorio. Llevaba entre las manos una cámara de seguridad. Iba dispuesto a cazar la sombra cambiando los focos de posición. Ella respondió al saludo con una sonrisa y un segundo después volvió a sumergirse en su labor.

                   La atracción que ella sentía empezaba a ser irreal hasta tal punto que acarició con extrema suavidad el rostro de Konstan Marno con la yema de los dedos. Respiró con profundidad y él le devolvió la mirada. Era un momento de seducción imposible entre los dos que se repetía con frecuencia. Humedeció en una solución química un hisopo de algodón para retirar algo del hollín acumulado en la superficie. Brotó en los labios de ella una coqueta sonrisa al frotar sobre las pupilas de Marno. Y de repente el frío. Siempre ocurría lo mismo. Cuando entraba en contacto con el lienzo un helor le recorría el cuerpo y la obligaba a trabajar con el abrigo puesto. 

                 Un escalofrío sacudió la espalda de Julia al frotar de nuevo el retrato y mirar con precisión su interior. Dentro de los ojos de Konstan Marno había algo más, una forma que no se podía apreciar a simple vista. Trató de acercarse con la lupa al microcosmos que contenía la mirada. La imagen dilatada no dejaba lugar a dudas, quizá se trataba de otro retrato, uno borroso que era imposible definir. Impactada por su descubrimiento trató de desentrañar el misterio recurriendo a la fotografía, ampliando una y otra vez el contenido.

                 Sus dedos temblaron cuando la pantalla de su ordenador proyectó ante ella una silueta femenina con un puñal. En ese momento la temperatura del laboratorio había disminuido tanto que le castañeaban los dientes y no podía dejar de tiritar. Aun así, no comprendía cómo podía haberse plasmado ese cuadro dentro del cuadro, un rostro en blanco y negro, aunque sus facciones, el cabello, el vestido y el puñal se distinguían bien.

                 Con la tela bajo un microscopio captó algo más: en ese punto milimétrico de la niña de sus ojos, no había pintura. Era un instante y un rostro capturado por el misterio, sin respuesta científica.

                 Sobrecogida por lo que aún estaba observando a través del microscopio, entró de nuevo el conserje. Esta vez llegó abatido, sin atreverse a sobrepasar el umbral.

              –Julia, la sombra está aquí, a tu lado. La he visto a través de la cámara de seguridad. El termómetro que hay junto a la puerta marca que la temperatura ha bajado varios grados, pero solo aquí, dentro del laboratorio. Acabo de comprobarlo.

                 Ella levantó la cabeza y entornó los ojos. Pudo sentir muy cerca de su cuello esa sombra de la que hablaba Pedro. Y a la vez el frío, era casi como un abrazo. Lejos de darle miedo le resultaba apacible y acogedor.

                –Sí, está aquí…a mi lado…es Konstan Marno…me necesitaba…y acabo de resolver su crimen. No sé aún su nombre, pero el rostro de la mujer que le apuñaló está en sus ojos.

                Julia levantó el lienzo y se lo mostró a su compañero señalando las pupilas  con el dedo índice.

                El empleado dio un paso atrás impulsado por el terror cuando la mirada de ambos se encontró. Presintió que lo que contemplaba no era un retrato al óleo. Era el alma de Konstan Marno atrapada en el lienzo.

TERROR 18.- -13-, de Alejandra Parejo (Venezuela)

Un viento frío le revuelve los rizos en el preciso instante en que se le acerca: ‘’Hola. Me anoté para la visita guiada. ¿Eres tú el guía? Es que veo otros grupos…’’ y deja la frase en el aire. Él la observa: el viento, ahora más frío, juega con los rizos de la chica; los ojos, aunque oscuros, tienen un brillo especial; los labios finos y delicados esbozan una sonrisa tímida. ‘’Soy el guía, sí, pero te puedes unir a cualquier grupo. Si gustas, quédate en este’’. La chica asiente delicadamente y se les une.
El guía se presenta y cuenta a los participantes: 13 en total. El recorrido por el gran caserón de fines del siglo 18 empieza entonces por la planta baja. ‘’Este edificio se construyó como vivienda familiar…’’. El chico va narrando, como tantas otras veces, la historia del lugar. De vez en vez observa a la muchacha, que ahora le parece más bonita que al principio. La recorre con la vista a ráfagas. No quiere mostrarse interesado y tampoco quiere distraerse. Al término de la visita, ¿tal vez un café?

‘’Detallen las columnas y los ornamentos de las mismas’’ continúa. Mientras recita su parlamento arquitectónico, el guía observa cada vez más detenidamente a la chica y nota nuevas características en ella: las facciones, que al principio le parecieron delicadas, se muestran ahora duras y decididas; las manos, que le parecieron pequeñas, son en realidad manos de dedos largos; el cabello, que le pareció larguísimo, le llega solo a los hombros. Constata que le sigue pareciendo bonita. Mucho. Muy bonita. Una suerte de belleza de otra época, que no exótica. Concluye, al tiempo que la visita a la planta baja, que esa chica es de otra época y vuelven de nuevo las ganas de invitarla a tomar algo cuando finalice el recorrido.

‘’Vayamos entonces al primer piso, pero hagámoslo por las escaleras. Noten que el pasamanos está todo trabajado en hierro forjado…’’ y continúa con la historia, solo que esta vez no sube de primero como siempre lo ha hecho, sino que se queda de último para escoltar a la chica. Todos suben lentamente. La muchacha va de último, más lenta que el resto. Roza con sus largos dedos uno de los tantos diseños de hierro del pasamanos. ‘’¿Te parecen bonitos?’’, le pregunta el guía. La chica lo mira, sonríe a medias y asiente delicadamente.

Una vez en el primer piso, el guía se ubica en medio del grupo y les indica que deben mirar hacia arriba, donde está el gran rosetón de vitrales de colores que es un espectáculo los días de sol. Todos miran extasiados el diseño y comentan la magnificencia del trabajo. El guía aprovecha para contarlos a todos de nuevo. 12 esta vez. Falta la chica. ‘’Tal vez esté en el pasillo o en el baño’’ piensa. ‘’Que raro. Hace un segundo estaba aquí’’. Responde mecánicamente un par de preguntas de los asistentes y les indica sin ganas la próxima parte del recorrido.

‘’Entremos en el que era el salón principal’’ y va explicando las piezas del mobiliario, los diferentes usos que fue teniendo el salón a lo largo de los tiempos, qué personalidades concurrían. Deja que el grupo vague un rato y con disimulo se dirige a la entrada para buscar a la muchacha. Camina por el pasillo, abre un par de salones pequeños e incluso se toma el atrevimiento de asomarse en el baño de mujeres. Nada. Nadie.

Regresa al salón y ve a la chica parada frente al gran ventanal. ‘’¿Por dónde pasó?’’ piensa intrigado. La muchacha nota la mirada azul del guía y se da la vuelta. Esta vez le sonríe por completo. Él, asombrado, le devuelve la sonrisa y se le acerca. ‘’Pensé que te habías perdido’’ le dice en voz baja. ‘’Siempre estuve aquí’’ le responde ella en el mismo tono. Cuando iba a preguntarle dónde se había metido, algunos se le acercan para comentarle sus impresiones del lugar y aclarar las dudas típicas de todo turista y lo apartan de la chica. El guía sonríe, más por educación que por gusto, y pacientemente responde una a una las preguntas.
Pasados varios minutos, informa que la visita está por finalizar y que deben dirigirse al salón de juegos, última parada del recorrido. Aguarda a que todos salgan y vuelve a contarlos: 12. Falta nuevamente la chica. Regresa sobre sus pasos y recorre con rapidez el gran salón. No hay nadie. ‘’¡Que manera de perderse!’’ piensa, un tanto desconcertado. Se dirige al salón de juegos en cuya puerta está el grupo esperándolo. Los hace pasar y les cuenta a grandes rasgos lo que están viendo. Necesita desembarazarse ya de todos y volver a buscar a la muchacha; sin embargo, no lo logra. La gente le hace preguntas, le habla, le comenta y no tiene otra salida que contestarles.

Se resigna: la chica se escabulló y no tendrá manera de contactarla nuevamente. Da entonces por terminada la visita antes de lo previsto y se las arregla para sacar rápidamente al grupo del lugar. Está fastidiado. La desaparición repentina de la chica lo alteró un poco. Tenía ganas de hablarle, de saber su nombre, saciar su curiosidad.

Recibe las gracias del grupo, algunos aplausos, lo mismo de tantas otras veces. Justo cuando va a descender por la escalera, divisa a la chica que está sentada al principio de la misma. Tiene que contenerse para no bajar corriendo y hablarle, pedirle unos minutos, invitarla a tomar algo.
La alcanza y las palabras le salen como una metralla: ‘’¡Ey! Estás aquí. ¿No te gustó la visita? ¿Me esperarías unos segundos mientras termino con el grupo y vuelvo contigo? Me gustaría saber tus impresiones sobre el recorrido’’ y le sonríe esperanzado. La muchacha lo observa y asiente delicadamente con la cabeza.

El chico acompaña al grupo a la salida y no les da tregua para las últimas preguntas: ‘’Gente, la visita terminó. Gracias por venir’’ y se escabulle lo más rápido que puede. Se dirige a las escaleras, pero de repente oye que lo llaman: ‘’¡Jordi! ¡Ven a llenar los papeles de la visita de hoy, que después te olvidas!’’. ‘’En un rato, en un rato’’ responde enérgico, casi malhumorado. La voz insiste, en un tono ya de mandato: ‘’¡Ahora Jordi! ¡Que estoy por cerrar las actividades de hoy. ¡Son solo cinco minutos, hombre!’’. El guía bufa y cambia el rumbo. Ya en la secretaría, llena lo más rápido que puede los papeles de siempre y los entrega.

El encargado da una rápida ojeada. ‘’¿13 personas? Tenías 12 anotadas, como siempre’’, le dice. ‘’Una chica, que me está esperando en las escaleras, llegó tarde’’ explica impaciente. ‘’¡Imposible! Todos pasan primero por aquí y ahí decidimos si los dejamos pasar o no. Es verdaderamente imposible que se te haya presentado y si así fue, tenías que avisarnos antes de continuar con la visita. ¿Acaso no recuerdas las reglas?’’. El chico bufa de nuevo y ya visiblemente molesto explica de nuevo la situación. Termina con un ‘’me tengo que ir’’ airado y duro.

Corre hasta las escaleras. La chica ya no está. Recorre todos los salones del caserón, los patios, los baños, los jardines. No le queda ningún sitio por revisar. Vuelve a la secretaría y exige ver las cámaras de seguridad. ‘’Te digo que esta chica está jugando a las escondidas. Estaba en las escaleras y ya no está y tampoco en todo el edificio’’ dice. ‘’¡Pero te volviste loco de repente!’’ responde impresionado el encargado. El chico insiste tanto que al cabo de unos minutos, le dejan ver las grabaciones. Desde las 17:00 hasta las 17:55, hora en que baja con su grupo, no hay nadie en las escaleras. ‘’Te lo dije’’, dice el encargado. ‘’¡Te estás volviendo loco, loco, loco! No hubo nunca nadie ahí, en ningún momento. ¡Te volviste loco! ¡Vámonos ya!’’.



El encargado casi saca a rastras al muchacho. Al cerrar el caserón, el guía se queda parado, totalmente descentrado, enfrente de la imponente estructura. ‘’No estoy loco’’ dice en voz alta. ‘’¡Estás ahí!’’ y el eco de su grito se cuela por toda la vieja casa. Desde el primer piso y parada en la ventana, casi oculta entre las sombras de la tarde, está la chica. Escucha las palabras del guía y sin sonreír, asiente delicadamente con la cabeza.

terror 17.- Y él me espera, de Santiago Bergantinhos (España)

Supe que mi hermano pequeño había muerto horas antes de que la policía localizase a mis padres y ellos me llamasen por teléfono a mi piso de estudiante para comunicarme la triste noticia. 

 –Tu hermano ha muerto –me dijo mi padre con voz ahogada. 

 Y yo reaccioné como se supone que debía hacer un hijo al que su padre le cuenta que su hermano al que apenas sacaba un año de edad había dejado este mundo. ¿Cómo podría explicarle que, horas antes, sentado en mi habitación estudiando, levanté la cabeza del libro y sin saber por qué giré la silla hasta ponerme de espaldas a la mesa y lo vi frente a mí, primero sorprendido porque hubiese podido entrar, luego extrañado de la expresión triste y vacía de su rostro exangüe que parecía mirarme sin verme, perdido en un silencio extraño y pesado, de pie en medio de mi habitación, con la herida de su vientre manando los últimos borbotones de sangre que quedaban en su cuerpo? 

 Lo llamé por su nombre, le dije cosas que ya no recuerdo, pero no contestó, ni se movió, y la sangre, que no dejaba de manar, incomprensiblemente parecía no terminar de empapar sus ropas, ni goteaba hasta el suelo. Una de las veces que parpadeé ya no lo vi más, y poco después me llamó mi padre para decirme lo que yo ya sabía. 

 No dije nada a nadie, y vestido con un traje negro, el primero que tuve en mi vida, acompañé a mis desconsolados padres al funeral y al entierro de mi hermano muerto, y con otros familiares porté a hombros el féretro y con los demás lo vi desaparecer bajo tierra. Mi hermano, mi compañero de tantas travesuras de pequeños, era reclamado por la misma tierra sobre la que tantas veces jugamos y reímos juntos. Al alejarnos de la tumba que iba a rellenarse de tierra unos momentos después dirigí mi mirada al lugar que la familia visitaría al menos una vez todos los años, y volví a verlo, vestido con las mismas ropas, contemplando el que iba a ser su último lugar en el mundo. Y después me miró a mí, y volví a ver su mirada inexpresiva, de muerto, y la herida del vientre de la que seguía brotando sangre lentamente. 

 Nunca encontraron al asesino o asesinos de mi hermano. Sus amigos lo perdieron un momento de vista en el pub en el que estaban tomando unas copas, y por alguna razón salió, algo que nunca sabremos ocurrió en el callejón de al lado y terminó tendido en el suelo, incapaz de pedir ayuda y esperando a morir desangrado. Los que por fin lo atendieron apenas si pudieron asistir a sus últimos segundos de vida, lo vieron parpadear varias veces con unos ojos sin luz, y sus labios se movieron sin decir nada. Murió a las diez de la noche según el parte médico, justo el momento en el que lo vi en mi habitación. A partir de ahí intenté atar cabos, y durante años estuve obsesionado con la idea de que me visitaba para darme alguna pista de quién lo había matado, y que así yo pudiese hacer que lo detuvieran. Pero en todas sus visitas ocurría lo mismo, no más que una mirada perdida y un silencio de ultratumba en sus labios. Estaba muerto, venía a verme aleatoriamente, sin ningún patrón que yo pudiese descubrir, y no sabía por qué. No sé qué era peor: si recibir las visitas, que en realidad nunca me turbaron lo más mínimo, o no saber por qué venía a verme. ¿Nostalgia de los vivos? ¿Incapacidad para acceder al lugar al que tuviera que irse? 

 Pasaron los años y la foto en la mesilla de mis padres se quedó congelada en esa mirada limpia y esa sonrisa llena de esperanza que se tienen a los diecinueve años. Mi hermano pequeño se convirtió primero en uno más de los jóvenes que veía por la calle y que ya no me consideraban uno de los suyos, y aunque la distancia creció entre nosotros en el tiempo siguió visitándome, a veces todos los días una semana, otras perdido no se sabe dónde por un mes entero, o dos. Intenté saber si mi padre o mi madre recibían las mismas visitas que yo, pero cuando les dije que a veces me parecía verlo delante de mí como si fuese real mi madre me dijo que ella también pensaba en él todos los días, a todas horas. Los días de su cumpleaños no es que hiciésemos una fiesta, pero si podía visitaba a mis padres para comer con ellos, o como mínimo los llamaba por teléfono si no podía ir. Y cada uno de esos días pensaba la edad que tendría mi hermano de no haberse cercenado así su vida. 

 El día de mi boda esperé verlo en la ceremonia, o al menos en el banquete, pero no apareció. No sé si fue porque no le tocaba, porque no quería interrumpir un día tan especial o sencillamente... no sé. Yo lo eché de menos, sobre todo porque pensé que quien lo mató no sólo lo había privado a él de su vida, sino que nos había privado a todos los demás de su presencia en las nuestras. Lo eché de menos en la despedida de soltero en la que debimos haber acabado como cubas los dos, y lo eché de menos como mi padrino, aunque el primo Miguel fue un buen substituto. Desde ese día reconstruí en mi memoria los momentos en los que debería haber estado a mi lado, las comidas de domingo en casa de nuestros padres, me imaginé las fotos en las que los dos habríamos salido juntos y que completarían aquellas que se truncaron cuando él no había llegado a los veinte, y me lo imaginaba en fiestas y reuniones a mi lado, los dos tan parecidos como siempre nos decía la familia, uno una versión ligeramente distinta del otro. 

 Pero en sus apariciones seguía teniendo ante mí la misma edad en la que se acabó su vida para él y para todos, y nunca dejaba de manar la sangre de su herida igual que nuestras vidas seguían fluyendo por el cauce del tiempo hasta el momento en el que todos iríamos uno a uno al encuentro de mi hermano. Cuando mi madre murió inesperadamente, además del dolor por su pérdida, sentí por un lado la esperanza de que ella se lo llevase, y por otro lado un ligero temor de que a partir de entonces fuesen dos las imágenes ante mis ojos. No pasó ni una cosa ni la otra. Lo vi, como siempre, en el entierro de nuestra madre, y aunque sé que lo más seguro es que fuese sugestión mía, creí ver si cabe mayor tristeza en sus ojos fríos y sin vida, de pie justo al borde mismo de la fosa al lado de la suya. Al día siguiente visité la tumba a ver si todo estaba conforme a lo acordado con la funeraria, y allí seguía mirando las dos lápidas. Tardó varios meses en volver a visitarme, y aunque hubiese sido absurdo preguntárselo y tampoco me hubiese contestado, supe dónde había estado todo ese tiempo. 

 Tampoco lo vi en el bautizo de mi primogénito, pero a los pocos días, cuando fui a ver si dormía bien y todo estaba en orden, lo encontré al lado de su cuna, observándolo impasible. 

 –Le hemos puesto tu nombre. 

 Llegué a pensar una cosa tras otra, e incluso que el de mi hermano era mi espíritu tutelar, que me protegía. Pero no me dio ninguna señal especial cuando me caí por unas escaleras y me rompí una pierna, ni cuando casi me arruino por culpa de una mala jugada financiera. Mis hijos crecieron sanos y después de un par de pequeñas crisis en mi matrimonio todo se volvió cómodamente rutinario, como las visitas del espíritu de mi hermano muerto, de las que nunca dije nada y con las que nunca consulté con nadie. Mi familia siempre admiró la devoción que sentí por él y el continuo recuerdo de su memoria, la foto en un lugar preferente junto a mis abuelos y mi madre. Cuando murió mi padre vencido por la edad y la ausencia heredé los álbumes familiares, y repasándolos intercalaba las fotos que nunca existieron, las de las cenas de Navidad todos juntos, la de los dos con la corbata atada en la frente y un puro en la boca celebrando el nacimiento de uno de mis hijos, y tantas otras más. Repasando los recuerdos familiares me detuve en aquéllas en las que aparecíamos los cuatro, rodeados a veces por otros familiares también ausentes, y me di cuenta de que sólo yo sobrevivía, un nuevo núcleo con mi esposa de una nueva generación protagonista de nuevos momentos congelados en el papel. 

 La vida continuó, pasaron los años y nunca mi hermano muerto dejó de visitarme y acompañarme en buenos y malos momentos. A veces mi mujer se daba cuenta de que me quedaba mirando al vacío, a algo que sólo yo podía ver, e interrumpía mi cruce de miradas con la muerte por medio de una broma o una palmada, tras la que al volver los ojos a donde él estaba, ya había desaparecido, sólo para regresar quién sabía cuándo. 

 Un día recordé uno de los veranos que pasamos en el pueblo de nuestros abuelos, y cómo un día en la piscina sorprendí a mi hermano, que entonces tendría nueve o diez años, parpadeando rápidamente, intentando hacerlo cada vez a mayor velocidad. Cuando le pregunté por qué lo hacía me respondió que intentaba hacerlo justo a veinticuatro parpadeos por segundo, y cuando le volví a preguntar por qué me respondió que así sería como ver una película, y todo sería tan chulo como en el cine. Al día siguiente le hice la misma broma a mi hijo que lleva su nombre y se rió conmigo muy a gusto mientras lo estrujaba entre mis brazos, y eso mismo recordé haberle dicho cuando mi hijo, hecho ya un hombre, me apretó entre los suyos el día que le recordé que cumplía tantos años como el tío al que nunca conoció, al que tanto se parecía, y del que llevaba su nombre. 

 Envejecí a la vez que la muerte preservaba la imagen de mi hermano en el frío cristal de la memoria de los que lo habían conocido hacía ya tanto tiempo, y en la visión que de vez en cuando me observaba impasible ante cualquier llamamiento que le hiciese. Mi esposa murió, y mis hijos me fueron dejando solo en una casa llena de recuerdos y un fantasma, sin nada que hacer que llenar las horas con la memoria de los que se fueron y las pocas aficiones que me permitieron una vida llena de trabajos. Cuando la pequeña se fue de casa le dolió abandonarme pero le dije que eso era lo normal y no me apené por ello, y como sólo se mudó al barrio vecino con su esposo raro era el día que no me aparecían por casa, o que yo me dejaba caer por la suya para ver a mis nietos, y pocos años después los pequeños de uno u otro se acercaban para pasar el rato, saquear mi biblioteca o mis películas, o sencillamente esperar merendando a que pasasen a recogerlos, cuando no se quedaban conmigo todo el fin de semana para que sus padres se fuesen tranquilamente por ahí, encantados mis nietos bajo el poco poder que sobre ellos ejercía un abuelo consentidor con la cartera dispuesta a concederles cualquier capricho. 

 –¿Qué es lo que miras, abuelo? –me preguntó mi pequeña nieta cuando tenía siete años, mirando a donde yo miraba al darse cuenta de que había dejado de ver con ella sus dibujos animados favoritos. 

 –¿Tu padre te contó que yo tenía un hermano que murió muy joven, y que por él le pusimos su nombre? 

 Ella asintió con su cabecita y sonrió. 

 –Sí. Se parecía mucho a él. Era muy guapo. 

 –Sí... era muy guapo. Pues desde que murió yo lo veo a veces, a mi lado. 

 Volvió a mirar a donde yo estaba mirando, con los ojos muy abiertos. 

 –¿Y no te da miedo? 

 –No. Es mi hermano. 

 –¿Y por qué lo ves? 

 –No lo sé, cariño. No lo sé. 

 –A lo mejor... 

 –¿Qué? ¿A lo mejor qué? 

 –A lo mejor... te está esperando. 

 Ese día por la noche me llamó mi hijo. No estaba enfadado conmigo porque yo le hubiese contado a su pequeña una historia de fantasmas, pero le preocupaba que yo no me sintiese bien. Lo tranquilicé y le dije que no se preocupara, que sólo eran tonterías de un viejo que ya está más cerca de los muertos que de los vivos. Me prometió que pasaría a verme al día siguiente por la tarde, para charlar un rato. Le dije que sí, y me fui a dormir, cerrando todas las puertas de la casa tras de mí, dejándolo todo ordenado, como fui dejando atrás todas las cosas de mi vida y a todos los que conocí, y como sé que tengo que dejar atrás la vida misma que se me agota y que ahora siento que se me apaga, tumbado en la penumbra de una habitación en la que mañana me encontrarán sin vida, y en la que ahora contemplo por última vez la figura de mi hermano muerto que desde los pies de la cama me observa con una mirada inexpresiva y sin vida, manando sangre de la herida del vientre pero sin llegar nunca a empaparle las ropas, sin gotear inexplicablemente al suelo. 

 ¿Me has esperado todos estos años? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Por fin me hablarás y me dirás a dónde iremos? ¿Me tomarás de la mano y la sostendrás en mi último momento, como yo no pude hacer contigo mientras te extinguías? Pero no pasó nada de eso, y seguí en la penumbra, un moribundo sosteniendo la mirada de un muerto, hasta que sentí que se apuraba mi aliento y mi corazón cesaba de latir, y en ausencia de su sonido, que me acompaña desde antes incluso del despertar del nacimiento, escuché el silencio por primera vez en ese momento que me arrancaba de la vida para precipitarme en el reino infinito de la muerte, y a él superponerse un rumor lejano. En ese momento recordé muchas cosas, demasiadas para un solo momento, y me asaltaron imágenes irreales, de cosas y situaciones olvidadas hace mucho tiempo ya. 

 Recordé una de las pocas conversaciones de adulto que tuve con mi hermano, apenas unos días antes de su muerte, y lo que me dijo: que no había que tener miedo a la muerte, en todo caso a la no vida antes de la muerte, y que igual que no debemos sentir temor ante el no ser de antes de la vida del que surgimos sin saber por qué, ni para qué, no deberíamos sentir inquietud alguna ante el no ser de después de la vida, igual de largo e igual de frío e inhóspito. Yo le respondí que eso era muy cierto, y en ese momento me asaltó un pensamiento que por un momento dudé si compartir con él o no, aunque al final lo hice. 

 Pero antes de nacer no hay conciencia que sepa que nace, le dije. Al morir sí puede haber conciencia que sabe que muere. Los que mueren por un ataque fulminante, o durmiendo, no, y tampoco los que mueren en una explosión que los volatiliza saben al llegar el momento de la muerte que van a morir. ¿Pero y si se da uno cuenta de que se muere y nota la llegada de la nada, que la conciencia se extingue y el soporte material de lo que es el alma se disgrega? ¿Qué ocurriría si, como dicen algunos pensadores, el tiempo no es más que una ilusión, una creación de la mente, y que al morir se desmorona y ésta se queda atrapada en el momento final de esa ficción, y a la vez en el horror de saberse vacuidad y que todo acaba, y que no hay más sensación que no tener sensación alguna, que todo fue por y para nada, atrapado en un silencio sin fin, en una agonía infinita de la conciencia atrapada en un no ser hueco y sin palabras? 

 Mi hermano se me quedó mirando con una extraña media sonrisa, que substituyó por una mirada triste y vacía antes de disolverla en una sonora carcajada. Se levantó de su silla, intentó darme una colleja que yo esquivé y dijo: 

 –¡Qué chungo, ¿no?! Bueno, mejor no pensar en esas cosas. Menos mal que el jueves tengo festorro con los amigos y se me irán ésas y otras penas. 

 Ahora lo siento, mi ser que sin esperanza intenta aferrarse a cualquier cosa, a lo que sea por no desvanecerse y sucumbir a lo que no era sino su lógico fin, no por menos deseado inevitable, y oigo el rumor que todo lo acalla, y la mirada desesperada de mi hermano ahora que por fin separa los labios como si al fin fuera a decirme algo, él que permaneció incapaz de decir nada a solas en ese callejón mientras sentía que gota a gota se le escapaba la vida que no llegaría a disfrutar plenamente, y que me ha estado esperando segundo a segundo para decirme que yo tenía razón y todo se acaba menos la conciencia agarrándose enloquecida a la ficción del tiempo que se congela en un grito monocorde y terrible que oigo escapar de su boca para que yo pueda por siempre aullar con él y unirme a su cólera.