EL ASALTO Y LA VENGANZA DE JUAN PATRICIO LOMBERA

Ya está a punto de salir a la venta mi libro El asalto y la venganza. Aqui les dejo la portada y uno de los relatos de adelanto.Por lo pronto pueden descargarse las primeras páginas y comprarlo en http://www.edicionesirreverentes.com/narrativa/AsaltoLombera.html.


REFLEXIONES EN HORAS DE TRABAJO
    Cómo me molestan estos clientes desconsiderados que llegan a sus citas a la hora que les da la gana, sin pensar que los demás también tenemos cosas que hacer. Yo, por ejemplo, le prometí a mi hijo que asistiría a su representación navideña en el colegio, donde hace de oveja. Pero si este cabrón se demora, ya estuvo que tendré que llamar a casa y decepcionarlo una vez más. Después vendrán las caras largas de mi esposa que no entiende que en las circunstancias actuales, no se puede rechazar un trabajo de última hora. Y aquí estoy pasando frío en esta azotea, para arreglar unas diminutas goteras indignas de mis servicios. Claro que como están las cosas, no me puedo quejar. Con la dichosa apertura de fronteras, el sector se ha llenado de incompetentes que tiran los precios y hacen cualquier chapuzilla.
    Por una parte, están los del bloque del este a los cuales hay que repetirles veinte veces las cosas para estar seguros de que tienen claro su cometido. Ellos siempre te responden con frialdad profesional. Pero cuando entran en acción, te das cuenta de que no se han enterado de nada y hay que volver a hacer el trabajo. Luego están los sudamericanos, principalmente los colombianos, que manejan los mejores precios del sector, pero hay que ver los sucios que son trabajando. Además resultan insoportables sus fanfarronadas y aires de machos. ¡Vamos! Hacen cada batiburrillo que al final sale peor el remedio que la enfermedad y la filtración se convierte en fuga. Finalmente, quedan los orientales que son un remix de los cuales
mejor ni hablar. Es difícil comunicarse con ellos y carecen de profesionalidad.
    Somos pocos los que quedamos de la vieja escuela. Discretos, pulcros y formales. Y sí, es cierto, cobramos más que la competencia, pero el trabajo final lo vale. Por fin llega mi cliente en su elegante coche. Cuando esté en el edificio de en frente a punto de dar su discurso ante la junta de accionistas, jalaré del gatillo. A este desgraciado lo voy a desfigurar por haberme hecho esperar. Aún así, por fortuna, creo que podré mantener mi palabra con mi hijo y verlo actuar en el aula del colegio.