Relato de David Skinner. Sacrificio

–Buenos días.
–Buenos días, Alfredo –respondo. El guardia de seguridad comprueba mi acreditación sin mucho afán, acostumbrado como está a verme entrar en la sede del partido.
Aunque, en realidad, es la primera vez que nos encontramos.
Yo lo sé, claro; a fin de cuentas, no es él quién ha pasado por una cirugía para modificar su rostro. Mi maletín no es comprobado, y yo paso sin ninguna eventualidad por el arco magnético. Ya no hay marcha atrás.
Un par de personas me saludan de camino al ascensor. Las ignoro. Mi mente está absorta por la tarea que debo realizar, y ni siquiera me doy cuenta de que comienzo a apretar cada vez más fuerte el asa del maletín.
En el interior del elevador, mientras las puertas se cierran –dejándome en una agradable soledad–, me apoyo contra uno de los espejos y tomo aire con fuerza. Solo dos plantas. Sólo dos plantas. El sonido de una campanilla marca mi llegada. Las puertas metálicas se separan, mostrándome mi destino de la misma forma que lo haría una bola de cristal. Mi destino… y el suyo. Se encuentra ante su despacho, hablando con la secretaria. Paula, creo que es su nombre. Da igual.
–¡Hombre, José Ignacio! –me dice, al verme–. No esperaba que hoy pasaras por aquí. ¿Va todo bien?
No respondo. Dejo el maletín en el suelo y, tras abrirlo y sacar el arma de su interior, me dispongo a cumplir con mi objetivo.
–No estamos satisfechos –digo, lo bastante alto como para que Paula, o como se llame, lo escuche. Nuestra consigna. La frase que ha acompañado al movimiento desde su creación, y que ahora marcará un nuevo hito.
Disparo a su cabeza. La chica grita, se escucha el correr de decenas de personas, los fuertes pasos que
suben por las escaleras de emergencia.
–¡No estamos satisfechos! –grito con todas mis fuerzas.
Al menos cuatro guardias uniformados irrumpen en el lugar, pistolas en mano. No gritan un “alto”; tan solo apuntan y aprietan el gatillo. Intento que el dolor sea más tolerable pensando en lo que acabo de hacer. Pensando en lo que va a ocurrir a partir de ahora. 

Luego, fundido en negro.