Entrevista a Antonio Velasco Garrido, autor de "Historia de España escrita para mis nietos"

— Acaba de publicar en la editorial Cuadernos del Laberinto "Historia de España escrita para mis nietos", un recorrido por los acontecimientos y personajes de la historia de nuestra nación. ¿Por qué va destinada a los nietos, es que opina que actualmente se enseña mal esta asignatura en las escuelas?
— Bueno, en realidad el libro va dirigido no solo a mis ocho nietos sino a todos los nietos de España, tal como reza en la dedicatoria. Y, para ser más exactos, diríamos que también va dirigido a todos los mayores que tengan interés en adentrarse más en la historia de España para explicársela a los menores, ya que en los colegios apenas se hace.

El problema surge cuando en esta España actual en la que parece haberse perdido el norte, la enseñanza de las nuevas técnicas ha ido reduciendo el campo de otras materias, como la geografía, historia, etcétera, bien aprovechada esta circunstancia por los nacionalismos identitarios para avanzar en sus apetencias separatistas. En este sentido resulta evidente el error del gobierno central al dejar en manos de las comunidades autónomas, al menos en algunas de ellas, la responsabilidad en estas materias.

— Actualmente se está viviendo una gran polémica con la cuestión de la enseñanza y las competencias de cada comunidad en este campo ya que se establecen unos contenidos y un tipo de enseñanza de la historia dependiendo de cada área geográfica. Esta incongruencia está provocando una especie de "Historia de España a la carta". ¿Cuáles cree que son las consecuencias de este tipo de magisterio?
— Esa posible "Historia de España a la carta" en que cada cuál la explica a modo y manera de lo que le conviene sin el respeto debido a la verdad objetiva, en nada va ayudar a la lucha contra los nacionalismos exacerbados, porque todos los que estamos acostumbrados a escribir sabemos las mil maneras en que pueden explicarse las cosas. Dejar episodios sin tratar o elevar el rango de aquellos otros que interesan más son actitudes cada día más frecuentes. Incluso el sentido que se le dé a una palabra puede provocar en el joven alumno una percepción distorsionada de lo que se le enseña. Evitar llamar a España por su nombre o a lo que está más allá del Ebro Península Ibérica pueden ser ejemplos de lo que queremos decir.
Sin ir más lejos hace unos días leí en un periódico de gran difusión de Barcelona un trabajo de un conocido historiador sobre las desventuras del conde de Urgell en su fallido levantamiento contra Fernando de Antequera, que había sido elegido rey de la Corona de Aragón en el Compromiso de Caspe de 1412. El historiador explica con detalle la dureza de Fernando de Antequera que mantuvo al conde de Urgell recluido por vida en el castillo de Jativa.

Al artículo titulado "Seis siglos de hegemonía castellana", bien documentado y ameno, sólo le faltó a mi entender recordar a los separatistas de hoy que la entronización de la Casa de Castilla en la Corona de Aragón fue debida curiosamente al voto dirimente del juez catalán Bernardo de Guelbes.

— En "Historia de España escrita para mis nietos" nos aporta una cronología de la gran farsa de los movimientos nacionalista que hoy se viven en el País Vasco y Cataluña. Respecto a los primeros, por haber pertenecido Euskadi sucesivamente a los reinos de Asturias, León y Castilla, sin haber tenido ni reyes propios ni opción alguna para nombrarlos y, en cuanto a los segundos, porque merced al compromiso matrimonial de Ramón Berenguer IV con Doña Petronila de Aragón en el año 1137, trescientos años antes de que los Reyes Católicos forjaran la Unidad de España, los condados de Barcelona ya habían quedado definitivamente ahormados en la Corona de Aragón, con la de Castilla el germen de la actual España. ¿Qué opina de la situación actual de estos separatismos, la idea del referéndum en Cataluña y el gran problema legal que ha ocasionado la "Doctrina Parot" con la puesta en la calle de los etarras?
— En efecto, yo sostengo en el libro que por diferentes razones ni en Euskadi ni en Cataluña puede sostenerse la razonabilidad del separatismo, ya que con varios siglos de fértil convivencia son infinitamente de más peso las cosas que nos unen de las que nos separan, siendo claros los antecedentes históricos que apuntan en la pregunta. En todo caso, cualquier movimiento reivindicativo de los ciudadanos de un territorio del tipo que sea tiene que llevarse a término dentro de los límites de la Constitución. 

Pero centrándonos en la llamada "doctrina Parot" comenzaré por decir que bajo el velo del derecho lo que subyace en el fondo es una cuestión política de gran envergadura con consecuencias más bien imprevisibles.

Como hombre que vivo del derecho debo reconocer que los tribunales de justicia tienen que ser respetuosos con el principio de la irretroactividad de las normas penales, ello por un elemental principio de seguridad jurídica.

Pero, dicho esto, me apresuro a añadir que como ciudadano de a pie no soy capaz de entender cómo el juez español -por cierto con una demostrada falta total de idoneidad para el cargo- , no solo no planteó un voto de discrepancia contra la sentencia, como lo hizo otro juez no español, sinó que, incluso, se adherió con su voto a favor de la compensación económica a la etarra.

Esto aparte, una cosa llama la atención: la celeridad con que la Audiencia Nacional está poniendo en la calle a los etarras, incluso sin esperar a conocer el criterio del Tribunal Supremo sobre quién y cómo deben ejecutarse las sentencias. Y si, a mayor abundamiento, le añadimos la falta de idoneidad del juez español antes referida para ser juez del Tribunal de Derechos Humanos, no es extraño que la gente saliera a la calle indignada en apoyo de las víctimas del terrorismo, en este caso gravemente maltratadas, sin olvidar, para cerrar la contestación a esta pregunta, la injustificable tardanza del poder político (veinte años desde la muerte de Franco) en endurecer las penas por delitos de terrorismo que habían alcanzado en la Transición unas cotas realmente preocupantes.

— ¿Qué episodio de la historia de España considera los momentos más negros y los más brillantes?
— Los más negros para no remontarnos a tiempos más pretéritos, las dos Repúblicas, a cada cual peor, separadas tan solo por una cincuentena de años en los que con honrosas excepciones los políticos fueron los culpables del retraso de España.

En cuanto a los más brillantes, sin duda alguna el descubrimiento de América por Cristóbal Colón bajo el patrocinio de los Reyes Católicos y el siglo XVI durante el reinado de Felipe II.

— ¿Puede explicarnos el por qué y el desastre de las dos Repúblicas?
— Hijas del desorden y de la debilidad de los poderes políticos, ambos alocados intentos de transformar España en algo nuevo no podía salir bien, sobre todo si al frente de la institución se sentaban unos líderes incompetentes como fueron en la Primera República los federalistas Figueras y Pi i Margall y en la Segunda el furibundo anticlerical Manuel Azaña.

En la primera, a cada esperpento le sucedía otro de mayor calibre y así hasta que, por fortuna, el ensayo duraría muy poco tiempo merced al levantamiento en Sagunto del general Martínez Campos el 29 de diciembre de 1874 que derribó a un moribundo gobierno que ya no se tenía en pie.

Ahí quedaba para insulto al sentido común el intento de dividir España en 17 estados; la proliferación de cantones como hongos; el linchamiento de los jefes por sus subordinados; el insignificante personaje llamado Toñete apoderándose de la escuadra surta el puerto de Cartagena; y para culminar esa serie de barbaridades, al francés Carlos María de los Dolores proclamando en Estella el Estado carlista.

La Segunda no le fue a la zaga en los despropósitos. Un irracional enfrentamiento entre los españoles azuzados por malos políticos nos llevó a la quema de iglesias y conventos con un gobierno cruzado de brazos, sin mas razón que la de ser las iglesias la casa del Señor; al asesinato de curas y monjas; a huelgas salvajes; a insurrecciones militares, a la proclamación del Estat Catalá en octubre de 1934 y, finalmente, a una guerra civil que se saldaría con más de medio millón de muertos, bajo la probabilidad de que el Frente Popular arrojara España en brazos del expansionismo soviético. 

— En su opinión, cuáles cree que fueron los momentos en que peligró más la entidad de España como nación.
— Para mí, los momentos en que peligró más la entidad de España como nación fueron la invasión napoleónica a principios del siglo XIX con un rey, Carlos IV, abúlico y manejable hasta decir basta; y un hijo, el futuro rey absolutista Fernando VII, capaz de vender a España por un confortable futuro.
Y, sobre todo, un siglo antes, cuando al morir sin descendencia Carlos II las potencias europeas se abalanzaron sobre España con todo el ahínco, dando lugar a la guerra de Sucesión dirimida en España y fuera de sus fronteras entre la Francia de Luís XIV y los partidarios del archiduque Carlos de Austria; guerra que se saldó instalando en el trono de España a un nieto de Luís XIV, Felipe V, naciendo en España, sobre los rescoldos de los Austrias, la dinastía de los Borbones.

Aunque es cierto que la guerra se saldó con la pérdida de Gibraltar, Menorca (luego recuperada), la zona católica de los Países Bajos y otros territorios, España logró mantener la independencia, pues, como narro en el libro, para llegar a este acuerdo, Francia tuvo que renunciar a sus derechos a la Corona de España y Felipe V a los de Francia, con lo que la identidad de España como nación se mantuvo incólume.

¿Está de acuerdo con el dicho "Un país que ignora su historia está condenado a repetirla?

Naturalmente que lo estoy porque si desconoceremos lo que pasó (véase por ejemplo las dos desdichadas Repúblicas) podemos caer en el error de volver a las dos Españas enfrentadas.
Sin embargo, Vd plantea la pregunta de manera muy interesante, ya que una cosa es no ignorar la historia y otra muy distinta querer revivir enfrentamientos pasados, que es lo que al parecer pretende la nueva izquierda con la llamada Memoria Histórica.



Más información: 
Editorial Cuadernos del Laberinto
Coleccción ANAQUEL DE HISTORIA, nº2
Prólogo: ALEJO VIDAL-QUADRAS
624 páginas • I.S.B.N: 978-84-941600-3-5 • 22€