El origen del conde de Montecristo, según Tom Reiss, último Premio Pulitzer de Biografía

Artículo de Fabio García en el diario La Provincia

He recibido con gran sorpresa la noticia de que el escritor estadounidense Tom Reiss ha ganado el Premio Pulitzer de Biografía 2013 por el libro El conde negro, en el que supuestamente prueba que Edmundo Dantès, el protagonista de El Conde de Montecristo no fue un personaje de ficción, sino que está inspirado en el padre del autor de la novela, el general Thomas-Alexandre Dumas.
Este militar era un mulato hijo de una esclava haitiana y un aristócrata francés, lo que no impidió que se convirtiera en el primer general de color de la historia de Francia. Incluso hoy día es la persona de raza negra que ha alcanzado un rango más alto en un ejército europeo continental. Era un hombre de una gran estatura y estaba dotado de una fortaleza física tan extraordinaria que en una ocasión defendió él solo un puente frente a un escuadrón enemigo, lo que llevó a que las tropas austríacas lo llamaran Schwarzer Teufel, "el diablo negro". Jugó un papel fundamental en las guerras revolucionarias francesas y en la campaña de Egipto, pero al finalizar esta criticó la naturaleza caprichosa de las decisiones de Napoleón, lo que le llevó a abandonar el país norteafricano y volver a Francia.
Durante el viaje fue hecho prisionero por los napolitanos, enemigos de Francia, que lo encerraron en una prisión durante dos años. Sus captores le daban veneno mezclado con la comida, por lo cual, cuando fue liberado y volvió a Francia junto a su esposa, su salud se encontraba ya muy minada. Napoleón nunca le perdonó su desobediencia, por lo que se negó a aceptarlo en el ejército y a contestar sus cartas.
Mi asombro se debe al conocimiento que poseo de El Conde de Montecristo, que incluso me llevó a ir a París para continuar mis pesquisas en la Biblioteca Nacional de Francia, con el fin de redactar mi tesis doctoral Zanoni: la inspiración oculta de Alexandre Dumas, en la que demostré que la novela Zanoni (1842), del escritor inglés Edward Bulwer-Lytton (1803-1873) fue la fuente de inspiración de Alexandre Dumas padre o de su colaborador Auguste Maquet (o bien de ambos), para un sinfín de personajes y elementos argumentales de las novelas de Dumas El conde de Montecristo (1844-1846), Memorias de un médico (1846-1851) y La mujer del collar de terciopelo (1849).
Con el propósito de demostrar las similitudes entre Zanoni, El conde de Montecristo, Memorias de un médico y La mujer del collar de terciopelo señalé los paralelismos entre estas obras que se manifiestan en semejanzas en los argumentos, concordancias en las estructuras, parecidos entre los protagonistas y analogías entre los personajes secundarios. El criterio de cantidad, tomado como principio de autoridad, elimina la posibilidad de que los parecidos entre Zanoni y la obra de Dumas sean un azar esporádico. Pero sobre todo he probado que Edmundo Dantès, el héroe de El Conde de Montecristo está basado en Zanoni el protagonista de la novela homónima.
Igualmente, es obvio que Dumas conocía el resto de la obra de Bulwer-Lytton, pues su novela Harold: el último de los reyes sajones fue traducida por él mismo y comenzada a publicar por entregas en el primer número de su periódico Le Monte-Cristo del 23 de abril de 1857. Dumas afirmó que esta novela de Bulwer-Lytton era la mejor de su producción, lo que prueba que era un gran conocedor de su obra, además de que había leído toda su producción.
Curiosamente, tras la muerte de Bulwer-Lytton, su hijo encuentra Darnley, una obra teatral inacabada de su padre, y trata de encontrar una solución para el último acto, por lo que recurre a Dumas, como él mismo confiesa en el prefacio a esta obra. ¿A qué se debió que recurriera a un escritor francés para terminar una obra en inglés? Seguramente, a que la admiración y el predicamento que despertaba Dumas lo convertían en la mayor garantía de éxito, pero otra causa pudo ser el saber que Dumas conocía y apreciaba la producción de su padre, así como que se había inspirado en ella, con lo que era el escritor más apropiado para terminar una de sus obras inconclusas.
Uno de los motivos por los cuales no se ha revelado que Dumas se inspiró en una novela de Bulwer-Lytton, es que el tiempo ha condenado al olvido a este literato, de hecho es recordado en la actualidad casi exclusivamente por su obra Los últimos días de Pompeya, pero, en vida, su producción ejerció gran influencia en los diversos géneros que cultivó. Por ejemplo, en 1842, dos años antes de que Dumas comenzase a escribir El Conde de Montecristo, Zanoni había sido traducido al francés por Adèle Sobry y publicado en París por el editor Dumont, justo en el mismo año en que fue editada su versión original en Inglaterra, lo cual demuestra la inmensa popularidad que Bulwer-Lytton disfrutaba en Francia. Quizás fue esta traducción la que leyó Dumas, pero la influencia de Zanoni en la literatura francesa llegó aún más lejos, porque incluso mucho después de Dumas, el escritor simbolista Auguste Villiers de L´Isle-Adam (1838-1889) también se inspiró en Zanoni para escribir Axel (1890), a la que consideró su obra maestra. La otra causa del desconocimiento del origen de El Conde de Montecristo, es que esta es una novela desdeñada como superficial, por lo cual no ha sido analizada con la profundidad que se merece.
Para hacer honor a la verdad debo reconocer que en la creación literaria la inspiración suele tener múltiples orígenes, como los muchos riachuelos que desembocan en un río. Por lo cual nada quita que sea plausible que Dumas se haya basado a la vez en su padre Thomas-Alexandre Dumas y en Zanoni para crear al conde de Montecristo, pero a pesar de ello me sigue sorprendiendo la afirmación de Tom Reiss porque el padre del novelista francés era un mulato haitiano y Dumas a lo largo de su novela no deja de mostrar su desprecio por la raza negra. Uno de los ejemplos más crueles de este racismo es cuando vemos que Ali, el esclavo del conde de Montecristo, es mudo porque él lo quería de esta suerte, para que no pudiera revelar las actividades de su amo de las que era testigo, como el mismo conde de Montecristo (bajo el disfraz de Simbad el marino) aclara cuando cuenta a su invitado Franz la cruel historia de cómo se convirtió en su esclavo, en la que incluso deja asomar un gracejo:
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