Ediciones Irreverentes presentó en Getafe Negro 2013, 2099, 2099b y Democracias intervenidas por títeres sin cabeza

Ediciones Irreverentes presentó en Getafe Negro 2013 los libros 2099, 2099-b y el cadáver exquisito Democracias intervenidas por títeres sin cabeza.
En la foto, José G.Cordonié, Santiago Bergantinhos y Miguel Angel de Rus.

Presentación de Los mejores terrores en relatos y Extraña noche en Linares en Getafe Negro 2013.

Presentación de los libros Los mejores terrores en relatos (antología) y Extraña noche en Linares (Miguel Angel de Rus), de M.A.R. Editor en Getafe Negro 2013.
De izquierda a derecha: José G. Cordonié, Santiago Bergantinhos, Manuel A. Vidal, Miguel Angel de Rus y Rubén Serrano.

El cementerio inglés, de Álvaro Díaz Escobedo

A muchos les gusta vivir en un morón del campo, para avistar el valle fértil y tendido. Es gente que disfruta viendo cómo, a una u otra orilla del río, abreva o pasta el ganado vacuno.
               Otros prefieren residir próximos a la costa, contemplando la inmensidad del mar, que acaricia o agrede, según la bonanza o la inclemencia predominante; y ver cómo entran y salen los barcos, ya sean grandes cruceros o pesqueros de bajura.
               Pues bien, yo vivo en un lugar privilegiado. Desde el piso que ocupo, en la parte alta de un edificio comunal, puedo admirar un panorama que me tiene fascinado hasta casi la obsesión. Se trata de un cementerio, único e incomparable, que contrasta con los de su especie. Peculiar en sí mismo, fue llevado a cabo gracias a las aportaciones graciosas de determinados dignatarios europeos, entre ellos el rey de Prusia, que contribuyó con 1.380 reales de la época, equivalentes a la mitad de la inversión.
               Al Cementerio Británico de Santander se le conoce como el Cementerio Protestante.
               En su estadística mortuoria constan 128 enterramientos. El primero, en 1806, correspondió a un súbdito inglés, inspector de ferrocarriles, y costó 25 pesetas; el último tuvo efecto en 1990. No hay constancia de las causas de los decesos de  uno y otro, ni creo que importen.
               Situado a extramuros de la ciudad en la fecha de construcción, el camposanto a que me refiero ofrece abierta su única puerta. Tras ella está ubicado el monumento funerario levantado en homenaje a la Legión de Marinos Británicos, creada al amparo de la cuádruple Alianza de 1835. Aquí lo trasladaron, precisamente cerca de donde habito, desde el antiguo cementerio de la calle San Fernando. Es un monolitosingular, al que rodean, protegiéndole, cuatro férreas anclas.
               El caso es que la presencia británica en Cantabria podía constatarse tanto en los astilleros de Guarnizo como en el conjunto de la industria provincial, con preferencia en las  refinerías de azúcar y en las fábricas de loza. Asimismo contribuiría a las buenas relaciones anglo-montañesas la intervención militar de la Escuadra Británica en la Guerra de la Independencia española.
               Consecuencia del acontecer fue que en la capital santanderina aparecieron problemas no solo hosteleros y sanitarios, sino también de tipo funerario, surgiendo la necesidad de una necrópolis anglicana específica. Además, la expansión del ferrocarril trajo muchos técnicos y operarios extranjeros a La Montaña.
               Este camposanto es un referente histórico de carácter mobiliario, aunque algunos sostengan que está en el abandono. En lo que me atañe, las circunstancias favorecen mi propósito. Ignoro cuál será la posición de la Iglesia Evangelista Española respecto a la polémica suscitada, pero podría asegurarse que pocas reformas estéticas se han llevado a cabo hasta ahora.
               Para satisfacción de obispos y prelados católicos, los cementerios protestantes van, en nuestra patria, camino de la ruina y del olvido. Craso y lamentable error cultural.
               Heterodoxia y Martín Lutero a un lado, el fosal en cuestión es muestra del escaso patrimonio presbiteriano que existe en España.
               Sabido que los protestantes no podían ser enterrados en suelo sagrado, los herejes, ateos y suicidas terminaban en los estercoleros o en lugares baldíos.
               Tristemente, el Ayuntamiento de Santander decidió borrar del mapa urbano y turístico a esta vieja y cuestionada necrópolis, en la que comparten sepultura evangelistas de diferentes países. La cartografía del Municipio lo esconde en medio de la zona ajardinada.
               Con solo una llamativa mimosa como perenne testigo floral, el pequeño pedazo de tierra santa permanece sometido al despiadado abrazo de los edificios que le circundan.
               La parcela es propiedad de los consulados británico, alemán, sueco y noruego. Dicen que el cónsul de Alemania quiere canjearla por otra en el cementerio municipal; eso sí, a coste cero.

                                                              *

               Lo cierto es que me encantan los cementerios, tanto que ha poco estuve en el de Ciriego para visitar la tumba donde reposan los restos de la bailaora Carmen Amaya.
               Mas es el cementerio inglés quien provoca mi interés en este caso. Me asomo a él varias veces al día, oteando la senda cuya andadura es la que se cree conduce a la auténtica verdad.
               Sin apenas darme cuenta, el camposanto de que hablo va calando en mi ánimo. Tiene aspecto y vitola de jardín, y representa a una isla entre el mar de casas. Su estratégica ubicación le protege de los robos sacrílegos y de las expoliaciones.
               Le tengo a mis pies, a distancia inferior a cincuenta metros; y, para disfrutarlo en su magnitud, utilizo unos prismáticos con zoom.
               Por fin, llegó la ocasión esperada, la oportunidad de conseguir una sepultura vacía. En las gestiones para enterarme de quién pudiera ser el propietario, no saqué conclusiones válidas. Al tratarse de propiedad antigua, aparte su credo protestante, los datos registrales eran bastante confusos.
               En consecuencia, decidí resolver por mi cuenta. Ni corto ni perezoso, me apropié del sepulcro sin más; o séase, gratis.
               Apartada en un lateral de las filas intermedias, en situación de independencia que yo apreciaba, la tumba elegida contrastaba con las demás.
               El primer día que me puse a limpiar la fosa sentí una sensación difícil de describir.
               Realizada la labor previa de saneamiento, consideré conveniente dejar que pasara un tiempo prudencial antes de afrontar otros preparativos.
               Cuando estimé que era el momento propicio, di el segundo de los pasos previstos, y encargué a un marmolista funerario mi propia lápida. La mayoría de las que presentaba el cementerio estaban esculpidas en cruz, pero las había de forma rectangular y en triángulo. En algunas estelas constaban la creencia, ideología, profesión o posición social del difunto, y se veían lápidas que incorporaban fragmentos de textos religiosos.
               El hecho de compartir habitáculo con gente mucho mayor que yo, de ideas religiosas antagónicas, que nunca enfrentadas, no coartó el proyecto concebido.
               La conversación con el artífice de la marmolería fue, más o menos, del siguiente tenor:
                        - Quiero encargar una lápida.
                        - De qué características.
- Discreta. Vamos, que no peque de llamativa.
- Le mostraré el catálogo.
- No es necesario. Le facilitaré las medidas aproximadas, y el resto quedará a gusto de su sentido profesional.
- ¿Qué material prefiere que pongamos?
- Me es indiferente que sea de piedra, mármol o granito.
- De acuerdo. Vayamos a la inscripción.
- Llevará un nombre y una fecha, la del nacimiento.
- ¿Y la del fallecimiento?
- Ponga tres puntos suspensivos.
- No le comprendo bien, pero será como usted desea. ¿Alguna observación en cuanto a posibles epitafios?
- Los considero innecesarios.

                                                                       *
            Primero acudía de madrugada, luego durante la mañana y la tarde; por último, a todas horas. Me pegaba a la lápida apropiada, para dialogar con mi otro yo; mejor dicho, a monologar.
            Sucedió en noche de luna llena. Gracias a la luz que proporcionaba el astro reina, la claridad permitía distinguir los objetos, incluso sin prismáticos. No fue necesario escudriñar para apreciar el cambio.
            ¡En la losa se había modificado parte de la inscripción original!
            Tuve un presentimiento y, sobre todo, una inmensa curiosidad. Me puse una prenda de abrigo y bajé a la calle, en dirección al cementerio. Al traspasar la puerta de entrada, descubrí la novedad.
            Los puntos suspensivos que deberían seguir a la fecha de natalicio estaban borrados, y en su lugar figuraba la correspondiente al óbito.
            Mi incredulidad era tan mayúscula que, situándome a un solo paso de la tumba, me pregunté a mí mismo:
            - ¿Dónde estoy, en realidad, aquí fuera o ahí dentro?
                        La contestación surgió inmediata.
            - Estás donde siempre deseaste, contigo mismo, pero habiéndote liberado de la pesada carga del cuerpo.
            Así comenzaron los diálogos con el otro yo.
            - ¿Por qué te hiciste de mi tumba y pusiste tu nombre?
            - Convengamos en que es asimismo el tuyo.
            - De acuerdo, pero tengo una duda, que deseo aclarar: ¿Te adueñaste del hoyo en que reposo, o fui yo quien compró el piso en que vives tú? Aún más, me gustaría saber qué piensas.
            - En buena lógica, lo mismo que tú.
            - Entonces, ¿qué buscas?
            - Nada en absoluto. Ni siquiera se me ocurre perder el tiempo soñando con un posible elixir de vida.
            - ¿No te interesa vivir?
            - ¿Acaso quieres tú resucitar?
            - ¿Para qué?
            - Ahí tienes la respuesta.
            - Es muy distinto; tu espíritu es joven, y mi cuerpo está decrépito.
            - Veo que careces de fe, lo que supone que crees en el infierno.
            - En el infierno me cuesta mucho creer, sobre manera en período de crisis económica. Mantener esa enorme caldera encendida las veinticuatro horas del día se me antoja imposible. Sin embargo, creo en el diablo.
            - Yo también. Sólo el que cree en el diablo cree en Dios, y viceversa.
            - Cuéntame algo entretenido. ¿En el cielo se flota o se vuela?
               - Lo ignoro. Todavía sigo a la espera del juicio final. La única referencia que tengo es de índole gastronómica: parece ser que en el cielo no hay almejas, al menos en criterio de un gran humorista.
               Decía un filósofo griego que la verdadera vida no comienza hasta que el alma sale del cuerpo. Los humanos consideramos la existencia como el más preciado de los dones que Dios nos ha dado, y por tanto, creemos que la muerte es lo peor que puede sucedernos.
               ¿Tendría razón Eurípides cuando, medio siglo antes de que naciera Jesucristo, hablaba de la posibilidad de que lo que llamamos vida es la muerte, y que nuestra muerte se llame vida allá en lo remoto?
               Sea como fuere, me chiflan los cementerios.
RELATO DE ÁLVARO DÍAZ ESCOBEDO EXTRAÍDO DE LOS MEJORES TERRORES EN RELATOShttp://www.mareditor.com/narrativa/TerroresRelatos.html


Teresa Galeote y Juana Escabias en el Salón del Libro Teatral

Ediciones Irreverentes ha presentado en el primer día del Salón Teatral los libros "Nueve mujeres infieles" y "Apología del amor", de Juana Escabias y "El vuelo de Osiris" de Teresa Galeote.
Lo que estaba previsto simplemente como firma se convirtió en una presentación en toda regla con público masivo.
Al acabar el acto, más de cuarenta participantes en la presentación se fueron de botellón. ¡Parece mentira, como si fueran adolescentes!
Tras el espectacular lleno, hoy Ediciones Irreverentes ofrece otros actos:
Viernes 18
11h encuentro con la prensa



12 a 14 h Recepción de originales de autores teatrales
19h Firma de Borja Fano
20h Firma de Manuel Villa Mabela 
Todos los actos de Ediciones Irreverentes en el salón del Libro Tatral en http://www.edicionesirreverentes.com/Salon_Libro_Teatro.html

Entrevista a la poeta SILVIA GALLEGO


ESPÍA MI BOLSO, su primer poemario, ha sido acogido por la crítica y el público con mucho interés y grandes alabanzas. ¿Cuál cree que es el secreto?
— Supongo que la mezcla novedosa de códigos, sobre todo en el campo de la Informática, la Literatura y la Lengua. También sorprenden los neologismos y la propia estructura relativa a los objetos y bloc de notas que llevamos las mujeres en el bolso; la seducción con estos símbolos.

— Mezcla como nadie la tecnología con la poesía. ¿puede aparecer un verso en todo tipo de objeto? ¿Es un regreso al estilo de los "futuristas"?
— Creo que la poesía está en todo lo que nos rodea, se trata de mirar con ojos curiosos, atreverse a jugar con el lenguaje… No creo que se trate de "futurismo" similar a las vanguardias de principio del siglo XX, más bien sería una adaptación a las realidades cotidianas de nuestros días, una forma de adaptarse a los retos del nuevo siglo. Parto de la tradición para romper algunos esquemas y proponer la poesía desde la libertad y el cuidado de la forma.

— De sus poemas se ha dicho que han logrado dar una nueva vuelta de tuerca a la poesía amorosa. ¿Cómo ha logrado salir viva y con éxito de este triple salto mortal?
— Supongo que la clave está en leer mucho y conocer los entresijos de la expresión poética. He tratado de cambiar perspectivas, tonos y huir del lenguaje automatizado y respetado por la tradición. Me he centrado en la sugerencia de lo cotidiano, en las preocupaciones de las mujeres de hoy, en la intimidad y la sorpresa que nos asalta…

— ¿Es ESPÍA MI BOLSO poesía femenina, o no cree en esta diferencia entre poesía de géneros?
— La mirada es la de una mujer actual y creo que sí marca nuestra forma de escribir. Resulta inevitable percibir lo que nos rodea y ocupa desde las gafas culturales que nos han sido dadas. Somos herederas de una forma de decir que sobre todo se centraba en el sentimiento y la nostalgia. Ahora, quizás, buscamos una voz que se adapte más a los tiempos frenéticos donde los roles con el hombre y el mundo han cambiado mucho.

— ¿Cómo es el proceso de encontrar erotismo en las nuevas tecnologías?
— Tomo como referencia los canales de comunicación más modernos y simplemente observo maravillada los vericuetos para dar forma al deseo que nos constituye. Resulta divertido percibir cómo la lengua se adapta a las nuevas realidades en necesidades tan básicas como el afecto o el sexo. En ocasiones, escucho a los que me rodean, en otras imagino situaciones y pongo voz a los personajes. Sin duda Internet y los nuevos formatos han revolucionado nuestra forma de acercarnos a los demás. El erotismo no sólo no podía quedarse fuera sino que explota este inmenso mundo de posibilidades.

— En ESPÍA MI BOLSO ha sabido acompañarse a las mil maravillas: Luis Alberto de Cuenca como prologuista y la ilustración de cubierta de Mercedes de Bellard. Esto supone un gran honor para su debut poético, aunque usted ya venía con rodaje en este mundillo. Cuéntenos su trayectoria.
— Aunque suene a tópico, he escrito desde siempre, recuerdo mis primeros poemas a los diez años (ya caóticos, abruptos y sin rima). Durante mis estudios de Literatura traté de aprender la técnica para seguir maravillándome con los maestros. Por mi timidez no comencé a enseñar mis versos hasta el 2007, en Granada. Después han venido dos plaquettes: Trazos de color y Renglones de asfalto y la participación en algunas Antologías. Me animó a publicar el contacto directo de las lecturas y acercarme de primera mano al maravilloso proceso de cómo se reciben los poemas.


¿Qué le da la poesía frente a la narrativa?
Me aporta la belleza condensada, la maravilla de un chispazo de lucidez, la magia de un deslumbramiento revelador. Supone otro lenguaje donde el Arte se la juega en detalles como la sonoridad, la perspectiva…Un verso o un poema tienen el poder de hacernos daño al desentrañar una herida, llevarnos a una sensación, sonreír, desear…

Si pudiese cambiar algo en este mundo a través de sus obras, ¿qué sería?
La mirada hacia los otros, permitirnos buscar matices y sutilezas para ser más consciente de la riqueza que supone cada persona y cada día. Tal vez, por qué no, puestos a soñar, me gustaría que mis libros animaran a prestar más atención a lo que nos rodea y nos constituye.

Espía mi bolso
de Silvia Gallego

Editorial CUADERNOS DEL LABERINTO •Coleccción ANAQUEL DE POESÍA, Nº 25
Prólogo: Luis Alberto de Cuenca • Ilustación de cubierta:Mercedes de Bellard
80 páginas • I.S.B.N:978-84-941115-6-3 • 12€

Más info: http://www.cuadernosdelaberinto.com/Poesia/ESPIAmiBOLSOsilviaGALLEGO.html

Un trabajo perfecto, de Fernando Santos

Luis y Miguel eran como dos gotas de agua. Habían nacido allá por el 69 en la maternidad del Ramón y Cajal y desde sus primeros días de vida a sus padres les era muy difícil diferenciar físicamente a uno del otro. Crecieron y sus vidas tomaron rumbos separados, casi opuestos. 
     El primer trabajo de Miguel, tras volver de la mili, fue como guarda de seguridad. Estaba harto de vigilar la garita y saludar al presidente de Repsa cada vez que entraba y salía del aparcamiento con su enorme cochazo pero ese era su trabajo y quería conservarlo. Cuando terminó los estudios de historia opositó a policía nacional y tras pasar por la academia de Avila le destinaron a un barrio conflictivo de la capital. Allí pasó un par de décadas patrullando en un zeta, deteniendo borrachos y mediando en peleas de bandas latinas. Aquello no le gustaba pero tenía que tragar hasta que encontrara un destino mejor. Con el tiempo ascendió a oficial y aunque varios de sus compañeros de promoción ya eran inspectores e incluso alguno comisario, Miguel no se quejaba demasiado. Considera que tal como está la situación general del país, la suya no estaba mal del todo: empleo fijo, sueldo regular y un horario decente. Los recortes a los funcionarios le empujaron a dar el salto y en la actualidad trabaja en una empresa privada que da servicio de escolta a personalidades.
     Luis se hizo objetor cuando le llamaron a filas. No le gustaban las armas y mucho menos tener que cumplir sin rechistar las órdenes de nadie así que en vez de irse a Melilla con su quinta, se quedó trabajando gratis para una asociación. Fue su primera aproximación al mercado laboral y descubrió que los únicos que allí cobraban eran los jefes; el resto o eran voluntarios o eran objetores de conciencia como él. Así también monto yo una asociación –pensó-. En el instituto ya apuntaba ciertas maneras revolucionarias. Era delegado de su clase, de todas las clases de su curso, del instituto entero e incluso de varios institutos cuando los estudiantes se movilizaban para pedir, entre otras cosas, la desaparición de la selectividad. En aquella época había huelga estudiantil un día si y otro también, grandes movilizaciones que no sirvieron para nada excepto para que Luis se diera cuenta de lo sencillo que es manipular a las masas. Para hacer huelga se apuntaba todo el mundo, para ir a las manifestaciones algunos menos y para coordinarlo todo o discutir la estrategia casi nadie, justo al contrario de lo que pasaría unas décadas más tarde. Se hacía lo que él y otros tres representantes (elegidos democráticamente, eso si) decían. Veinte años después Luis vivía en Ruba y trabajaba para el partido único, disfrutaba de un pequeño piso de protección oficial y estaba convencido de que en su tierra natal todo estaba mucho peor que en la isla. Sostenía que había que terminar con tanta corrupción e injusticia, que el problema era el sistema. Por las buenas o por las malas, eso ya daba igual. 
     Aquellas navidades, como todos los años, se reunieron con toda la familia para cenar en Nochebuena. La conversación se acaloró con el vino y el cava y Luis dijo en voz alta algo que llevaba tiempo pensando.
     - Lo que habría que hacer es empezar a colgar corruptos de los puentes. Con unos cuantos sería bastante para que el resto se acojonaran y dejaran de sangrarnos. Ellos cada vez más ricos y nosotros cada vez con menos derechos. Cualquier día nos cobran por respirar así que si, hay que hacer algo y hay que hacerlo ya. Está visto que si no hay sangre los poderosos hacen lo que les da la gana y si tiene que correr, que sea la suya.
     - Nadie se les puede acercar - replicaba su hermano - , ya se cuidan muy mucho de ir bien escoltados y alejarse de los descontentos como vosotros. Suponiendo que llegases a estar suficientemente cerca ya sabes que mi trabajo sería pegarte un tiro antes de que tú hicieras nada al VIP. 
     - ¿Me estás diciendo que serías capaz de matarme antes de dejar que me acercase a tu protegido? 
     - Es mi trabajo, ya lo sabes – concluyó Miguel – 
     - Si, lo sé y por eso tú, que los tienes a tiro, deberías hacer algo pero en la dirección contraria. 
     El jueves figuraba marcado con un círculo rojo en el calendario de Miguel. Eso quería decir que le tocaba viajar y ejercer su doble función de conductor. A las 9:00 se pasó por el aparcamiento y recogió el Mercedes blindado con el que se acercó hasta Somosaguas para recoger a su jefe. 
     - Buenos días, Sr. Momentín 
     - Buenos días, Miguel 
     - ¿Dónde vamos hoy? 
     - Tenemos primero una reunión en Moncloa con el presidente del gobierno para ultimar los detalles del rescate a mi banco. He leído que los del 15-M me han denunciado, menudos ilusos, no saben con quién están tratando. 
     - Muy bien, Sr. – dijo – mientras arrancaba el coche 
     Por la mañana se encontró un cadáver colgando de un puente en la M-30 y nadie sabía cómo había llegado hasta allí. Desde abajo se veían las luces de una ambulancia del Samur y varios furgones de policía que estaban acordonando la zona. Era el cuerpo sin vida de un conocido banquero, uno de esos que habían llevado a la quiebra a varias cajas de ahorro y habían consentido o incluso impulsado la estafa de “las preferentes”, alguien que cobraba sueldos de verdadero escándalo mientras llevaba a su entidad a la quiebra, el responsable del desalojo de los que no podían ya hacer frente a sus hipotecas. 
     No era un sitio adecuado para que alguien de ese estatus hubiera decidido suicidarse. Parecía más bien que
estuviera allí para que todo el mundo lo viera, para que sirviera de ejemplo. La policía intentó localizar a Miguel para interrogarle sobre la última vez que había visto al banquero pero no hubo suerte; no contestaba al móvil y en su casa nadie respondía al timbre. Las primeras sospechas le apuntaron directamente. Se suponía que su trabajo era protegerle y ayer estaba de servicio. 
     Cuando, pasadas ya varias horas, la policía consiguió la orden judicial para entrar en su casa y registrarla se lo encontraron amordazado y atado a una silla con una nota que decía: “Mi hermano no sabía nada ”. 
     Luis mandó una postal desde Ruba (donde no hay acuerdo de extradición con Españistán) en la que sólo ponía: “La mecha está prendida. Os quiero”.

http://drfer69.blogspot.com.es 

El origen geográfico de nuestras cerca de 165.000 visitas

Cerca de 165 visitas tiene esta web, que comenzó siendo el blog del programa literario Sexto Continente de Radio Exterior de España, y que una vez acabada su emisión, es la voz de la literatura creada en español alrededor del mundo.
España sigue siendo el lugar desde el que recibimos más visitas, y curiosamente, el segundo país desde el que somos más visitados es Estados Unidos. Creemos que es por los emigrados hispanos, que iluminan América del norte, aunque también pudiera ser que nos leen con mucho cariño los cachorros de Obama.
Después, como parecía lógico, están los lectores de México y Argentina.
Y ahí llega una nueva sorpresa; los lectores franceses, o de Francia, son los quintos más asiduos.
Afortunadamente llegan al rescate los colombianos, chilenos y peruanos, aunque con las sorpresas de Ucrania y Alemania. 
Hablando de estos datos en una ocasión con el gran escritor Jorge Majfud, nos decía que eran muy interesantes, porque marcaban unas nuevas líneas en el consumo cultural. Aunque nosotros, más escépticos, tememos que tiene mas que ver con el mapa de la emigración.
Por cierto, aunque llevamos casi un año fuera de RNE, siguen ofreciendo nuestros audios en http://www.rtve.es/alacarta/audios/sexto-continente/ En ellos tienes las voces de muchos de los autores más brillantes del entorno hispano actual.


Andar por casa, de Rocío Peñalta Catalán



Narrar la cotidianidad dejando un verso volando en cada pelusa barrida, un misterio junto a la ropa planchada y un borbotón de magia entre los tomates de la ensalada que estamos preparando es la marca “Rocío Peñalta Catalán” que esta semana lanza la editorial Cuadernos del Laberinto a las librerías bajo el título ANDAR POR CASA, un compendio de pequeños relatos en donde la puerta del hogar abre paso a historias seductoras al borde de lo irreal, pensadas matemáticamente y construidas como un jeroglífico de múltiples resoluciones con final de conejo saliendo de la chistera.

Leyendo a Rocío Peñalta Catalán me viene constantemente a la cabeza la cita de James Matthew Barrie en su Peter Pan, al describir a la madre de Wendy: “Era una caricia, un beso y una sonrisa todo hecho en uno”, ya que de los relatos de esta joven malagueña se evapora el candor y la alegría propia de las personas que no han perdido la ilusión, de esas que saben que la experiencia inevitablemente está relacionada con envejecer, y esto, en la mayoría de los casos, significa descreer de la vida.

Rocío escribe como es, así, llanamente. En mi larga vida de profesional de los libros, pocas veces he sentido tan relacionada la personalidad de un autor con su obra. Rocío duda y aparece el relato “Biografía”; Rocío siente el pavor de lo consuetudinario y ante nosotros se despliega “¿Qué harías si no tuvieras miedo”;  y así vamos pasando las páginas del libro descubriendo los matices de la mentira, de la indecisión, de la búsqueda de la belleza y el amor o el humor inmenso tras sus grandes ojos, con los rulos puesto, tranquila de estar en casa, satisfecha de esta joya literaria “ANDAR POR CASA” que llega por fin a nuestra morada.
Editorial Cuadernos del Laberinto • Coleccción ANAQUEL DE NARRATIVA, nº 8
Fotografías: Elena Peñalta Catalán • Prólogo: Juan Gómez Bárcena
92 páginas • I.S.B.N: 978-84-941115-9-4 • 10€

Relato de David Skinner. Sacrificio

–Buenos días.
–Buenos días, Alfredo –respondo. El guardia de seguridad comprueba mi acreditación sin mucho afán, acostumbrado como está a verme entrar en la sede del partido.
Aunque, en realidad, es la primera vez que nos encontramos.
Yo lo sé, claro; a fin de cuentas, no es él quién ha pasado por una cirugía para modificar su rostro. Mi maletín no es comprobado, y yo paso sin ninguna eventualidad por el arco magnético. Ya no hay marcha atrás.
Un par de personas me saludan de camino al ascensor. Las ignoro. Mi mente está absorta por la tarea que debo realizar, y ni siquiera me doy cuenta de que comienzo a apretar cada vez más fuerte el asa del maletín.
En el interior del elevador, mientras las puertas se cierran –dejándome en una agradable soledad–, me apoyo contra uno de los espejos y tomo aire con fuerza. Solo dos plantas. Sólo dos plantas. El sonido de una campanilla marca mi llegada. Las puertas metálicas se separan, mostrándome mi destino de la misma forma que lo haría una bola de cristal. Mi destino… y el suyo. Se encuentra ante su despacho, hablando con la secretaria. Paula, creo que es su nombre. Da igual.
–¡Hombre, José Ignacio! –me dice, al verme–. No esperaba que hoy pasaras por aquí. ¿Va todo bien?
No respondo. Dejo el maletín en el suelo y, tras abrirlo y sacar el arma de su interior, me dispongo a cumplir con mi objetivo.
–No estamos satisfechos –digo, lo bastante alto como para que Paula, o como se llame, lo escuche. Nuestra consigna. La frase que ha acompañado al movimiento desde su creación, y que ahora marcará un nuevo hito.
Disparo a su cabeza. La chica grita, se escucha el correr de decenas de personas, los fuertes pasos que
suben por las escaleras de emergencia.
–¡No estamos satisfechos! –grito con todas mis fuerzas.
Al menos cuatro guardias uniformados irrumpen en el lugar, pistolas en mano. No gritan un “alto”; tan solo apuntan y aprietan el gatillo. Intento que el dolor sea más tolerable pensando en lo que acabo de hacer. Pensando en lo que va a ocurrir a partir de ahora. 

Luego, fundido en negro.

EXCÉNTRICO de Juan Guerrero Sánchez



“Excéntrico”  acaba de llegar a las librerías, aunque su autor, Juan Guerrero Sánchez, ya venía rodado con la participación en antologías de relatos como Una grieta en la jaula y Tres cuentos de Nueva York, siendo además un reconocido crítico musical.

La narración nos muestra el paso de sus protagonistas por la consulta de un psiquiatra que es  incapaz de mantenerse indiferente a la enajenación de los pacientes y termina implicándose en sus luchas interiores, deseos sexuales y en el propio concepto de vida. El libro comienza con una pregunta que marca no sólo la temática dispersa de la novela, sino también la ensortijada escritura que se despliega en todas sus páginas y que hace al lector saltar de unos mundos interiores muy concretos a otros escenarios surrealistas que levantan ternura y momentos de lirismo extremo, como sería el caso del capítulo (que bien puede entenderse como un relato ajeno a la trama principal) DESPUÉS DE LA LLUVIA,  homenaje a Satie, y que revela un amor imposible impregnado de húmedas palabras con el único propósito de la vehemencia por la vehemencia.

Maldito aquel que cree decir la verdad, aquel que tiene miedo de su miedo, aquel que se crea ladrón y no sea capaz de robártelo todo, aquel que se conforma con la esperanza y aquel que se cree hecho a sí mismo.  

En “Excéntrico” el desarrollo de la locura, de la demencia, de la manía como afirmación nos trasladan a un mundo circular compuesto por tres protagonistas Laura Font del Fresno, Narcissus y Daniel Cortázar que entrelazan sus vidas dentro de una oscura e insensata institución mental. 

Juan Guerrero muestra una notable variedad de registros en esta su primera novela y adivinamos, casi ansiamos, nuevos episodios de su perversa escritura, de don “Juan-Guerrero-aquí-estoy-para-quedarme-y darte-lo-que-mereces”, un buen narrador de los bajos fondos del pensamiento.

Editorial CUADERNOS DEL LABERINTOColeccción ANAQUEL DE NARRATIVA, nº 6
Con ilustraciones interiores de Francisco Canto Montero
284 páginas • I.S.B.N: 978-84-941115-2-5 • 15€