Entrevista a la poeta MARÍA JESÚS FUENTES


MARÍA JESÚS FUENTES, malagueña afincada en Ceuta, licenciada en Filología Hispánica y autora de los poemarios Con la vida a cuestas, El dedo índice, La maldita comedia, la vitola Poemas para leer de pie, Aguamarina y Palabras rotas;  de las novelas La verdad si es que existe y Secundarios, el relato El maleficio de los Bogavante y en investigación El género femenino en los textos de bachillerato. Acaba de publicar un último poemario HEBRAS DE UNA HOGUERA centrado en la violencia de género, en donde en forma de diario analiza la evolución de una mujer ante este drama.


http://www.cuadernosdelaberinto.com/Berbiqui/Hebras_de_una_hoguera.html 

"Hebras de una hoguera" es su último poemario publicado. Háblenos de este título tan original. ¿Cómo ha logrado vincular unos versos de Virginia Woolf con este nuevo poemario? ¿Y cuál es la esencia, la clave de este nuevo libro?
—En Las olas escribe Virginia que "las hebras de una hoguera se fundieron en un resplandor". Este despertar del día expresa con acierto simbólico la evolución de la protagonista. Desglosando el título, las hebras son los distintos pasajes que van componiendo la obra y que se corresponden con los distintos días en que ella recurre a su diario. La hoguera representa los once meses que transcurren desde la sorpresa por los primeros signos de violencia de su pareja, hasta la determinación y la búsqueda de soluciones. La clave es la Violencia de Género tratada sin crudeza, pero con realismo, desde el punto de la vista de una mujer que empieza a padecerla y que no encuentra comprensión ni apoyo entre sus familiares y amigas por la apariencia y el atractivo de quien la maltrata. 


  —¿"Hebras de una hoguera" interioriza el tema del maltrato de género gracias al diario de la protagonista. ¿Podría decirse que es gracias a esa reflexión, que la escritura supone, que la mujer logra exteriorizar sus sentimientos y hacerse fuerte frente al agresor?
— Sin duda; el desahogo es primordial y terapéutico; y el análisis que va haciendo de los hechos, esa reflexión, consiguen que marque distancia y, a pesar de atravesar las típicas fases, incluida la de la culpa, que se sobreponga, que luche y que no se detenga ante la adversidad.

—¿Qué la ha llevado a tratar con poesía un tema tan difícil, tan alejado de lo formal y tan centrado en el contenido? ¿Podría definirse claramente como "poesía social" o es más bien "prosa social"?
—La idea, el desarrollo, la protagonista... hasta el desenlace, todo fluyó solo, casi sin esfuerzo. El asunto me interesa muchísimo, soy una persona comprometida, declarada luchadora por los derechos de la mujer. Pero no forcé el momento. Durante unos meses, me dejé invadir por los sentimientos de alguien ficticio que anidó en mí, en cuyo lugar me puse y... el diario se fue escribiendo. Su propia personalidad dio lugar a un final esperanzador. La forma estaba a expensas del contenido. Sí, me gusta el concepto de "poesía social" y soy amiga de reivindicarlo para el siglo XXI para designar la expresión solidaria. En tiempos difíciles y ante problemas difíciles hay que tomar partido y pronunciarse. Cada cual tiene sus armas; en el caso del escritor, el arma es la palabra y debe utilizarla. El término de prosa social también me resulta atractivo, al fin y al cabo, para darle cercanía, espontaneidad y realismo, medio libro está en prosa.


—¿Pessoa decía que "la vida no basta, por eso existe la literatura". ¿Cuáles son los motivos que la llevan a escribir?
—Sin ánimo de contradecir a Pessoa, a quien admiro, diré que la vida no sólo basta sino que, a veces, sobra: sobran las desgracias, las visiones de lo terrible, los desastres naturales y los artificiales; sobran el niño desnutrido y la explotación; sobran los maltratadores. En ese punto del "sobra" empieza la inspiración y... sobre todo, un impulso superior a la propia voluntad que me invade, me llena de voces y de sentimientos y me hace construir estampas, nunca exentas de experiencias personales, que acaban saliendo al exterior. La intención comunicativa no camina siempre paralela; en este libro, sí.


—¿Es cierta esa fama de envidias y zancadillas entre los poetas, en los cenáculos literarios en donde se apoya al que da el premio para a su vez dárselo algún día?
—Me ha costado llegar a entender y a percibir eso que llaman envidia; las zancadillas las veo antes porque son más evidentes. Desde Montesquieu a Larra, pasando por Galdós, la crítica irónica hacia los "intereses creados" ha quedado establecida con sus crónicas y sus propios ejemplos. A Fray Luis lo encarcelaron y Cervantes vivía en la miseria. Creo que no hay nada nuevo bajo el sol que hay seres mediocres que viven o triunfan a costa de maledicencias, rencillas y compraventa. Si andan por cenáculos y premios, no me sorprende, porque entre sus habilidades está la de saberse situar sin notable cualificación. Afortunadamente para mí, no he sido testigo de nada de eso, cuando las sensaciones me llegan llenas de sombras me doy la vuelta y, como hay tantos lugares llenos de de camaradería, gentileza, desinterés y calidad, me dirijo a ellos y me dejo conmover por la verdadera esencia de la poesía. La vana gloria (vanagloria) concede medallas instantáneas que arden en otra hoguera, la que sólo da humo. El verdadero poeta no está ahí.


—Háblenos sobre ese gran proyecto que lleva a cabo desde hace años con la revista "Mester de vandalía".
—El nombre de la revista parafrasea el de Mester de Clerecía del siglo XIII e intenta, en esa dialéctica de la historia, continuar con la corriente anterior, Mester de Juglaría, en donde los poetas iban por las calles, recitaban ante el pueblo y conquistaban su atención. El "Oficio de Vándalos" empezó, un poco, como una broma, como algo divertido, durante unas Jornadas de Poesía Última en la Fundación Alberti, donde participaba, aunque la propuesta era (y sigue siendo) seria: retomar las andanzas, recuperar el sentido popular y, sobre todo, mostrarle a la gente del siglo XXI que además de las ofertas de algunos medios de comunicación en donde predomina la violencia, la discusión, la mezquindad y la incultura, haya una corriente amplia que defiende la amistad y que postula el entretenimiento de una manera diferente. Cuidamos mucho la forma, todo es artesanal, para trasmitir verdad. Por nuestras páginas pasan los consagrados, los nuevos, los desconocidos y los requeridos. Son siempre vándalos, rebeldes, educados, tolerantes, exigentes, concienciados con una causa y que predican con el ejemplo. La máxima es la de celebrar los éxitos ajenos como si fueran propios porque la guerra, el conjunto, se gana a base de batallas. La pretensión, sin ínfulas, sólo la de cambiar el mundo.


Usted es profesora de secundaria desde hace muchos años, ¿Qué grandes cambios ha notado entre su adolescencia y la que contempla ahora en las aulas? ¿Nota desinterés por las asignaturas clásicas como son filosofía, latín, literatura…?
—La enseñanza ha cambiado diametralmente en veinticinco años porque la sociedad ha cambiado. Las grandes modificaciones que ha experimentado el sistema han desembocado en un grave desajuste en el proceso educativo, quizá porque la ley no ha sabido adaptarse a la evolución o quizá porque la demanda de ocio y el engañoso avance de las tecnologías han configurado un nuevo tipo de individuo, mucho menos dispuesto al sacrificio o, mejor dicho, que considera que lo que hace ya conlleva esfuerzo. Nada más lejos de la realidad. El desinterés no existe sólo hacia la filosofía, el latín o la literatura. No me da la impresión de que otras disciplinas resulten más atractivas ni tengan más demanda. En general, el estudiante siempre ha querido que le pusieran por delante asignaturas fáciles y poder aprobar con soltura. Pero en la actualidad es difícil conectar con el conocimiento. La progresiva supresión de datos, que apoyo, no ha conllevado un espíritu crítico que permita analizarlos cuando aparezcan en una pantalla. Algo ha hecho aguas por el camino y la verdad es que me preocupa porque el futuro está en manos de los jóvenes que un día serán adultos; sólo con ciudadanos formados, no manipulables, podrá seguir avanzando, democráticamente, un país al que le ha costado mucho llegar donde está. Y, lamentablemente, a nadie parece importarle. 

—¿Qué consejos daría a los jóvenes que se inician en el mundo de la escritura?
—Siempre que doy un consejo, lo acompaño de un "no soy quién"; sí les puedo decir que disfruten del camino y que no persigan más fin que el de transitar por un mundo maravilloso que va a ejercitar su mente, a enriquecer su círculo y a fomentar su cultura. Dedicarse a escribir significa rodear, nombrar y crear; merodear por el lado oscuro, indagar entre los gestos y volar por encima de las nubes. Frecuentar, conocer a otros escritores, no tiene precio.


—Realizó una investigación sobre "El género femenino en los textos de bachillerato", ¿grosso modo, qué descubrió?
Descubrí que los libros de bachillerato mencionan a muchos más autores masculinos que autoras femeninas y que los textos que se insertan para ejemplificar pertenecen, en mayoría, a hombres. El estudio fue apasionante, pero el resultado obedece a un mero recuento. No es necesario añadir cuáles fueron las conclusiones porque los datos hablan por sí solos..

—¿Cuáles son sus poetas fundamentales y cuáles destaca de la poesía actual?
Me resulta siempre, por fácil, difícil responder a esta cuestión. Por mencionar a los españoles: Garcilaso, la mordacidad de Quevedo, la musicalidad de Bécquer, la valentía de Carolina Coronado, la sensibilidad de Rosalía, el espíritu de Machado, el duende de Lorca, la magia de Cernuda, la perspectiva de Ernestina... siento que van conmigo, que me acompañan y recitan en boca de quienes los han convertido en un eco continuo. De la poesía actual , me quedo con mis vándalos, sin expresar preferencias, porque como más de una vez me dice mi queridísima Carmen Jodra, una vándala mater, como ella me llama, quiere igual a todos sus hijos.

Más información:  Editorial Cuadernos del Laberinto