Pedro Antonio Curto y Roberto Arlt, en El Comercio

     Su vida se apagó hace más de setenta años, su obra renació hace solo medio siglo. Roberto Arlt (Buenos Aires, 1900-1942) vivió tan rápido que dejó una literatura latente adelantada a su tiempo que décadas después contagiaría a toda una generación de escritores del cono Sur americano como Julio Cortázar o Juan Carlos Onneti. Ahora, Ediciones Irreverentes recupera en 'De monstruosidad y locura' alguno de sus relatos cortos, «de cierto exotismo, nada moralizantes y que reflejan la riqueza de su mundo», según el escritor y colaborador de EL COMERCIO Pedro Antonio Curto, que prologa la edición y a quien correspondió su presentación ayer en el Centro Argentino de Asturias.
     La vida de Robert Arlt no fue fácil o no muy distinta a la de muchos de sus compatriotas que veían como su ciudad crecía a un ritmo de 300.000 habitantes cada década en los albores del siglo XX y ellos constituían la mano de obra barata para levantar Buenos Aires. A los 10 años ya trabajaba en los más diversos oficios, desde una fábrica de ladrillos a soldador. Con el único bagaje de la calle, comenzó a escribir y a ser criticado por un mundo  academicista que le acusaba de hacerlo mal, con errores sintácticos y ortográficos. «A pesar de eso, pocos decían que describió Buenos Aires mejor que cualquier tango», asegura Pedro Curto.
    'De monstruosidad y locura' reúne diez relatos de aquella época entre los que destaca 'El jorobadito' que dedicó a su esposa con palabras para ahuyentar a San Valentín: «Me hubiera gustado ofrecerte una novela amable como una nube sonrosada, pero quizá nunca escribiré obra semejante. Te dedico este libro trabajado por calles oscuras, en contacto con gente terrestre, triste y somnolienta...».
     Leyó, viajó y llegó a ser cronista en varios periódicos argentinos de la época. El hampa y el submundo de la ciudad siempre estuvieron presentes en sus relatos, aunque nunca llegase a plasmarlo en una novela negra al uso. «Quizás penetraba en exceso en la psicología de sus personajes como hacía su admirado Dostoievski, pero al contrario que este, en Arlt los protagonistas no se salvan», señala Curto.

     Sus aventuras por el extranjero le hicieron recalar en la España de la República, aunque la huella más profunda se la dejó Africa. «En alguno de sus relatos hay mucho de las 'Mil y una noches' pero con monstruos fieramente humanos», dice.