Un leve gemido, de Melani Taylor Herrera

Dejo escapar un leve gemido. Tengo miedo de no poder controlarme, el placer me invade en oleadas cada vez más fuertes. Me muerdo el labio inferior. Hay poca gente en el cine ya que es lunes en la tarde. G esperó a que la peli arrancara y se puso en cuclillas frente a mí. Me bajó las bragas y me separó lentamente las piernas. Sus manazas se sienten calientes al igual que su lengua incansable que moja lo ya mojado, excita lo que está a punto de reventar y su melena rubia sube y baja, baja y sube causándome un cosquilleo que choca con las ganas de venirme ya. Me vengo, es imparable, enorme, caliente, brillante, fe-no-me-nal, un orgasmo de puta madre, el grito coge fuerzas desde el fondo de mi vientre y sale a decibelio puro como una bala auditiva que desgarra el silencio cinematográfico que nos envuelve. Los pocos asistentes giran sus cabezas desconcertados. Entra corriendo uno de los chicos del cine linterna en mano. G se sienta a mi lado como si nada, se acomoda la melena hacia atrás mientras termina de sorber en sus labios mi desvergüenza hecha jugo. ¿Pasa algo? , dice el chico alumbrándonos. Nada, contesta G. El chico sigue alumbrando. Es entonces cuando me bajo la falda.