Entrevista a Carmelo Anaya por su novela El guardián de mi hermano

En "El guardián de mi hermano" se narra el nacimiento de un grupo terrorista de extrema derecha. Pero no sólo debemos fijarnos en lo que ocurre en Francia, con Frente Nacional.

P. -Qué es "El Guardián de mi Hermano"?
R. -Es una novela sobre terrorismo. Sobre el nacimiento de un grupo terrorista. Sobre cómo impacta en una sociedad, como crece en ella y la deriva hacia el fascismo de un modo inevitable. El título apela a esos hacedores y salvadores de patrias que siempre encuentran justificación para el crimen.

P. -Se advierte al inicio de la novela que "cualquier parecido con la realidad No es casualidad."
R. -Efectivamente. El desarrollo de los acontecimientos que provocan los terroristas en la novela tiene ecos evidentes en nuestra historia reciente. Cualquier lector podrá comprobar cómo los criminales de esta novela han aprendido muy bien la lección que les han dado desde el norte. Tal vez el argumento no parezca muy enrevesado, pero ha sido una decisión premeditada.

P. -¿Te refieres a ETA?
R. -Claro. En "El guardián de mi hermano" se narra el nacimiento de un grupo terrorista de extrema derecha. Pero no sólo debemos fijarnos en lo que ocurre en Francia, con Frente Nacional, o en Grecia, con Amanecer Dorado. Basta mirarnos a nosotros mismos. Cómo hemos cedido ante la amenaza fascista y cómo estamos permitiendo que incluso ganen la batalla moral. Es escalofriante la reciente escena de los matadores en el matadero.

P. -¿Crees que están ganando, que no se debería haber negociado con ETA?
R. -Si ETA hubiera sido de derechas no me cabe duda de que ningún Gobierno hubiera negociado. Gran parte de lo que ocurre es una victoria para ellos. Sin alcanzar aún los objetivos últimos han conseguido poder político y económico y supremacía publicitaria, al menos en su ámbito, encontrando un eco inadmisible en formaciones democráticas. Recuerda lo que dijo Malcolm X, algo así como ten cuidado con la prensa, de lo contrario acabarás odiando a las víctimas. De ahí a la justificación histórica sólo queda un paso. Después vendrá lo demás. Nosotros, los demás, nuestro país, ha ganado la batalla de las armas, pero a un coste moral insoportable si fuésemos una sociedad sana.

P. -¿No los somos?
R. -Creo que somos un país de conformistas fascistoides. El deporte nacional es vivir a costa de los demás, quejarse por todo y, sobre todo, no hacer nada por cambiar las cosas. El franquismo político está superado. El franquismo sociológico y psicológico continúa vivo y muchos españoles y algunos partidos políticos defienden valores que no son extraños a la Falange. Nuestra principal afición es mirar a otro lado cuando hay un problema. No estamos acostumbrados ni a la libertad, que despreciamos, ni valoramos la verdad. En España está mal visto decir la verdad.

P. -Pero no se corre el riesgo de caer en el fascismo. Al menos esto está superado.
R. -En el conjunto de España sí. No podemos decir lo mismo del País Vasco. Pero aunque el resto del país no incurre en formas obscenas de fascismo sí que interiorizó sin espíritu crítico en su conducta y en sus principios aquellos valores que legaron cuarenta años de dictadura. Tal vez la transición hizo más daño del puramente político. Si hoy haces una encuesta sobre las últimas declaraciones de Marie Le Pen, comprobarás que mucha gente, de distintos, aparentemente, ámbitos políticos , estaría de acuerdo con ella en su tratamiento de la inmigración o en su lucha contra el liberalismo o la globalización o en su nacionalismo reaccionario frente a Europa.

P. -¿Cómo se enfrenta el protagonista de la novela a ese brote terrorista?
R. -El comisario Carrillo es un hombre que no puede aceptar ese estado de cosas. En novelas anteriores se cuenta su pasado profesional en el País Vasco y odia toda clase de fascismos. Se desvive en la lucha y se deja algo más que su integridad física en ella. Pierde la dignidad, pero encuentra la verdad. Claro que la verdad, en nuestro país, jamás es escuchada.

P. -Efectivamente, en la novela otros miembros de los Cuerpos de Seguridad del Estado no salen muy bien parados.
R. -He imaginado un escenario en el cual el Estado intenta aprovechar a través de sus cloacas la presencia de grupos terroristas que provocan estados de opinión manipulables

P. - La novela contiene calificativos gruesos para algunos grupos.
R. -Definir como gentuza a gente que vota fascismo en estado puro no creo que sea faltar a la verdad.

P. -¿Qué ha sentido al finalizar la novela?
R. -Que esto no tiene arreglo.



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