Rocío Peñalta Catalán: la gran esperanza del relato contemporáneo español

 

ROCÍO PEÑALTA CATALÁN (Málaga, 1983) se alimenta de la materia prima de la cotidianeidad, tocada por ese raro don de ver literatura donde los demás vemos solamente rutina. El resultado es este libro inclasificable, esta pequeña colección de piezas domésticas, estos —ya nos lo advierte el título— textos de andar por casa, capaces de devolvernos a la intimidad de nuestros propios hogares, a la emoción ignorada de nuestras propias experiencias.

 "ANDAR POR CASA" supone su debut literario, con el que ya está cosechando una muy buena acogida entre lectores y críticos. La joven escritora Rocío Peñalta Catalán nos ofrece un conjunto de «posibles relatos», textos indefiniles, páginas insólitas que están a medio camino del cuaderno de viaje, los aforismos, el diario personal o la poesía.


—Acaba de publicar el libro "Andar por casa" (Editorial Cuadernos del Laberinto, Madrid) compuesto por una serie de relatos mágicos, pequeñas piezas que forman parte de la rutina del hogar pero que ante sus ojos aparecen iluminados y se configuran en pasión por los detalles. Indíquenos el proceso de creación y qué significado tiene para usted la literatura.
—Casi todos los textos de Andar por casa tienen su origen en una anécdota real, algún pequeño suceso que da lugar a la idea de relato. Por ejemplo, en el caso del texto que abre el libro, "El brillante vuelo del pájaro albal", fue un trozo de film transparente que se me escapó volando por la ventana de la cocina; y "Producto garantizado" se me ocurrió cuando tuve que comprar una lavadora nueva porque la que tenía anteriormente se había estropeado. Una vez que surge la idea, únicamente se trata de aportarle un toque de ficción (o magia, como sugería el planteamiento de esta pregunta) y buscar las palabras adecuadas para contar la historia. En cierta medida, la literatura es eso: una forma depurada y más o menos ficcionalizada de explicar vivencias, pensamientos y emociones.

—Cómo diferenciaríamos el relato, del cuento y de la prosa poética? "Andar por casa" se nos antoja un cóctel de todos estos posibles ingredientes.
—Es cierto que las piezas que componen Andar por casa son difícilmente clasificables en lo que se refiere al género literario. No son relatos propiamente dichos, pues no siguen una estructura narrativa de planteamiento, nudo y desenlace. Muchas veces, ni siquiera cuentan una historia. Son más bien imágenes, fogonazos, fragmentos. Ideas sueltas que he plasmado tal y como me han venido a la mente. Sí que hay algo de prosa poética, en el sentido de que la mayoría de los textos tienen un ritmo de lectura bastante evidente, por la puntuación y por las palabras elegidas. Hay pasajes que casi permiten un análisis métrico, por el número de sílabas de las frases. Pero más que relatos o cuentos, yo diría que la mayoría de los textos de Andar por casa son enumeraciones. De esto me he dado cuenta a posteriori, no es algo premeditado, pero soy acumulativa, me encanta poner una cosa detrás de otra, hacer listas... hay ejemplos muy evidentes, como la sucesión de sinónimos de "¿Qué harías si no tuvieras miedo?" o las frases hechas de "Biografía"; pero casi todos los textos son enumeraciones: "Electricidad", "Producto garantizado", "Mentiras", "Última conversación", etc.

—Posee usted una prosa llena de originalidad y preciosismo que la han convertido en poco tiempo en referente de la narrativa joven. ¿Qué significa para usted la literatura, y cómo empezó a escribir?
—Para mí, la literatura es una forma de exteriorizar -expulsar incluso- ideas o emociones. A veces, no puedo quitarme un pensamiento de la cabeza hasta que no lo pongo por escrito. Es como una especie de exorcismo. Otras veces, es la manera que tengo de compartir alguna experiencia bonita que no quiero guardarme para mí sola.

Escribo desde que recuerdo. En casa, veía a mis padres leer y también compraban libros para mí continuamente. Así que, en cuanto aprendí a juntar letras, comencé a contar mis propias historias. Es curioso que, aparte de algún que otro relato, cuando era pequeña escribía sobre todo obras de teatro, que es un género que no he vuelto a tocar. Pero cuando realmente encontré la forma con la que me encuentro a gusto escribiendo, fue en la universidad. Es entonces cuando empecé a hacer este tipo de textos que hago ahora.

—Es usted experta en literatura y ciudades, concretamente en Venecia, en donde ha vivido una temporada. Cuéntenos alguna anécdota relacionada con su obra y esta experiencia-conocimiento italiana y cosmopolita. — Vivir en Venecia es una de las experiencias urbanas más originales que he tenido nunca. El simple hecho de "cruzar la calle" en barco es toda una aventura. Lo que sucedía más habitualmente, sobre todo al principio de la estancia, era salir con la intención de dar un pequeño paseo, deambular por las callejuelas, perdernos irremediablemente, y volver a casa varias horas más tarde, después de haber estado dando vueltas totalmente desorientados. En Venecia se me llenaron los ojos de imágenes, que supongo que aparecerán en algún cuento; pero lo cierto es que fue una estancia tan apacible que no escribí nada durante ese periodo.

—Hace unos años todo el mundo se puso a escribir haikus y microrrelatos, ahora ha resucitado el fenómeno de la literatura romántica y el cómic es el género del que viven gran parte de los libreros, ¿hasta qué punto se puede decir que la literatura conserva ese espíritu de libertad o de creación alejado de la moda o de los medios de comunicación?
— Yo creo que los autores, en general, vivimos un poco al margen de las modas y cada uno escribe "lo que le pide el cuerpo". Las editoriales, sobre todo las grandes editoriales, son las que están más pendientes de las tendencias, los gustos de los lectores o los medios de comunicación; pero, evidentemente, para ellos la literatura es su negocio, se trata de vender lo más posible, como es lógico. También hay escritores que se suben al carro del género literario o la temática de moda para sacar el máximo partido a sus obras. Pero como la mayoría sabemos que no nos vamos a hacer ricos escribiendo, podemos ser perfectamente independientes de las tendencias de cada momento.

—Si pudiese cambiar algo en este mundo a través de sus obras, ¿qué sería?
—Esta pregunta es tan amplia que me dan ganas de contestarla como si fuera candidata a Miss Universo: "la paz mundial".
Yo no pretendo cambiar nada con mi obra. Ni enseñar nada tampoco. De hecho, detesto las moralejas.
Si mi obra sirve para que los lectores encuentren eso que hay de especial en cada gesto cotidiano, ya me parecería todo un logro. Aunque creo que mi gran aportación ha sido leerle uno de mis cuentos sobre afiladores, "Chuzos de punta", a un afilador.

¿Qué opinión le merece el libro digital? Yo soy muy romántica. O muy materialista, según se mire. Me gusta el libro como objeto. Además, me cuesta mucho menos levantarme a coger un libro y abrirlo, que encender el libro electrónico, cargarlo si no tiene batería, buscar el archivo... no sé, me da pereza.
Entiendo que editar libros en formato digital es mucho más barato, es más fácil comprarlos desde cualquier lugar del mundo, puesto que no tienen soporte físico, y elimina los costes de distribución. Sin embargo, me parece que el precio de venta del libro digital no se corresponde con todo el ahorro que este tipo de publicación supone para las editoriales.

—¿Cómo ve la España cultural contemporánea? Veo dos tendencias diferenciadas pero complementarias. Por una parte, la "oficial", la que promueven las instituciones y las empresas; y por otra la de la calle, la de pequeños grupos y asociaciones, la de locales que organizan sus propias actividades. Creo que hay muchísimo movimiento cultural, sobre todo en las grandes ciudades, pero también en las pequeñas, y creo que hay espacio para todo. La calidad es bastante dispar, es cierto, y no se corresponde necesariamente con la inversión que hay detrás de cada actuación. Lo único que no hay es financiación para todos los proyectos, pero hay muchas alternativas. Soy optimista.


¿QUÉ HARÍAS SI NO TUVIERAS MIEDO?
Ante esta pregunta, muchas personas se plantean grandes retos.
Si no tuviera miedo... Dejaría un trabajo que no me gusta. Le diría a esa persona que la quiero. Viajaría a Sierra Leona o a Turkmenistán. Cruzaría el estrecho de Kerch a nado. Me lanzaría en paracaídas.

Yo, si no sintiera miedo, sencillamente, sentiría temor, desasosiego, cobardía, aprensión, desconfianza, recelo, turbación, canguelo, sobresalto, inquietud, congoja, preocupación, zozobra, desazón, intranquilidad, susto, sobrecogimiento, angustia, estremecimiento, inseguridad, consternación, alarma, conmoción, espeluzno, horror, fobia, espanto, terror, pavor, pánico.
Tengo tantas alternativas como sinónimos.

 

MÁS INFO:http://cuadernosdelaberinto.com/Narrativa/Andar_por_casa.html