El último Borbón, antología de Ediciones Irreverentes

Ediciones Irreverentes invitó a destacados autores de ciencia ficción y a otros más dados a la sátira, a imaginar que el actual rey de España, Juan Carlos de Borbón, es el último Borbón de la historia de España. En estas páginas están las consecuencias.
     En esta antología de ucronías se especula sobre realidades alternativas ficticias, desde la familia de Aznar convertida en familia real, hasta la recuperación en un futuro lejano del cerebro del monarca, crionizado siglos atrás, pasando por una trama paralela del Golpe de Estado del 23-F o un tiempo futuro en que España estará colonizada por Alemania, entre otros futuros posibles.
     Como afirma Peña en el prólogo, se medita, con más información y reflexión que respeto, sobre esos Borbones de "caras tan poco agraciadas; con su querencia desenfrenada a la caza de todo lo que se moviese; con su derecho de pernada sobre toda dama, damisela, moza o mozuela que se le pusiese por delante; con su manía de meterse en todo lo que, políticamente, podían hacer mejor otros". Y de esa meditación han salido relatos tan deliciosos como un café caliente tomado sobre las ruinas del Apocalipsis.
     Los valientes autores que se han atrevido con el tema son
Félix Díaz, Nelson Verástegui, David J.Skinner, Teresa Domingo Catalá, Francisco José Segovia Ramos, Raymond Mora Espinosa, Pedro Pujante, Francisco J. Peña Rodríguez y Miguel Ángel de Rus, los dos últimos, además, editores literarios de este arriesgado libro.

12 euros • 144 páginas  • ISBN: 978-84-16107-04-9


Una antología ácida con los Borbones (Francisco José Peña)
 

Todo comenzó con el pobre Carlos II, a quién un guasón madrileño, como casi siempre, motejó con el sobrenombre de el Hechizado. El buen hombre, digno representante de una estirpe endogámica, se fue de este valle de lágrimas el 1 de noviembre de 1700 con la misma poca importancia con la que había pasado por el Trono. Y la cosa se lió parda: el zorro viejo que fue Luis XIV, desde Versalles vio una factible colocación para su nieto Felipe de Anjou y, hete aquí, se nos vinieron los Borbón Anjou a vivir a España después de una larga guerra y de una paz, la de Utrecht (1713), en la que perdimos Menorca y Gibraltar. La primera, como se sabe, es una isla hermosa en donde si nos da la gana podemos pegarnos un buen baño, conocer gente y bailar bajo las mezclas de un moderno Dj, pero con Gibraltar... ¡Ay, Gibraltar!
            Como iba reflexionando, los señores Borbón ¾que no bourbon¾, con aquellas caras tan poco agraciadas; con su querencia desenfrenada a la caza de todo lo que se moviese; con su derecho de pernada sobre toda dama, damisela, moza o mozuela que se le pusiese por delante; con su manía de meterse en todo lo que, políticamente, podían hacer mejor otros, se nos instalaron aquí y, bueno, así como al principio la cosa iba bien con la Ilustración y demás ideas afrancesadas del tipo Real Academia de la Lengua, Real Academia de la Historia; que si el Diccionario, que si la Ortografía… Pero Felipe V perdió la cabeza y hasta se ubicaba junto a los tapices que representaban caballos y los galopaba dando saltos, cual chiquillo en edad menuda, para flipe de sus servidores, que tenían que aguantarle que les lanzara sus excrementos cuando le venía al monarca en su real gana.
            Tuvimos la ocasión de enderezarnos algo con Fernando VI, pero duró poco y también sufrió de Alzhéimer; le sucedió su hermano, Carlos III, con una madre malísima en la línea de la madrastra de Blancanieves, pero tampoco la cosa le fue del todo bien porque la oportunidad que supuso el gobierno de Esquilache la tiró por la borda. Del hijo y del nieto de este mejor ni hablar; el Deseado le llamaban a Fernando VII ¾me parto, pues no sé por quién, pues hasta los que luego fueron los carlistas no lo podían ni ver¾. La niña Isabel II se ocupó mucho más del catre que de España y (seguir leyendo en http://www.edicionesirreverentes.com/2099/Ucronia.html)