José María López Conesa: "El amor es hielo y fuego"

Entrevista de Francisco Javier Illán Vivas publicada originalmente en Vegamedia press
 
Pregunta.- Ocho novelas contemplan tu actividad literaria en el campo del libro, pero la más reciente, Crimen en la Torre de Montijo, es un salto de calidad hacia dar a conocer tu narrativa a nivel nacional e internacional, gracias a Ediciones Irreverentes.
Respuesta.- Es un salto  cuantitativo y cualitativo. El escritor quiere que sus obras alcancen la mayor difusión posible y por eso aprovecha cualquier circunstancia que contribuya a la expansión de sus creaciones literarias. Ediciones Irreverentes, de Madrid, ha confiado en  mí y ha lanzado al mercado nacional e internacional  una novela que hace mucho tiempo tenía yo ilusión por sacar a la palestra.

P.- Durante ocho años consecutivos fuiste publicando una novela. Después te tomaste no un año sabático, sino dos o tres. ¿Influyó ese tiempo de reposo para decidirte para dar el salto a una editorial con perspectiva nacional e internacional?
R.- Varias son las razones por las que decidí permanecer en la sombra y no publicar en ese tiempo. Al ser ésta del escritor una vocación, más que profesión, ralenticé la puesta en escena de mis escritos, a pesar de que la cosecha seguía recolectándose anualmente. Guardé en los cajones de mi despacho la producción a sabiendas de que, al ser fruta que no se corrompe con el tiempo, le llegaría el momento oportuno de salir de su ostracismo. Cuando tuve la ocasión de contactar con Miguel Ángel de Rus, inquieto editor que conocí a través de ti, consideré que había llegado el momento de publicar CRIMEN EN LA TORRE DE MONTIJO.



 P.- Hablemos de Crimen en La Torre de Montijo. Tengo entendido que está basado en una historia que te narró tu padre, Agustín López Bernal, hace más de cincuenta años.
R.-La Torre de Montijo es un núcleo residencial que siempre, desde muy niño, me atrajo. Incluso, me hubiera gustado vivir  en este, para mí, original paraje por la placidez y soledad de su ubicación geográfica. Mi padre, colono y labriego, me llevó en numerosas ocasiones  a La Torre y, en los ratos de la siesta, en mitad de la jornada laboral, me contaba historietas para pasar distraído y olvidarme de la calima asfixiante del mediodía. Yo creía a pié juntillas los relatos paternos. Y ni siquiera me detenía a pensar si aquellas narraciones nacían de sucesos reales o, simplemente, eran producto de la imaginación de mi progenitor. Parte de aquellas explicaciones han servido de base para la novela. No es una novela histórica, sino costumbrista.

P.- Pero la acción de tu novela no la sitúas en aquellos años, sino mucho después. Para que el lector se haga una idea, ¿en qué tiempo histórico transcurre la narración?
R.-De ser cierto el crimen, hubo de acontecer en tiempos inconcretos. Pero como La Torre de Montijo que yo conocí era la de mediados del siglo XX, a esta época trasvasé el macabro suceso. Era un tiempo en que la vida bullía con fuerza, la fuerza de aquellos labriegos movía la tierra  con legones y azadas que exigían un duro esfuerzo muscular y que, acabada la peonada, se resarcían con la única posibilidad que les brindaba el lugar: la taberna de “El Quemao”, donde yo mismo pude saborear el arte culinario de sus dueños acompañando a los sudorosos agricultores que, entre buenos cuartillos de vino comentaban, sin tapujes, los más dispares sucesos del día. Lógicamente, hay añadidos imaginados para que la novela tomara cuerpo y resultara más atractiva.

P.- En efecto, como dices, Torre de Montijo es un lugar que aún existe, aunque languidece. Es un lugar al que no se va por casualidad, sino que hay que ir a caso hecho, ya que el trazado de las carreteras lo han dejado aislado. ¿Encontrará un visitante actual la Taberna del Quemao, por citar un lugar emblemático de tu novela?
R.-Antes y después de sacar a la luz pública los acontecimientos que relato en la novela, en numerosas ocasiones gusté de visitar este lánguido paraje. He paseado, al ocaso, y lo sigo haciendo cada vez que se me antoja rememorar aquellos años de mi niñez.  Es una delicia recorrer el complejo abigarrado de casas muy antiguas junto a otras bien reformadas  y que sus propietarios habitan en los días festivos y en las largas temporadas estivales. De la  taberna de “El Quemao” sólo queda en pié la rústica fachada ante la que suelo permanecer, sentado enfrente, en el restaurado horno de leña, para recordar las vicisitudes que plasmo en la novela.

P.- El lector ya ha descubierto que estamos en un ambiente rural, donde todos los vecinos se conocen (Florita, la personaje femenino de la novela, llega a afirmar que todos en La Torre tienen siete ojos), donde en unos doscientos metros podemos haber recorrido todo el núcleo urbano. ¿Cómo puede ocurrir un crimen en un lugar como ese?
R.-Los núcleos escasamente poblados facilitan la aparición de los sentimientos propios del ser humano. El contacto diario y la sempiterna convivencia son caldo de cultivo para que afloren tanto la amistad como la enemistad, la ayuda y comprensión como el afán de revancha, la vida humilde  junto a la vana ostentación… Y cuando varios mozos se encaprichan de la chica más linda del contorno, con facilidad entran en juego los celos, las disputas por conseguir el sí quiero de la muchacha hasta que va tomando cuerpo la mala idea de aniquilar al que puede arrebatar presa tan apetecible. El amor es hielo y fuego.  

P.- Hemos hablado de un crimen, pero me atrevo a desvelar que, durante la lectura de la novela, encontré dos crímenes. Entiéndase, un crimen en el sentido que le hubiesen dado los vecinos a lo acaecido a Florita (“es un crimen lo que te han hecho”) y un asesinato, la aparición de un cadáver que agita hasta los cimientos la convivencia en La Torre de Montijo.
R.-Estás en lo cierto. El crimen que afecta a Florita es el primer eslabón de una cadena de desgracias  que termina con su vida tranquila, que la lleva por caminos de desorientación hasta que  la muchacha cambia por completo su escala de valores y acaba enganchada a una vida muy distinta de la que soñaba llevar unos años antes. Hay veces  que las circunstancias que nos avienen  transmutan nuestro recto proceder. El asesinato de Antonio “El bigotes” es la consecuencia ineludible de su falaz amor conyugal y de no saber llevar las riendas de un capricho fugaz. Siempre hay alguien más poderoso y con menos conciencia que uno mismo.   

 P.- Las nuevas generaciones están acostumbrados a que los crímenes ocurran en Las Vegas, en Miami, en Nueva York… pero nosotros somos de una generación donde los crímenes ocurrían en núcleos poblacionales pequeños. En ese sentido cuando leí la novela me trajo recuerdos de Cabot Cove (donde vivía la señora Fletcher, de Se ha escrito un crimen), o St. Mary Mead (donde vivía la señorita Marple).
R.- La psicología humana no es distinta  ni anda atada a la toponimia. Los valores y contravalores de las personas no están condicionados por el lugar donde nos desenvolvemos, sino por la actitud que adoptamos en nuestro andar por el mundo, por la recta  o desviada inclinación con que afrontamos la realidad de vivir.

P.- Y esa cercanía te ha permitido también, además de recrearte en el misterio del crimen, en desarrollar tu gusto por contar aventuras del hacer cotidiano de la gente que te rodea, tanto de Molina de Segura como de la huerta entre aquella y El Llano de Molina.
R.-Amén de la imaginación, condición inherente a cualquier escritor, la realidad te va suministrando elementos característicos con los que elaborar un relato. El novelista costumbrista se ciñe a lo que ve, a lo que oye, a lo que le acompaña a lo largo de su peregrinar. Mucho de lo que escribe puede ser atestiguado por sus lectores. El éxito es más notorio cuando les  deja  que su sagacidad distinga lo genuino de lo efímero, lo real de lo inventado. Este binomio realidad-imaginación atrapa al lector.  

P.- La novela se ha presentado en varios lugares de la Región de Murcia, pero queda pendiente el gran evento, su presentación en sociedad en Madrid. ¿Para cuándo podremos ver Crimen en La Torre de Montijo en la planta de arriba del Café Comercial?
R.-Espero hacerlo pronto. Han surgido una serie de problemas de salud que me han retenido en casa. Ya se sabe lo lenta que es la sanidad. Aún tengo pendiente una intervención quirúrgica renal. Tan pronto como me halle en condiciones hablaré con mi editor y nos trasladaremos a Madrid. Lo estoy deseando.

 P.: Eso sí es importante, te deseamos una pronta recuperación. Permíteme pasar a preguntas más particulares, que servirán para que los amantes de las hemerotecas descubran si tus gustos han cambiado. ¿La buena literatura está hecha por gente desobediente?
R.-Los escritores  somos, muy a menudo, vulnerables a las influencias. Además, a pesar del continuo cambio al que nos someten las circunstancias, creo que está casi todo inventado y, por tanto, apenas podemos añadir algo original, pues vemos que, sorprendentemente, cuando llega  a los ojos algún libro desconocido, tiene cierto paralelismo y analogía con lo que escribimos. Hay un sello personal en cada novela, y  en el lirismo, pero admitimos que las influencias de los grandes maestros de la literatura son palpables, motivo por el que  muchas veces se nos cataloga en alguna de las diversas líneas estilísticas.La desobediencia es necesaria, aunque no siempre la logramos. Otra cosa es el inconformismo. La vida nos exige la rebelión, porque la pluma influye en la sociedad.  
 
P.- ¿Tú crees, como dice la escritora hindú Anuradha Roy, que escribir es al mismo tiempo un regalo y una opresión?
R.-Escribir es mucho más que un regalo. El que no escribe, por los motivos que sean, gozará de otros regalos. Escribir tampoco es una gesta heroica, sino el ejercicio, con mayor o menor acierto, y el reconocimiento  de la vox populi de un arte al que se llega tras muchos años de preparación adquiriendo conocimientos, leyendo  y con incalculable esfuerzo mental. La lectura y la escritura son para los hombres libres. Los que se sientan oprimidos tienen el escudo del pseudónimo o el anonimato.

 
P.- Y a continuación porque, en efecto y como bien dices, te he oído defender muchas veces el placer de la escritura, no me resisto a añadir la reflexión de Francisco Gijón, quien pone en boca de uno de sus personajes: nadie que es feliz escribe, como tampoco nace el arte de ningún ser pleno.
R.-El escritor no anda cogido de la mano de la felicidad, que tiene sus propios caminos. Bien es cierto que se escribe, normalmente, por gusto, por el placer de expresar y dejar constancia in sempiternum   de lo que se cuece en el cerebro y en el corazón, pero, si se toma como una obligación, puede resultar hasta molesta. Escribe el que es feliz y, también, el desgraciado. En la Historia de la Literatura podemos contemplar ambas vertientes.

 P.- Esta es pregunta es clásica, ya debes conocer la respuesta, pero no sé si nuestros lectores la recuerdan- No sólo de letras vive José María López Conesa. ¿Dónde podemos encontrarte en la red? ¿Le dedicas mucho tiempo?
R.-Tras mi jubilación, al disponer de mucho más tiempo libre, me he convertido en un asiduo de las redes sociales. Esta dedicación me reporta cierto bienestar, estar en contacto con los amigos, sean o no escritores, estar al tanto de lo que sucede…