"La Gomera y el arrebato" de Montserrat Cano en la Feria del Libro de Madrid


Mañana, jueves, 12 de junio, de 19 a 21 horas la escritora Montserrat Cano firmará sus libros MORISCOS. EL LINAJE PERDIDO y LA GOMERA Y EL ARREBATO en la Feria del Libro de Madrid 2014 (Caseta 320. Librería Antonio Machado). 

Hemos aprovechado la visita de la autor a Madrid para sabe más sobre una de las guías de viajes más literarias y originales de nuestro país, una guía sobre la isla de La Gomera.  Monterrat Cano nos describe esta isla que tan bien conoce y en la que reside gran parte del año; esta isla a la que llegó y en la que se quedó tras sentir el arrebato del enamoramiento por el paisaje, sus habitantes y el ambiente úncio.
La pluma de Montserrat va unida a las fotografías de Antonio Martínez Castaño, que capítulo tras capitulo pone color a los pasos que sueñan la tierra y el mar.

Si La Gomera tiene algo de especial es que nunca se repite a sí misma. Se puede recorrer un camino en cien oportunidades y en cada una de ellas el paisaje es distinto. Basta un ligero cambio en la luz, un soplo de viento o un jirón de nube para que un barranco entero adquiera una textura diferente. Las mismas tabaibas que un día confieren a los barrancos una tonalidad de verde tierno, a la mañana siguiente lo convierten en una pared húmeda y parda; los bancales, que a cierta hora resplandecen y sugieren la fecundidad de las huertas, un poco después se trasmutan en eriales sombríos. Sólo Garajonay es inmune a los cambios, pero es que el bosque es algo aparte, un mundo antiguo y pausado, de ritmos incomprensibles para la percepción humana. Así pues, excepto en el parque, siempre hay en cada lugar de la isla un momento que es el primero o que parece serlo, un instante capaz de conmover y de permanecer en la memoria como el único y el irrepetible, ése que sirve de referencia a todos los que vendrán después. 




—¿Llegó a La Gomera y sintió un flechazo por esa isla? ¿Qué la llevó a escribir esta guía literaria "La Gomera y el arrebato"?
—Creo que sí, se puede decir que fue un flechazo. Del mismo modo que, en ocasiones, nos sucede con las personas, yo me enamoré de la isla a primera vista. Y también, al igual que suele ocurrir en todos los enamoramientos, sentí pronto la necesidad de contarlo, de transmitir todo aquello que a mí me parecía digno de ser admirado en La Gomera. Eso fue lo que indujo a escribir el libro, expresar mis sentimientos respecto a ese paisaje, entendiendo por paisaje la totalidad de lo que es la isla: gentes, cultura, relaciones, incluso aspectos negativos. Naturalmente, mi descubrimiento personal de la isla fue posible porque yo me encontraba en aquel momento inmersa en una búsqueda de un lugar especial en el cual vivir y tal vez, en otro momento, mi reacción ante la indudable belleza de la isla hubiera sido otra. Escribí el libro como una manera de compartir un espacio físico, mental y emocional muy determinado, mi espacio, que al mismo tiempo puede ser el que cualquier otra persona que visite La Gomera.

—¿Qué debe aportar el escenario para que la literatura nazca y pase del escritor al papel?
En términos generales, no lo sé, supongo que, como en tantas otras circunstancias, se trata más bien de casos particulares de los que es difícil extraer una norma. En lo que a mí respecta, el escenario de La Gomera fue y es un escenario que cumple los requisitos que a mí me hacen falta para estimular mi creatividad: una belleza natural difícil, que exige una contemplación activa; la lejanía física y mental de los escenarios habituales en que he vivido; la insularidad, con toda la carga literaria que el término isla conlleva; y la elección absoluta, ya que La Gomera es el único sitio que no he habitado por alguna clase de imposición o necesidad. Todo eso, mezclado, ha hecho que me haya resultado natural, yo casi diría que imperativo, convertir mi experiencia en escritura, algo de lo que, por otra parte, siempre he huido conscientemente, incluso cuando he escrito poesía. La Gomera y el arrebato es el único texto en que me he permitido tratarme a mí misma como un personaje. Me ha resultado muy difícil y ni siquiera me atrevo a asegurar que haya sido grato pero, si me guío por los comentarios que ha recibido el libro, debo reconocer que ha merecido la pena.


—Usted trabajó para declarar el Silbo Gomero como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Indíquenos brevemente el motivo central por el que pensaron que era necesaria esta consideración.
Es difícil indicar un único motivo central, pero podría destacar la necesidad de apoyar la conservación de un bien cultural muy delicado. El Silbo Gomero no se encuentra en peligro de extinción gracias a una política muy activa que incentiva el aprendizaje de las generaciones más jóvenes de la isla. De hecho, es una asignatura obligatoria en los colegios e institutos de la isla. Sin embargo, ya no tiene la utilidad que permitió que sobreviviera durante siglos, por lo que ahora es un bien cultural cuyo mayor mérito es su propia existencia. Se está trabajando mucho para incluirlo en el acervo patrimonial y turístico de la isla, es decir, para que siga vico y activo, pero el reconocimiento de la UNESCO sirve, en casos como este, para reforzar la importancia del elemento de que se trata, hacerlo visible en todo el mundo para, de ese modo, garantizar que se continuará velando por él, y fortalecer la conciencia comunitaria de su valor.

—¿Sigue considerando La Gomera como ese paraíso al que llegó en 2005? ¿Cómo ha influido en la isla, sus habitantes y visitantes el gran incendio del 2012? —En lo que a mí respecta, La Gomera sigue siendo un paraíso, mi paraíso. Pero como todo edén, tiene sus demonios. El incendio de hace dos años fue la manifestación más clara de que en La Gomera, como en todo el mundo desafortunadamente, existen personas que no saben apreciar ni cuidar lo que tienen y que, además, olvidan que solo les pertenece en usufructo porque el Parque de Garajonay es también Patrimonio de la Humanidad reconocido por la UNESCO. Y digo esto porque, como es sabido, el incendio fue provocado intencionadamente. El fuego fue terrible y arrasó lugares muy hermosos de la isla. Pero el clima en Canarias, y sobre todo en las islas occidentales, es muy benigno y algunas especies, como por ejemplo los brezales de las zonas altas, ya se están recuperando. Creo que de todo aquel horror —porque horror es lo que vivimos— ha resultado una sola cosa positiva y es que, me parece que ha aumentado la conciencia de que algo así no puede volver a ocurrir. En cuanto a los visitantes, excepto en lugares muy concretos donde aún quedan señales de la quema, la isla sigue siendo un espacio privilegiado para disfrutar de la naturaleza y la tranquilidad.

—Además es usted una gran conocedora de Portugal, ¿Por qué creé que nos llega tan poco información cultural sobre nuestros vecinos?
—Supongo que porque nos hemos acostumbrado a vivir de espaldas a ellos. En Portugal se sabe mucho más de España que en España de Portugal. Ese ha sido durante demasiado tiempo, y salvo para una minoría, el vecino pobre, que no molestaba mucho y al que no había que hacer mucho caso porque no tenía nada interesante que ofrecernos. Al contrario que Francia e Inglaterra que, en diferentes épocas, han sido referentes a los que imitar, Portugal era el único país de nuestro entorno europeo menos desarrollado económicamente que España. A eso hay que añadir los años de dictadura en ambos países, con gobernantes empeñados en aislar sus respectivos países. Esos son hábitos que quedan, que lastran, y aún seguimos volcados en las novedades culturales que nos llegan de otros entornos más lejanos, olvidando estas que tenemos cerca. De todas maneras, creo que esta situación está cambiando. En los últimos años ha aumentado el intercambio, la información entre creadores y, en general, el interés por la cultura portuguesa en su conjunto. Creo que la actual crisis puede ralentizar un poco esos avances pero me parece que conocernos y entendernos a fondo es una obligación histórica que tendremos que acatar, tanto los españoles como los portugueses.

—Viajes, literatura y la defensa de la igualdad de la mujer. ¿Son sus tres pilares o pasiones?
Son tres de ellos. Otro es trabajar por una sociedad más justa, con valores ajenos al capitalismo dominante y con respeto por la casa común que es nuestro planeta. Es más, yo diría que esto último es el escenario imprescindible para todo lo demás. Me apasiona viajar para conocer un poco del mundo y de las personas que viven en él y para constatar que en las cosas esenciales los seres humanos somos muy parecidos en todos los lugares, mientras que en las más visibles somos muy diferentes. Creo que apoyándonos en esas similitudes y respetando estas diferencias podríamos construir un mundo mejor. Como individuo poco puedo hacer, pero como escritora tengo el privilegio de hacer que mi voz se escuche un poco y procuro actuar en consonancia con esa responsabilidad.

¿En qué proyectos literarios está trabajando? A finales de este año o principios del próximo publicaré con la editorial Cuadernos del Laberinto un libro de poesía, estoy acabando un libro de relatos y espero iniciar este verano la redacción de una novela. 

Más información: http://cuadernosdelaberinto.com/Narrativa/LaGomera.html

 La autora: Montserrat Cano
Montserrat Cano afirma que se siente ciudadana del mundo. Nació en Vilafranca del Penedés (Barcelona), en 1955. Tres años más tarde, su familia se trasladó a La Pobla de Segur (Lérida) donde vivió hasta 1960, fecha en la que, a causa del trabajo de su padre, tuvieron que fijar su residencia en Madrid. Desde entonces, Madrid ha sido su ciudad o, mejor dicho, la principal de ellas.
Aliaga, un pueblecito de Teruel donde pasó muchos veranos en la casa de sus tíos, es el reducto imaginario de su niñez. Vallehermoso, en La Gomera, el paraíso alcanzado. Santa Catarina, cerca de Lisboa, el lugar desde el que, en los últimos tiempos, planea su futuro. Se ha enamorado de casi todos los lugares que ha visitado y desearía vivir lo suficiente para conocer el mundo entero.

Estudió Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid y trabajó durante muchos años en Telefónica. Tiene dos hijos. Amante del cine, la música clásica, la historia, la pintura, los carnavales y las discusiones con los amigos, es una lectora compulsiva y una escritora lenta. Ha publicado los libros de relatos Retrato de la felicidad, Equilibrio inestable, Dios y sus dados y Cielo abierto, y los poemarios Arqueología y La mujer desarmada. Ha participado en numerosas obras colectivas y su obra figura en varias antologías.

En narrativa ha obtenido, entre otros, los premios Gabriel Miró, Teodosio de Goñi, Tomás Fermín de Arteta, Flora Tristán y Villa de Benasque, además de accésits en Hucha de Oro, Cuidad de Villa del Río y Ciudad de Tudela. En poesía ha sido premiada en los certámenes Juan Antonio Torres, Laguna de Duero y Dionisia García.

Más información: www.montserratcano.es