Entrevista al poeta Julián Garvín Serrano

Dentro de una semana, los lectores podrán encontrar en las librerías la nueva apuesta de la editorial Cuadernos del Laberinto, en su colección especializada en poesía. Se trata de LOS VERSOS VIVOS, del talabricense JULIÁN GARVÍN SERRANO

La voz del poeta nos hace recorrer los caminos de la niñez y la juventud: las primeras ilusiones, el entorno familiar, el descubrimiento del amor y la reafirmación en uno mismo. Son poemas llenos de madurez, son señales de cómo los sentimientos se fraguan, se pelean y hacen que la condición personal sea un recorrido duro, una lucha con el entorno y las condiciones propias. Julián Garvín se nos muestra como un poeta que viene cargado de independencia y una personalísima forma de cantar al mundo.



—Próximamente llega a las librerías su primer libro de poemas "Los versos vivos". ¿Qué recoge este título tan sugerente, qué son "Los versos vivos"?
—"Los versos vivos" son la historia de mi vida. Son esos poemas que llevo escribiéndome toda la vida. Algunos han evolucionado conmigo durante más de 15 años, por eso esto de "versos vivos". Son mi primer conjunto de poemas… mi primer y único conjunto hasta la fecha pues, como digo, son la historia de mi vida en verso. La verdad es que ha sido una enorme ilusión poder mostrarlos al mundo. Ilusión y responsabilidad pues se trata, en toda regla, de un desnudo (emocional) integral.


—Últimamente parece que la poesía goza de muy buena salud, se ha relanzado la afición por la rima y la métrica, sobre todo entre la juventud ¿A qué cree que es debido este despertar poético?
—El género poético permite, sin duda, explorar lo más hondo del alma de uno. Creo que ese es el secreto de su resurgir, de su renacer… estamos más necesitados que nunca de conocernos a nosotros mismos, "sabernos" por dentro, explorar los sentimientos más profundos del ser y, por supuesto, contarlo. Yo creo que esta es la razón por la que se hace tanta (y tan buena) poesía. También aquí radica la necesidad de consumirla como lector.


—En su caso concreto ¿Cómo llegó hasta la poesía?
—Llegue de una forma natural, casi inconsciente. En mi familia hay grandes aficionados al género y, prácticamente desde que tengo uso de razón, me recuerdo asistiendo a recitales, certámenes… leyendo a poetas consagrados, poetas de mi zona, poetas más jóvenes… todo el grueso de mi lectura siempre se compuso de versos y más versos y, claro, tanto leer… uno empezó a escribir. Lo que empezó como un juego de rimas y letras, se ha convertido en estos "Versos Vivos" que ahora presentamos.


—En su libro define a su abuelo como azul ¿Es esto un toque surrealista o un guiño se sensaciones encontradas?
—El tema del "azul" representa para mi algo onírico, algo que está en ese escenario entre la realidad y los sueños. Yo no conocí a mi abuelo materno, miento. Él me conoció en brazos de mi madre y nos dejó cuando yo apenas tenía una semana de vida. El caso es que ese "azul" de mi abuelo es la imagen de él que yo me he construido en base a los recuerdos de otros, las definiciones de mi familia… aquellos que sí le conocieron en profundidad. Azul es, además, mi palabra favorita, mi color favorito… representa por tanto todo lo positivo que yo valoro. Entre esas cosas, está mi abuelo. Primero, porque fue un gran hombre y, segundo, porque fue un hombre vinculado a las letras, al conocimiento. Fue un buen hombre y un gran maestro de escuela.


—"Los versos vivos" es un almanaque de poesía de juventud, un recorrido por la etapa previa a la madurez. Sin embargo en su caso está muy presente la reflexión y la mesura. ¿Cómo se logra ese equilibrio en plena efervescencia vital? ¿Es la literatura algo muy serio en su vida?
—Siempre me he considerado una persona reflexiva, con talante tranquilo. La efervescencia del paso a la madurez, la viví, claro está, como todos y en ese estado, sin duda, me refugié en la poesía. "Los versos vivos" no son textos adolescentes, no son poesía juvenil… son la trayectoria de vida de una persona joven, nada más. Insisto en que los textos han evolucionado conmigo, por tanto, su remate final, su forma última ha sido dada por un hombre de 30 años. El que se enfrente a mi poemario encontrará letras duras, palabras bellas de amor y, sobre todo, mucha introspección y ganas de bucearse por dentro. En cuanto a la importancia de las letras en mi vida diré que, por supuesto, son esenciales en mi día a día. Me gusta construir historias en forma de versos y leerlos también. Leer las vidas de otros, las historias de otros. La literatura es mi combustible vital.


—¿Qué le ofrece la poesía en comparación con la narrativa?
—Me ofrece un lenguaje que entiendo y comparto. Es como leer un libro en la lengua materna de uno. Es verdad que amo la narrativa también. Soy gran aficionado al verso pero también a los textos el prosa. Me encanta la novela negra, la novela histórica… los ensayos amenos… Soy gran lector de textos informativos (aquí, poco verso cabe) en fin, la lectura en general. Es verdad, como digo, que en poesía me siento como pez en el agua, me parece la expresión máxima del arte de decir. Del arte de contar.


—El libro termina con una serie de poemas de amor "Anatomía" dedicados a Marta, su enamorada. ¿Considera la poesía amorosa como la cima de la expresión lírica?
—Sin duda alguna. Los versos de amor son el mayor regalo que uno puede hacer, que a uno le pueden hacer. Es el cúlmen de lo lírico. No hay nada más bello que un buen poema de amor… por lo que representa, por lo que significa para el autor y sobre todo, por cómo se transmite esa representación de ambos. Sin duda si hay que elegir entre versos, me quedo con los de amor.


—¿A qué poetas admira, cuáles son sus poemarios de cabecera, esos que casi se sabe de memoria?
—Soy gran lector de los clásicos, Machado, Lorca… Me gusta también mucho la poesía de José Hierro, Luis García Montero… los versos de mi paisano Joaquín Benito de Lucas, mi querido Pedro Tenorio (maneja la lírica profunda como nadie). El gran Rafael Morales… En fin, los leo y me empapo. Espero llegarles, algún día, a la suela del zapato.


—¿Qué le mueve a escribir?

—Pues me mueve la vida misma. Escribo porque vivo… VIVO PORQUE ESCRIBO.oy gran lector de los clásicos, Machado, Lorca… Me gusta también mucho la poesía de José Hierro, Luis García Montero… los versos de mi paisano Joaquín Benito de Lucas, mi querido Pedro Tenorio (maneja la lírica profunda como nadie). El gran Rafael Morales… En fin, los leo y me empapo. Espero llegarles, algún día, a la suela del zapato.

MÁS INFORMACIÓN:
Editorial CUADERNOS DEL LABERINTO
Coleccción ANAQUEL DE POESÍA, nº 38
Prólogo: PEDRO TENORIO
I.S.B.N: 978-84-942539-4-2 • 140 páginas • 10€


 El autor: Julián Garvín Serrano
(Talavera de la Reina, Toledo. 1984)

Ejerce la profesión de periodista como Coordinador de Cadena y Jefe de Informativos
en Kiss FM.

Para Julián Garvín Serrano, la poesía es una forma de vida, un sistema de expresión de sensibilidades del que no puede prescindir. Cada poema intenta transmitir esas ideas, gérmenes de vida que se sienten desde muy hondo y que poseen un fuerte signficado. La poesía es un mundo por descubrir, es tu mundo por descubrir.

Los versos vivos es el primer conjunto de poemas que reúne bajo un mismo título y que configura un mundo joven, único y creado desde los sentimientos.

@juliangarvin
#losversosvivos