Joaquín Lera: primavera de novedades

El inconbustible JOAQUÍN LERA nos trae en este mes de abril nuevo poemario "CARTAS A MAITENA" (Editorial Cuadernos del Laberinto, Madrid), y nuevo CD+DVD "La cuna del agua"

Lera, como la primavera entrante, renace y nos deleita con sus idas y vueltas por el mundo, con una maleta cargada de ritmo, con un pasaporte en verso y con su inquebrantable sonsira y amistad.

"Cartas a Maitena" viene precedido por un prólogo de Luis Alberto de Cuenca, amigo personal del autor, pero que pese a eso sabe mantener la objetividad y nos habla de las viviencias y sensaciones que la obra de Lera provocan en el lector:

Joaquín Lera es uno de esos seres que, si no existieran, dejarían al mundo aún más desamparado. Nadie como él para fundir en un mismo crisol dos elementos que nacieron juntos y que luego fueron disociándose con el paso de los siglos: me refiero a la música y a la poesía, y Lera no siempre convierte sus poemas en canciones, sino que reparte su creación literaria entre poemas para ser leídos en voz baja y poemas para ser escuchados en su rotunda voz de capitán de barco ordenando al contramaestre tal o cual maniobra imprescindible para la navegación.
"Cartas a Maitena" es una colección de versos compuestos durante una estancia del poeta en la República Argentina y al regresar de allí. La vida es un «cuento contado por un idiota», como dijera Shakespeare en boca de Macbeth, pero también es una letra de tango que evoca con nostalgia amores perdidos y se olvida de celebrar los amores que permanecen. Desde el Werther de Goethe y mucho antes, yo diría que desde Safo, hemos cantado con obstinación los dolores producidos por la amargura, que es siempre mucho más literaria que la felicidad.

Este libro de Lera no iba a ser una excepción a esa norma, aunque no solo haya en él poemas «de destrucción masiva» sino también piezas entrañables y llenas de esperanza dedicadas a su madre o a sus amigos. Porque la historia del alma de Joaquín Lera ha sido y es plural, abierta a todo tipo de emociones y sensaciones, y estas Cartas a Maitena se limitan a cartografiar el mapa del tesoro que conduce hasta el centro mismo de su gran corazón.
(LUIS ALBERTO DE CUENCA)

 

EL AUTOR: JOAQUIN LERA

(Músico, poeta y realizador de vídeo). Es un madrileño de Corcubión y un gallego en Madrid.
Hacia 1977 comenzó a actuar en locales del viejo Madrid donde compartío tertulias y escenarios con Hilario Camacho, Antonio Vega, Sabina, Juan Antonio Muriel, Enrique Urquijo, Alberto Cortez, Manolo Tena, Pablo Guerrero o Aute, entre otros.

Su faceta de realizador de vídeo y cantante le ha llevado a sitios tan dispares como India, Argentina, Japón, Sudáfrica, Rusia, Corea, Senegal, Túnez, Egipto, Brasil, Perú, etc.
Ha compuesto obras para multitud de artistas y piezas musicales para cine, radio y televisión.

Ha escrito más de 500 canciones y musicado a poetas como Machado, Alfredo Buxán, Félix Grande, Blanca Andreu, Luz Pichel, José Hierro, Chantal Maillard y Luis Alberto de Cuenca.

Tiene en su haber 21 discos, entre los que destacan Síntesis, Cometas, Polos opuestos, El viajero invisible o La cuna del agua.

Cartas a Maitena es su séptimo poemario tras el éxito de Mujer Luna, Astrolabio, Antología de canciones 1977/2000, La fragilidad de los espejos, Flores de papel y Estela inhóspita.
Más información: www.joaquinlera.com




Joaquín Lera invita a todos a la gran presentación del libro y el CD+DVD:


MARTES, 8 de ABRIL. 19:00 horas


JOAQUÍN LERA presenta su poemario "Cartas a Maitena",
y su nuevo disco doble CD+DVD "La cuna del agua"
Presentan LUIS ALBERTO DE CUENCA y LUIS EDUARDO AUTE

SGAE. c/ Fernando VI, 4. Madrid. Sala Manuel de Falla

Al finalizar el acto se servirá un aperitivo




José Luis Ordóñez y la presentación de "La fantástica historia del vigilante y el prisionero "

La presentación de su libro contada por el autor
Hace poco disfrutamos de un magnífico fin de semana en Asturias, gracias al premio "Casa de Cultura Marta Portal" concedido a mi novela “La fantástica historia del vigilante y el prisionero”. Allí sostuve por primera vez en mis manos el ejemplar impreso, editado con evidente cariño y profesionalidad, tuve ocasión de hablar del contenido y la temática de la obra, y firmar ejemplares a todos los que decidieron acercarse a la presentación en la Casa de Cultura, en una mañana que amaneció soleada pero rápidamente dejó paso a cielos grises y a esa lluvia tan característica del norte.
            Diferentes medios de comunicación se hicieron eco del evento, como La Nueva España, la RTPA Radiotelevisión del Principado de Asturias (minuto 34), Biblioasturias o la propia web del Ayuntamiento de Nava.
Hacía catorce años que no pisaba Asturias, y ha tenido que llegar la buena gente de Nava, con su premio literario, para que regrese a la tierra de mis abuelos paternos, que vivieron en Avilés, lugar al que íbamos
todos los veranos de visita: imposible olvidar los paseos por el centro histórico bajo esos soportales, el circuito para correr en el parque de Ferrera y las sesiones de cine en el “Marta y María”, que, precisamente, llevaba su nombre en homenaje al escritor asturiano Armando Palacio Valdés, enterrado en Avilés, y a cuya tumba fuimos un verano de mitad de los noventa en peregrinación, guiados por mi padre, que, habiendo adquirido alguna de sus obras editadas en Austral, deseaba mostrarnos la última morada de una figura hoy olvidada pero que llegó a ser propuesta para el premio Nobel en un par de ocasiones.
Volviendo a Nava y a su premio, hay que decir que hasta la rebelde y agresiva climatología de las últimas semanas pareció darnos una tregua para que tuviéramos una estancia agradable. Fue un placer conocer a los miembros del jurado, al alcalde, que presidió el evento, y al equipo que organizó el premio, presentes y ausentes, y, por supuesto, al público que respondió entusiasta a la presentación y se llevó ejemplares firmados. Espero que disfruten de su lectura. Y eso incluye a la propia Marta Portal, octogenaria escritora nacida en Nava, ganadora del Premio Planeta, a la que dediqué un ejemplar que, según me comentaron, se le haría llegar.
Tuvimos también ocasión de visitar la Biblioteca de la Casa de Cultura, bien provista de fondos, y lugar al que irán a reposar algunos ejemplares de “La fantástica historia del vigilante y el prisionero”, como bien nos indicó su máximo responsable. Por la tarde, cómo no, fue de obligada visita el Museo de la Sidra, una magnífica oportunidad para conocer más sobre esta sabrosa bebida, tan propia del lugar donde nos encontrábamos.
En definitiva, el viaje a Nava supuso la culminación a una obra literaria que comenzó a fraguarse en el grupo de novela que mantiene mi exigencia de páginas semanal y que, ahora, gracias al premio en este certamen de novela de terror y fantástica, llega al papel. Una gran experiencia.

Un leve gemido, de Melani Taylor Herrera

Dejo escapar un leve gemido. Tengo miedo de no poder controlarme, el placer me invade en oleadas cada vez más fuertes. Me muerdo el labio inferior. Hay poca gente en el cine ya que es lunes en la tarde. G esperó a que la peli arrancara y se puso en cuclillas frente a mí. Me bajó las bragas y me separó lentamente las piernas. Sus manazas se sienten calientes al igual que su lengua incansable que moja lo ya mojado, excita lo que está a punto de reventar y su melena rubia sube y baja, baja y sube causándome un cosquilleo que choca con las ganas de venirme ya. Me vengo, es imparable, enorme, caliente, brillante, fe-no-me-nal, un orgasmo de puta madre, el grito coge fuerzas desde el fondo de mi vientre y sale a decibelio puro como una bala auditiva que desgarra el silencio cinematográfico que nos envuelve. Los pocos asistentes giran sus cabezas desconcertados. Entra corriendo uno de los chicos del cine linterna en mano. G se sienta a mi lado como si nada, se acomoda la melena hacia atrás mientras termina de sorber en sus labios mi desvergüenza hecha jugo. ¿Pasa algo? , dice el chico alumbrándonos. Nada, contesta G. El chico sigue alumbrando. Es entonces cuando me bajo la falda.

Sexo gratuito, de Félix Díaz


El anuncio del periódico ponía:

“Sexo gratuito. Chicas y chicos no profesionales”

También aparecía un número de teléfono.

Manolo llamó y le contestó una voz femenina, susurrante y acariciadora:

–Hola, ¿qué deseas?

–Llamaba por lo del anuncio...

–¡Estupendo! ¿Quieres consultar algo, o te doy una cita?

–Bueno, yo... ¿Es cierto que es gratis? ¿No hay algún truco?

–¡Puedes estar seguro, guapo! ¿Por qué no vienes y lo pruebas? ¿Cómo quieres que te llame?

–Puedes llamarme Pepe...

–Bien, Pepe, ¿puedes venir mañana a las once y cuarto? Te explicaré donde estamos. Necesitas un código, apúntalo. ¿Tienes papel y lápiz?

–Sí, aquí lo tengo. Pero, ¡es que yo...!

–No seas tímido, hombre… Sólo vienes y te das un paseo… Tu código es el 265-457, de forma que eres Pepe 265-457. ¿Tienes coche, Pepe?

–Sí, lo tengo.

– Pues verás, sales por la carretera vieja, y...

Al día siguiente, Manolo fue con su coche a la dirección que le habían indicado. No estaba muy seguro de lo que buscaba, porque en realidad sólo pretendía saber de qué iba la cosa, curiosidad, morbo... Si no le interesaba, se iba y punto.

Las señas correspondían a una casa terrera pequeña, junto a una gran fábrica de productos para perros y gatos, “Triskings”; la conocida marca cuyos productos, al parecer, se fabricaban allí al lado.

–¡Qué curioso!– exclamó Manolo.

No había aparcamiento, así que paró un momento frente a la casa y dejó el coche abierto, pero quitó la llave del contacto.

Nada más cruzar la puerta, vio a una preciosa rubia de pecho generoso y muy escotada. Estaba sentada junto a una mesa con un ordenador y un teléfono.

–Hola, soy Pepe 265-457, y tengo una cita para ahora mismo. No he podido aparcar, si esperan unos minutos a ver si localizo algún sitio...

–¡No hay problema, guapo, déjame la llave! ¡Nosotros nos haremos cargo!

Era la misma chica que le había atendido por teléfono.

Manolo le dejó las llaves, y ella se las entregó a un joven que salió por la puerta. La rubia miró a Manolo.

–Bien, veamos, Pepe. ¿cuáles son tus preferencias? Aquí tienes la pantalla, tú elige...

En el ordenador aparecían varias chicas y chicos. Manolo hizo su elección y al poco tiempo apareció la chica elegida, una morena pequeña de labios apetitosos y mirada pícara, que lo condujo por un pasillo totalmente vacío. Llegaron a una habitación y entraron.

–Ponte cómodo, Pepe. ¿Quieres que te la chupe, verdad? ¿No te apetece que te haga nada más?

–Sí, sólo eso...

–¿Prefieres que me quite la ropa o me quedo así?

En ese momento se fijó bajo la finísima bata blanca de seda en el sostén negro, transparente, y en los dos grandes pezones que apenas quedaban tapados. Y la braguitas… mínimas, haciendo conjunto, más provocativas incluso que si ella hubiera estado desnuda.

–¡Hum! ¿Puedes quedarte sólo con la ropa interior?

–Ah, tú eres un fetichista. No hay problema.

La chica se quitó parte de la ropa, se arrodilló y se puso manos a la obra.

Manolo se sentía en el séptimo cielo ¡Nunca le habían hecho una felación como aquella! Si al final era cierto que era gratis, se trataba de algo digno de repetir...

Estaba a punto de correrse... Cerró los ojos.

Al fin, explotó en el interior de la boca de aquella chica. Se sentía débil como nunca, tan relajado estaba.

Algo le hizo abrir los ojos...

¡Ella aferraba un enorme cuchillo de carnicero! ¡Y él no podía hacer nada por evitarlo!

Demasiado tarde, Manolo comprendió por qué estaba aquella fábrica de alimentos para perros y gatos junto a la casita. Ahora sabía dónde conseguían la materia prima...
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ACCESO A SU NUEVO LIBRO, TITANES http://www.edicionesirreverentes.com/2099/TITANES.html 

¿Se puede?, de Diana María Ionita

          -¿Se puede? - pregunto sonriendo desde el marco de la puerta del despacho
            La puerta abierta y ventana en igual situación hicieron de los papeles de mi mesa una perfecta alfombra de hojas otoñales sobre el parqué. Unas minúsculas partículas de polvo explotaron brillantes en la lechosa luz del atardecer, quedándose en suspensión.
Seguro que la culpable de todo fue esa luz que volvió opacos los cristales de las ventanas, haciéndome olvidar del trabajo.
            Me bajé la cremallera del vestido, dejándolo caer al suelo, con un ruido sordo, como si fuera las cortinas de un teatro, al concluir la función. Descendió por el cuello y chupo con fuerza. Me beso los hombros, descubriendo trozos de piel que se me había olvidado que existían. Con esa boca caliente y húmeda, se apodero de mi pecho y me hizo gritar. Su respiración se fundió con la mía, y en mi interior, esa mezcla de placer y de dolor despertaron satisfacciones de néctar que creía cristalizadas.
            Me tumbó sobre el lecho de folios, y no pude dejar de tocar su cuerpo mientras él se perdía dentro de mí acariciándome la playa de mis adentros.
            -Venía a decirte que ha llamado tu madre. Hay cena en casa de tus padres, cariño.

El Escote, Harol Gastelú

Me paré al lado suyo. Llevaba una blusa de pronunciado escote. Miré de reojo sus senos redondos, generosos, perfectos que se movían como barcas en un mar agitado al vaivén del vehículo. La areola de sus pezones se escapaba de la frontera de su pequeño sostén negro que dejaba poco a mi imaginación. Sentí despertar mi virilidad. Sus hombros también lo sintieron. Levantó el rostro de ángel. Ahorita me arma un escándalo, pensé, aterrado, pero no, solo esbozó una maléfica sonrisa y apartó el mechón de cabellos que se derramaba sobre su escote para mejorar mi visión mientras yo proseguía con mi afán imaginando que le hacía un ruso, sintiendo la piel tersa y suave de sus senos aprisionando mi virilidad. Terminé.

La vecina, de Andrés Fornells

Chema vivía una furibunda adolescencia de poluciones nocturnas, tiendas de campaña al despertar y furibundos desahogos manuales que lo dejaban amansado, pero con insacia-bles ganas de más. Realizando uno de estos entusiastas desahogos, en la ducha, lo en-contró Carmen, una vecina tan hermosa que la deseaban y soñaban locuras sexuales con ella todos los hombres del barrio incluido su marido. Cuando la vio, apurado, Chema dijo inmovilizando su activa mano:
—¡Huy…! Mi madre se ha ido al mercado.
—Lo sé, pequeño semental. Por eso entré aprovechando que tu madre nunca cierra la puerta de la calle. Venga, quita esa mano pecadora de donde la tienes y vamos a tu dor-mitorio para que te enseñe los secretos de la vida.
La vecina Carmen dio y se procuró tal banquete de placer que en adelante ella le puso abusivamente los cuernos a su marido y Chema jamás tuvo necesidad de aliviarse ma-nualmente.
 Leer más HISTORIAS CON EROTISMO www.andresfornells.com

Relato erótico-literario para perversos, de Nelson Verástegui

 
 «¿Qué irá a pensar la gente? ¡Pues que somos adultos y no nos falta la imaginación!», se contestó a ella misma. Iban a ponerse manos a la obra. Las de ella sobe el teclado del PC, las de él acariciándola por todas partes. Desnudos. Sentada en la posición del loto sobre su amante escritor que le dictaba lo que se le iba ocurriendo. «Sesenta y nueve», dijo en la oscuridad. Por fortuna el teclado tenía luz que permitía ver las letras. La pantalla los bañaba de azul muy tenue. «Es incómodo escribir así», murmuró. «No brinques que me haces cometer faltas de ortografía y no nos aceptarán el cuento», gruñó. La silla chirriaba y se tambaleaba peligrosamente, la mesa crujía con buen ritmo, los papeles y libros oscilaban, los diccionarios cambiaban de páginas saltando de coño a verga, de vagina a orgasmo, de fetichismo a voyerismo, de pecado a moral. «Vamos por ciento treinta y cuatro caracteres y no toma forma», jadeaba. Por momentos paraba de escribir para buscar un sinónimo, una mejor rima o acariciar las nalgas de su amante inspirador. «Retente y espérame, amor. No vayas tan rápido. Con calma, mi vida», decía con sus dedos ágiles golpeando las teclas, sintiendo las manos de su macho acariciar sus pezones o apretar sus labios. «Vamos en doscientos caracteres y ya no me aguanto más. Es una tarea imposible. Cambiemos de posición antes de que nos caigamos al piso», ordenó. Ahora empujando el PC al centro de la mesa, arrodillándose en la silla y levantando las nalgas, pidió que le besara profundamente el sexo. «Así estoy más incómodo que antes y no podré aguantarme más, pero lo intentaré», rezongó buscando con la lengua la oscuridad húmeda y profunda. En esas sintió una fuerte palmada en una nalga. «¿Qué pasa? No te excedas que no nos aceptan el texto por pasarnos a lo sado-masoquista», refunfuñó. «Era un zancudo, que no sé cómo pude ver en tanta oscuridad, pero ya está muerto. Que no nos acusen de zoofilia. El jefe lo que quiere son textos eróticos. Nada de porno ni de parodias cómicas. Me lo dijo en un mensaje privado», replicó. «Tendremos suerte si alguien se excita leyendo esto. Si al menos ha llegado a esta línea antes de abandonarnos por nuestras proezas de contorsionistas chinos. Ya parecemos más una estatua del Kama Sutra que a escritores eróticos serios», empujando su cuerpo sobre la boca de su amante silenciado. «Me están dando cosquillas con tanto pinchar en me gusta de estos fisgones. ¡Carajo! ¡Miguel Ángel, Guillermo, Félix, Elena, Sergio, Diana, Andrés, Helga, Harold, Melanie! No sean fisgones. Así es más difícil», balbució el macho jadeante. «Vamos por cuatrocientos cincuenta y dos y Elena ya casi va a llegar a novecientos», sorprendida. «Elena nos va a ganar. Seguro que llega al orgasmo antes. No hay duda. Menos mal que Diana María necesita más tiempo. ¡Je, je!», cansado. Un vecino insomne golpeó con el palo de una escoba desde un apartamento vecino pues los gemidos y alaridos de la pareja en acción lo desconcentraban. Era igual cada ocho días, justo cuando él tenía que escribir una novela de terror. «Cambiemos de posición. Estoy cansada. Ahora escribes tú mientras yo te chupo lo que sabemos. Olvídate del vecino inoportuno», bajándose de la mesa para dejarle el puesto a su compañero sentimental. «Suavemente, amor, para que alcancemos al límite convenido en el éxtasis de la pasión compartida. Suavemente. Sin mordisquear. Con la lengua húmeda solita. Así, Así», mientras escribía sin parar echándole un ojo a lo que los otros habían publicado. Era difícil concentrarse a escribir de lo experta que era la boca lúbrica de su compañera. «Ojalá nos dieran un premio por estos esfuerzos sobrehumanos. Espero que no nos borren estos comentarios por inmorales según el código de hipocresía del FB», tratando de concentrarse en sus escritos y buscando inspiración. «No puedo más. Deja de escribir y ven a concluir sobre mi cuerpo. Ven a derramar dentro de mí tu sabia imaginación en la savia de tu semen», emocionada. «Aguanta y aguanta. Falta poco. No terminemos esta experiencia precozmente. Pasaremos a la historia aunque la NSA nos espíe y borre esta prueba de fuego», agarrando a su pareja para traerla a sentarse de nuevo sobre él pero esta vez frente a frente. «Quédate quietica sintiéndome por dentro que ya estamos a menos de doscientos cincuenta caracteres del final», apartando la cabellera rubia de su diva para ver el teclado y la pantalla sobre su hombro. Los libros y diccionarios dejaron de balancearse. Ya no saltaban las páginas de clítoris a polla, del clic a tic, del timbo al tambo. La luz de la batería del PC empezó a parpadear pidiendo corriente. Se preguntaba dónde estaría el cable para enchufarla de una vez. El parpadeo se hacía más insistente. «¿Qué pasa? Escribe y escribe», emocionada. «Enchufa el cable antes de que se nos borre este texto, ¡joder! Está debajo de la mesa», insistente. «Ya está. Ahora me siento sobre ti pero mirando la pantalla para ver cómo llegamos al final. Falta poco. Estoy transpirando», entusiasmada. El macho empezó a moverse de nuevo rítmicamente, el vecino reanudó sus golpes con la escoba, los chirridos de la silla y mesa se hacían más estridentes, sus cuerpos húmedos y jadeantes subían de temperatura. «Así, así. Ya llegamos al tiempo, guarrito mío», gimiendo al unísono desgonzándose y cayendo al piso. «¡Coño! Leí mal. Eran caracteres, no palabras», desilusionado.
 

DESPUÉS DE LA MÚSICA, de Jesús Cárdenas: Poesía contemporánea

La editorial Cuadenos del Laberinto nos trae la nueva obra de Jesús Cárdenas «DEPUÉS DE LA MÚSICA», palabras que cumple los requisitos de la poesía de verdad, un libro que contiene la vida y sobre todo el amor, ese aliento que siempre asoma en cualquier intersticiode la vida, feliz o desconsolado.

Entre la palabra y el silencio se encuentra el territorio de la poesía, una extensión limpia, palpable, sensitiva… Una llanura de musicalidad y sensibilidad que nos habla de la universalidad de las emociones y nos otorga luz sobre los parajes del alma. 

Jesús Cárdenas reaparece en este mundo poético con DESPUÉS DE LA MÚSICA, una obra que cumple los requisitos de la poesía de verdad, un libro que contiene la vida y sobre todo el amor, ese aliento que siempre asoma en cualquier intersticio de la vida, feliz o desconsolado. Pero también contiene la condición exacta de las palabras; el dolor permanentemente al acecho; la amarga cercanía de las desdichas; la soledad y su murmullo; el silencio que suena atronador en la poesía; la pérdida y la ausencia, el desamparo y el gozo.

PLAYAS DEL SUR
No espero nada más —o tal vez mucho:
venir al mar, andar hasta aquí, solo
respirar a pleno pulmón,
sin pronunciar palabra y detenerme
ante las paralelas imaginarias del azul.
Siento que vuelvo cada vez que miro,
y también que nunca me fui.
No espero nada más que la espuma
del mar, que sigue
rizándose en la orilla. Llevadme
a sentir nuevamente el agua
correr por los tobillos
o discurrir por entre los dedos,
mientras el hombre vuelca la sal en sus heridas.
Por esperar, abrazo
una elemental esperanza:
tus pupilas clavadas en mi cuerpo.





DESPUÉS DE LA MÚSICA será presentado en Madrid el próximo 28 de MARZO. 19:00 horas. 
Están todos ustedes invitados.


JESÚS CÁRDENAS presenta su poemario "Después de la música"
Presenta: MANUEL RICO
Casa del Libro • c/ Fuencarral, 119 • Madrid

Presentación de "Tres cuentos de Nueva York" (M.A.R. Editor) según José Luis Ordóñez

Coincidiendo con el aniversario de la muerte del genial director neoyorquino Stanley Kubrick (ya hace 15 años que nos dejó el autor de obras como “Senderos de Gloria” o “Eyes Wide Shut”), estuve el viernes pasado ejerciendo labores de presentador en el bautismo de “Tres cuentos de Nueva York” (M.A.R. Editor), un heterogéneo libro que contiene relatos de tres autores con muy diferentes estilos aunque con evidentes coincidencias temáticas. Así, Fernando Ampuero, Elena Marqués y Juan Guerrero nos invitan a pasear por la ciudad de Nueva York, recorriendo lugares clásicos que, aunque jamás hayamos pisado la Gran Manzana, nos serán familiares gracias al cine y la literatura, y nos encenderán el deseo de no sólo cruzar el charco y visitar, por ejemplo, Manhattan, sino también de escribir sobre esa ciudad que nunca duerme y que aglutina lo mejor y lo peor del ser humano
Tras un breve y afilado prólogo de Miguel Ángel de Rus (“Nueva York es la gran puta de Occidente…”) que ya nos invita y anticipa ciertos aspectos de las historias que vienen a continuación, entramos de lleno en el contenido del libro. “Una pasión del espíritu”, de Fernando Ampuero, nos
relata con pulso maestro la historia de un pintor con una afición de lo más irreverente y, sin embargo, justificada desde su particular punto de vista. En “En blanco y sangre y gris. Y en imperfecto” (un título que ya anticipa el tono de la historia), de Elena Marqués, viajamos junto a un fotógrafo por escenarios clásicos de Nueva York, en una historia que hace referencia, por ejemplo, a “la función higiénica del asesino” o al hecho de que “su enfermedad es de exceso de creatividad”, y donde se construye de manera excelente un personaje cargado de matices. Last but not least, en “Asfixia”, de Juan Guerrero, nos sumergimos en la mente torturada del periodista protagonista, que nos lleva por un recorrido donde se aprecian similitudes con el universo más onírico y brillante de David Lynch, hasta llegar a la sensación ya anticipada desde el título.
La presentación de un libro es una celebración, y una celebración necesita de público para ser completa. En este sentido hay que decir que el pasado viernes ese ansiado público abarrotó la sala de La Carbonería en Sevilla, escuchó de manera atenta lo que tuvimos que decir los presentes en la mesa (de los autores sólo faltó Fernando Ampuero) y finalmente se decidió a hacer algunas preguntas que los escritores que tenía a mí lado respondieron con el placer que uno siente al hablar con orgullo de su criatura, literaria en este caso.
¿Faltó algo? Teniendo en cuenta la presencia de un piano en las cercanías, hubiera estado bien la asistencia de un pianista y Carey Mulligan, para así cantar esta brillante y decadente versión del mítico tema “New York, New York” (procedente de "Shame" dirigida por Steve McQueen, ahora de intensa presencia en los medios de comunicación por los premios a "12 años de esclavitud"), una canción, recordemos, compuesta para la película de idéntico título que rodó Martin Scorsese a finales de los setenta, popularizada por Liza Minelli y, después, por Frank Sinatra.
Ahora“Tres cuentos de Nueva York” continúa su paseo literario por las librerías de toda España. Quien se quede con ganas de más, ahí tiene la bibliografía de Fernando Ampuero para seguir sumergiéndose en su narrativa; la novela “Excéntrico”para disfrutar en versión larga del universo que propone Juan Guerrero; y a lo largo de este 2014 se publicará “La nave de los locos”, de Elena Marqués, reciente ganadora del VIII Premio Vivendia-Villiers de Relatos.
José Luis Ordóñez en http://joselordonez.blogspot.com.es

Espíritus elementales, de Heinrich Heine, crítica de Pedro Amorós

La lectura reciente de los Espíritus elementales de Heinrich Heine en cuidada traducción de J. A. Molina para Ediciones Irreverentes me ha traído de nuevo a la memoria la tragedia de la existencia del gran poeta alemán. Me imagino a Heine en sus últimos años postrado en una cama, ciego y afectado por una especie de parálisis, exiliado en París y alejado de su patria. Ante semejante situación se remueve lo más profundo de mi corazón mientras busco las palabras más adecuadas para mostrar mi admiración por el poeta. Heine ha sido definido como romántico, antieclesiástico, revolucionario e irónico en sucesivas ocasiones, pero ninguna de estas etiquetas, ciertas a su manera tan sólo en determinadas ocasiones, sirve para mostrar lo que el poeta verdaderamente es, algo que sólo está al alcance de unos pocos, un espíritu libre.
            En los Espíritus elementales, Heine presenta una amalgama de cuentos y leyendas de tradición centroeuropea, especialmente germana, que conocía en muchos casos desde su más tierna infancia gracias a la tradición oral. Heine también se sirve en múltiples ocasiones de fuentes escritas que habían excitado su imaginación, libros y autores que admiraba como es el caso de la gramática alemana de Jacob Grimm, los estudios de Paracelso sobre los espíritus elementales o los escritos de Johannes Pretorius. Heine tenía claro que todas las historias y tradiciones que recopila en losEspíritus elementales atesoraban un gran valor histórico. No se trataba exclusivamente de supersticiones populares tal como pretendían ciertos sectores de la población y la cultura alemana sino el fruto de la gran tradición germánica pagana anterior al cristianismo. Se puede pensar, por lo tanto, que en una época de retroceso de la cultura popular, Heine trata de colocar en el lugar histórico que se merece toda una maravillosa herencia que estaba siendo socavada.
            Contrario a cualquier tipo de sistematización, en los Espíritus elementales el poeta alemán recurre sin embargo a ordenar en categorías las historias que trata de recordar y transmitir, de tal forma que se puede observar cómo Heine inicia el libro con leyendas relacionadas con los espíritus de la tierra (los enanos) y luego continúa con los espíritus del aire (elfos) y los espíritus del agua (los nixos), para finalizar con una serie de tradiciones que nos hablan del espíritu del fuego (el demonio o el Diablo). Aparecen, pues, representados en estos cuentos los elementos principales del culto germánico, a saber, las piedras, los árboles y los ríos. Las historias que cuenta Heine están llenas de encanto, de belleza poética, de misterio, de bailes, de seducción, de violencia y de muerte Algunas se repiten, se transforman, se escriben en verso o en prosa. Son narraciones que muestran en cierta medida las relaciones entre los humanos y los espíritus elementales. En este enjambre de cuentos no faltan las doncellas cisne, las valquirias o las hilanderas, personajes que presentan en la mitología germánica un cierto parentesco.
            Conviene observar también que en la narración de las historias Heine sigue un orden lógico que nos recuerda la sabiduría tradicional antigua.

"Memoria de tinieblas" de Eduardo Vaquerizo, una España actual como gran imperio

Eduardo Vaquerizo es uno de los más destacados autores actuales de ciencia ficción, fantasía y terror. A su capacidad narrativa une conocimientos en diversos campos que hacen que cada relato o novela sea una inmersión en un mundo nuevo. Y eso se agradece en estos tiempos en que la mayor parte de las novelas de éxito están escritas como para ser convertidas en películas para un público demasiado mayoritario.
Y en ese mundo nuevo nos encontramos una ucronía de las que enganchan. Es un perfecto alimento para frikis al modo de The Big Bang theory, pero, ojo, lo es también para amantes de la mejor literatura. Nos referimos a Memoria de tinieblas, una voluminosa novela que nos hace viajar a un presente en el que España es una superpotencia.
Felipe II murió en vísperas de la batalla de Lepanto y su hermano bastardo, don Juan de Austria, se hizo con el trono español y el Imperio que conllevaba a cambio de, entre otras cosas, un cisma con la Iglesia de Roma.
Estamos en Madrid, en un 1970 alternativo en el que el Imperio Español aún es fuerte, aunque se desangra en una interminable guerra con los turcos, mientras América del Norte, dejada a su suerte hasta ahora, se va convirtiendo en la tierra de promisión para los descontentos y los desheredados.
En una historia fascinante, en la que las distintas tramas van confluyendo de forma inevitable hasta el final, Eduardo Vaquerizo explora y explota todas las posibilidades del escenario que construyó en Danza de Tinieblas y consigue la que, sin duda, es su mejor novela..

El libro lo ha publicado Sportula. La crítica ha sido muy favorable. En Sitio de Ciencia Ficcióna firman En MEMORIA DE TINIEBLAS hay algo que va más allá y que roza lo hipnótico. Algo intangible y difícil de explicar, pero que hace que un libro salte del calificativo de bueno al de obra maestra. (...) MEMORIA DE TINIEBLAS es la demostración palpable de que no sólo se puede escribir steampunk en castellano, sino de que se puede hacer muy bien, y superar de largo y tendido a los escritores ingleses. “ 

Se presentó en Sevilla Tres cuentos de Nueva York, de M.A.R. Editor

El viernes, día 7 de marzo, a las 20h, M.A.R. Editor presentó en Sevilla el libro de relatos «Tres cuentos de Nueva York», en el que se reunen textos de la sevillana Elena Marqués, el malagueño Juan Guerrero y el peruano Roberto Ampuero.
            Son tres visiones sobre la gran manzana, que sirven al viajero de guía pro la ciudad, pero al mismo tiempo, muestran algunos oscuros rincones, tanto de la ciudad como del interior de sus protagonistas.
Nueva York; hemos visto sus formas voluptuosas hasta la saciedad, pero deseamos que nos siga guardando algún misterio. ¿Hay muchos lugares más fotografiados que Broadway? ¿Alguien desconoce la existencia de Chinatown o Little Italy? ¿Cuántos apellidos de origen hispano, italiano o judío hay en las guías telefónicas de Nueva York?
Nueva York reúne en este fantástico libro tres visiones sobre la misma ciudad que enamoró o repelió a Henry Miller, Tom Wolfe, Truman Capote, Chester Himes, O. Henry, Francis Scott Fitzgerald o Henry James, entre otros. En Tres cuentos de Nueva York, se nos ofrece la visión de los museos y las grandes avenidas, pero también de los garitos y de habitaciones en soledad. Cada visita a Nueva York puede ser el inicio de una nueva historia y aquí se nos proponen tres. Es un libro perfecto para ir leyendo en el avión, de viaje a la gran ciudad, o para leer en el rincón más apartado del mundo, porque -es sabido- la lejanía es lo que más nos hace soñar.
            El acto fue presentado por el sevillano José Luis Ordóñez, director y guionista de cine, dramaturgo y esnovelista. Participaron dos de los autores, Juan Guerrero y Elena Marqués.  El lugar, La Carbonería, C. Levíes, nº18, 41004 Sevilla. 

Cyborgs, el uruguayo Jorge Majfud nos desnuda

Es conocido el amor que en Sexto Continente se tiene por la obra del uruguayo Jorge Majfud, uno de los analistas hispanoamericanos más lúcidos y cosmopolitas de la actualidad.
     Majfud descompone la realidad y el lenguaje para enfrentarse mejor a la verdad, a la hora de tratar sobre el éxito, la fe, el consumo, la religión, el pensamiento único…
Muestra en el libro “Cyborgs” nuestra identidad reubicada en este nuevo universo tecnológico de presuntas prolongaciones de nuestro ser.
¿Quiénes somos, en esta sociedad donde la medida del otro nos la da cuánto consume? ¿Cuántas veces ha aparecido en televisión -con independencia del contenido- y cuánto odia y a quién? Majfud dibuja un paisaje mas allá de los arbustos auto complacientes del ser humano, tratando de entender en qué estamos y cómo estamos, nosotros hombres y mujeres con alma, ¿o quizá ya sólo cyborgs?
Afirma en el libro Jorge Majfud: “Mientras las universidades logran robots que se parecen cada vez más a los seres humanos, no sólo por su inteligencia probada sino ahora también por sus habilidades de expresar y recibir emociones, los hábitos consumistas nos están haciendo cada vez más similares a los robots.”
Majfud analiza el camino por el cual se fue quedando el hombre y nos fuimos convirtiendo no ya en cyborgs –o sí- sino en consumidores. Ya no ciudadanos, consumidores.

Se aconseja leer este libro sin ideas preconcebidas y con las ideas dispuestas a entrar en debate.

Comos los asnos bajo la carga, Txema Arinas se atreve con el entorno nacionalista vasco

Hay autores que lo basan todo al estilo, otros que saben a los premios se  accede yendo a tomar copas, y otros que cogen la realidad por la solapa, la levantan y la golpean hasta que la realidad se rinde. Txema Arinas es de los últimos.  
          El planteamiento de esta novela -con portada mucho menos atractiva que la historia del interior- es complejo, digno de una tragedia griega, varios amigos de juventud se reencuentran durante una manifestación en protesta por un atentado. ETA ha matado a un conocido político vasco y su escolta, la sociedad ya no aguanta más y los ánimos están muy encrespados porque unos acusan a los otros de tibieza con los terroristas, y éstos a su vez a los primeros de mercadear con el sufrimiento ajeno por intereses electoralistas. No serán todos los miembros de la vieja cuadrilla los que se vuelvan a reunir después de mucho tiempo, y los que se vean ni siquiera estarán todos en la misma manifestación. No puede ser de otra manera, ha trascurrido mucho tiempo desde la última vez que compartieron algo más que el tiempo libre, también un credo, un ambiente e incluso un plan que en su momento, tan convulso como confuso, para ellos y por extensión también para el conjunto de la sociedad vasca, los puso a todos al borde del abismo.
            Se sentirán retratados en esta cruda y lúcida de Txema Arinas algunos de quienes creyeron de buena fe que ETA luchaba contra Franco, otros que la justificaron pensando que gracias a ella llegaría la libertad. Muchos se reencontrarán con sorpresa consigo mismos. Y se sentirán retratados, muchos que han tenido miedo a hablar durante estas décadas y que poco a poco han ido tomando la calle. Es una novela para leer sin prejuicios, porque no es literatura de trinchera, sino de razón. Guste o no la postura del autor. Txema Arinas es buen polemista y nos incita a entrar en el debate.

Alexander Drake apuesta siempre por el boxeador negro

Alexander Drake lanzó su carrera como escritor al ganar el Premio Videndia-Villiers de relatos, convocado por Ediciones Irreverentes.
            Ahora, se presenta con un libro que gustaría a autores como Jack London o Bokowski, “Ocho relatos de Boxeo”: Y les gustaría no sólo por el tema central, sino –creo- principalmente por el estilo.
            “Ocho relatos de Boxeo” nos ofrece diferentes historias; algunas extremadamente violentas; otras irónicas en su planteamiento pero trágicas en su desenlace; las hay que tras su lectura nos dejan una sensación de injusticia e impotencia, de miseria, de rencor y de sueños frustrados (como le hubiera gustado a Jack Lonodon); pero existe un nexo de unión entre todas ellas. Todas son historias teñidas de dolor y sangre. Historias enmarcadas en diferentes épocas y cuyos protagonistas tienen que sobrevivir en un mundo cruel y despiadado en donde las cosas rara vez son lo que parecen. 
Alexander Drake (San Sebastián, 1974) es el seudónimo bajo el que se oculta el autor de Ocho relatos de boxeo. Estudió Psicopedagogía en la Universidad del País Vasco. En 2006 publicó el libro de fotografía e investigación Surfers, una visión antropológica de la cultura del surf. En 2009 la novela La Transformación. Y en 2012 el libro de relatos Vorágine (obra ganadora del VII Premio Internacional Vivendia-Villiers de Relato).
Puedes leer más en http://edicioneslupercalia.com/  

Y una párrafo, para hacernos idea de qué vamos a encontrar


"Era otra velada de boxeo en el Cincinnati Arena. Me gustaba el ambiente. Dos hombres intentando matarse con los puños mientras miles de personas les animaban a que lo hicieran. Era demencial y excitante. Llegué justo para el último combate: el plato fuerte de la noche. Chico Rodríguez contra Billy Monroe. Chico era un mejicano perturbado y agresivo. Parece ser que estuvo un par de años en un reformatorio por matar a un hombre a cuchilladas. Cuando salió de allí se metió en el mundo del boxeo para canalizar toda esa violencia dentro de un cuadrilátero. Seguramente eso le salvó de volver al trullo. Billy también había estado en chirona. En su caso le trincaron por robar en una licorería a punta de pistola. Pasó unos cuantos meses a la sombra. Ambos púgiles subieron al ring. Chico llevaba calzón negro con una franja roja en la cintura. Su rostro era inquietante, con grietas y cicatrices, y sus ojos delataban al animal salvaje que escondía en su interior. En el lado izquierdo de su pecho tenía tatuado un tigre como símbolo de su espíritu combativo. Billy llevaba un pantalón de color blanco que contrastaba de manera formidable con su piel negra y brillante. El speaker subió al cuadrilátero. El micrófono bajó desde el techo del estadio. Lo cogió, comenzó con una breve introducción digna del mejor showman e hizo las presentaciones: Chico Rodríguez; 25 años; 1,79; 88 kg. Billy Monroe; 27 años; 1,81; 85 kg. Justo después Billy empezó a dar vueltas y a bailar por el ring. Era parte de su espectáculo. A continuación se subió a las cuerdas de su esquina. Acercó los guantes a los labios y extendió los brazos con fuerza repetidamente lanzando besos a los espectadores. Era un payaso, pero la gente lo adoraba. Chico permanecía de cara a su esquina escuchando las indicaciones de su entrenador. 

Cuando peleaba un boxeador blanco contra otro negro la elección era sencilla: apuesta SIEMPRE por el negro. "