Cuentos de navidad 11.- El día de los Inocentes, de Rafael Gonzalo Verdugo

“Y el rey Herodes ordenó matar a todos los niños menores de dos años nacidos en Belén, con el fin de deshacerse del recién nacido Jesús de Nazareth, de quien se decía que estaba destinado a destronarle”.

–¡Qué historia más sanguinaria y más cruel! Tenemos que conmemorar este acontecimiento crucial en la pervivencia de nuestra fe. Lo llamaremos el Día de los Santos Inocentes. ¿Qué fechas quedan libres, Leonardo?
–El 28 de diciembre, Santidad. ¿Pero en qué consistirá la celebración a esta matanza?
–Pues… no sé. ¡Ah, sí! ¡Pasaremos el día gastando bromas a la gente!
(La Santa Madre Iglesia, 2.000 años demostrando sensatez y buen juicio)


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Cuentos de navidad 10.- Frente al espejo, de José Luis Ordóñez

Medianoche. Treinta y uno de diciembre. En el espejo, él estaba bien peinado, con un traje elegante y una sonrisa de triunfo dibujada en su rostro. Después me di cuenta. ¡Era yo! Pero no ahora sino dentro de diez años. ¿Sería posible? Desde luego, pero tendría que conservar aquel reflejo, capturarlo para siempre en una foto y así ser capaz de recordar al destino que el éxito era una realidad y no una fantasía. Sin embargo, para coger la cámara tendría que salir del marco del espejo y quizá cuando volviera ya hubiera cambiado. Eso pensaba cuando el espejo se rajó, el reflejo emergió de allí como un rayo y me cogió del cuello, impaciente.

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Madera podrida con un clavo oxidado http://www.mareditor.com/narrativa/MaderaPodrida.html

Cuentos de navidad 09.- Intruso, de David J. Skinner



Sonó el timbre de la puerta. Era la policía.
—Está en el salón —fue lo primero que dijo Richard al individuo alto y sombrío, de larga gabardina, que se encontraba al otro lado—. Tuve que…
—No se preocupe —respondió este, en un tono que quizá pretendía ser tranquilizador—. Connor, Johnson, id a ver.
Mientras los dos agentes uniformados cruzaban la puerta en dirección al lugar que Richard había indicado, el hombre de la gabardina clavó sus ojos en el tembloroso dueño de la vivienda.
—Soy el inspector Ramírez, hemos hablado por teléfono. ¿Qué ha ocurrido después de nuestra conversación?
Ramírez atravesó también el umbral, apartando al otro con su mano derecha. Richard cerró la puerta y comenzó a caminar lentamente hacia el interior, acompañado del inspector.
—Al principio estaba en silencio, pero poco después de colgar el teléfono empezó a soltar una retahíla de sinsentidos. Intenté no hacerle mucho caso hasta… hasta que habló de mis hijos.
—¿Les amenazó?
—Dijo que Judy se había portado muy bien este año —respondió Richard, que ya había alcanzado el salón—, y que tenía algo muy especial para ella. ¡Tiene seis años, inspector! ¿Qué clase de pervertido diría algo así?
El inspector asintió, mientras contemplaba la escena. El cuerpo de un hombre grueso y con barba, vestido con una especie de pijama rojo y blanco, yacía sobre el suelo de madera con varios impactos de bala en pecho y cabeza. Junto a él se encontraba una bolsa de iguales colores.
—¿Fue cuando lo hizo? —preguntó Ramírez.
—No, no. Le dije que se callara, que no iba a permitirle nombrar a mi hija. Y, entonces, empezó a hablar acerca de Tom. Dijo que le llevaba observando todo el año; mencionó su función teatral y también la caída que sufrió con la bicicleta. Luego, llevó su mano a la bolsa.
—Investigaremos su contenido —dijo el inspector, señalando en esa dirección—, pero, contenga o no algo peligroso, está claro que usted solo pretendía proteger a su familia.
—Si no hubiera sido por aquel aviso —dijo Richard, algo menos nervioso—, no quiero ni pensar en lo que ese cerdo les podría haber hecho.
—Es cierto, la llamada que me comentó cuando hablamos por teléfono. Lo que no me dijo es de quién se trataba. ¿Algún vecino?
—Se identificó como Mel. —Ante la cara del inspector, aclaró—: era un hombre, como le dije. Quizá no entendí bien el nombre.
—Ya da igual. Lo importante es que tanto usted como su familia están a salvo. Y, probablemente, muchas más familias.
En el exterior nevaba. Aun así, aquella escena estaba siendo observada a través de la ventana por tres silenciosas figuras. Tres hombres que miraron a Richard y al inspector, para acabar contemplando el cuerpo sin vida en el suelo del salón.
Y los tres se rieron.
 
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Cuentos de navidad 08.- El sorteo, de Iván Teruel



El coche frenó en seco y el sonido afilado de las ruedas entró como un cuchillo en los oídos de Eric. Alcanzó sus tímpanos, los sacudió, se detuvo un momento, y desde allí irrumpió directamente en su conciencia. Antes, tuvo el pálpito. El pálpito oscuro que durante toda la semana lo hizo estar mucho más nervioso que otros años. Por ese motivo salió a pasear. Porque se le hacía insoportable descontar los minutos encerrado en casa. Caminaba para distraerse. Pero el presentimiento siguió ahí. Quizás por eso, aunque se sobresaltó con el chirrido del frenazo, aunque no pudo evitar esa reacción refleja, después no pareció inmutarse. Permaneció impávido al verlos avanzar hacia él: cuatro hombres de expresión hosca, vestidos impecablemente, habían descendido del coche con gran celeridad. Cuando llegaron a su altura, dos manos firmes le sujetaron los brazos y lo condujeron al vehículo. El pálpito se hacía realidad y la realidad empezaba a adquirir un aire de pesadilla: acababa de ser apresado por las BSSN.
Las Brigadas para la Seguridad del Sorteo Nacional eran unas unidades creadas por el Gobierno para intervenir en las últimas horas del plazo establecido para la adjudicación de números de participación. Generalmente las comunicaciones se hacían por correo certificado, pero había casos excepcionales en que los programadores del sistema eran incapaces de obtener una respuesta clara con el suficiente anticipo. Estos participantes de última inclusión eran obligados a presenciar el acto en directo. Entonces intervenían las BSSN, que los reclutaban, custodiaban y conducían hasta el salón donde se celebraba el Sorteo. En el trayecto, les extendían el sobre con su número de participación.
Eric abrió el suyo. Mientras comprobaba qué número le habían adjudicado, sonó la potente sirena que señalaba la finalización del plazo para participar en el Sorteo. Entonces miró hacia fuera: apenas algún abrazo, alguna lágrima, alguna sonrisa incrédula. Ya no aquellos estallidos de euforia que al principio sacaban a la gente a la calle para celebrarlo con expresiones desaforadas de júbilo. Los ciudadanos habían comprendido que aquella sirena no deshacía el miedo. Solo lo postergaba. 
Llegaron al salón. Al entrar, Eric quedó sobrecogido por el silencio. Un silencio espeso que manifestaba un sentimiento de derrota ante lo inevitable. Dos miembros de las BSSN lo acompañaron a su butaca. En el pasillo se cruzó con algunas miradas en las que creyó reconocerse. Tomó asiento. Esperó. Y empezó el Sorteo. Se repartieron ruinas económicas, infidelidades, mutilaciones, secuestros, enfermedades terminales, atentados, incendios, abortos, paraplejias. Hasta que llegó su turno. Y en ese momento, desde los confines de un miedo indefinible que le sacudió la médula, Eric sintió que todo estaba decidido desde siempre.
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Cuentos de navidad 07.- Noche de invierno. Era navidad, de Pedro Pujante

El presidente del gobierno se acostó una
Noche de invierno. Era navidad.
Se presentó el fantasma del pasado y le dijo,
Oye, mira lo que hizo tu antecesor, supéralo
O mejor no te despiertes y no molestes más.
Luego el espíritu del presente le susurró, apresúrate a cambiar
Las cosas, ¿no ves la gente en paro, la crisis, la
Delincuencia, la educación, la inseguridad?
Para acabar el espectro del futuro le mostró
Un presidente retirado y millonario,
Viviendo, se vio, la dolce vita y
dorado por el sol en la hermosa y urbanizada
playa de un país desecho y saqueado.
… Eso sí era un buen sueño.
Cuando despertó nuestro castizo Scrooge,
Presidente del gobierno, siguió su mandato
Y no cambió ni un ápice su actitud ni su pensamiento.
Esto, lo siento, no es un jodido cuento de navidad.
 
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El absurdo fin de la realidad http://www.edicionesirreverentes.com/2099/PedroPujante.html

Juan Patricio Lombera, política, sexo y violencia

P.- ¿Qué representa en tu obra tu último libro, El asalto y la venganza?
R.- Por una parte, podemos decir que recupero temas muy presentes a lo largo de mi obra como la política (“El libertador encadenado”), violencia y sexo (“El asalto, la humillación y la venganza”) así como la omnipresencia de la muerte en nuestras vidas (“La muerte solo coge tres veces”) los cuales mezclo con una visión más intimista de la vida. En ese sentido ya no se trata de plantear soluciones universales como en “la rebelión de los inexistentes” o hacer una denuncia a una injusticia tangible como en “Bestiario chicano” sino adoptar la mirada del personaje que sufre, ya sea la injusticia político económica o la adicción al juego o al alcohol.
 
P.- ¿Dirías que esta obra marca un antes y un después?
R.- En efecto, El asalto y la Venganza marca una transición en mi obra que me permitió escribir mi novela “El péndulo familiar” donde cuento la historia de mi familia y mi propia historia. La historia como sugiere el título se divide en 2 tramas y va desde la infancia de mi abuela, mujer adelantada a sus tiempo que en plenos años 20 estudió una carrera universitaria en un México marcadamente machista y siempre fue una mujer independiente que viajó a lugares que ya quisiera yo. Esa historia va del pasado hacia el presente mientras que la historia de Patricio –especie de alter ego mío- arranca con su intento de suicidó en un hotel de Beijing para retroceder en el tiempo hasta 1968 en que mi padre, por un azar del destino, decidió no asistir a la manifestación del 2 de octubre. Si hubiera asistido como tenía planeado quizás no estaría aquí. 
P.- ¿Te resulta difícil crear un personaje literario a partir de tus propias vivencias?
R.- En este caso sí ya que me obligó enfrentarme a mis propios demonios… ¿De qué demonios estamos hablando? Concretamente de los dos peores momentos de mi vida; la muerte de mi padre estando yo aquí y sin poder despedirme y, por otra parte, la violación que sufrí a los 15 años por parte de un maestro de la preparatoria que me invitó a su casa para supuestamente ayudarme en los cursos de la preparatoria abierta que iba iniciar una vez que había abandonado mi anterior colegio. En la novela están exagerados los hechos en sí, pero en mi mente fue como si las cosas hubiesen ocurrido de esa manera y el hecho de no revelárselo a nadie no ayudó en lo más mínimo. Durante años sentí una humillación y un fuerte asqueo de mi propia persona. El hecho de haber estudiado en el liceo francés a los autores existencialistas y una visión filosófica según la cual la vida es una mierda y si eres feliz eres un idiota que no te enteras de que va la cosa, tampoco ayudó en mucho. En ese sentido “el péndulo familiar” me ayudó a perdonarme a mí mismo y, a pesar de que la realidad es muy testaruda, tener una visión más optimista de la vida.  
P.- Tú eres mitad mexicano, mitad español. ¿Cómo vas vivido el drama de los estudiantes de Iguala secuestrados y asesinados?
R.-Es un hecho que México se ha convertido en la Colombia de los noventa. En el caso de México, no se ve tan claro que el gobierno pueda ganar esta guerra – al menos ese es el sentir de mis compatriotas y golpes como el de Iguala en el que se asocian el poder político con la policía y los narcos, aunado a la incompetencia del Gobierno federal a la hora de investigar los hechos, ahondan este sentimiento. El hecho mismo de que esta vez las víctimas hayan sido estudiantes, que en su búsqueda hayan aparecido numerosas fosas clandestinas de otras personas, son un paso más hacia el abismo al que se dirige el país. Y por si fuera poco surge el escándalo de la casa blanca; casa que pertenecía a la empresa que ganó la licitación del ave México-Queretaro y que la primera dama habría comprado con los ahorros hechos en su época de actriz de telenovelas de Televisa completan esta tormenta perfecta de la degradación institucional y de seguridad que vive el país. Hasta los periódicos más aduladores de las reformas liberales y vende patrias del presidente EPN se han visto forzados a criticarlo. Claro que, como dice un amigo, si los hechos hubieran ocurrido en Venezuela Maduro habría sido tildado de genocida y de vaciar las arcas del país para satisfacer sus caprichos.
 
Los libros de Juan Patricio Lombera

 

Cuentos de navidad 06.- Lo que el niño de ocho años había pedido a Papá Noel, de Nelson Verástegui

Los padres de Pedrito se sentían impotentes. No sabían cómo averiguar lo que el niño de ocho años había pedido a Papá Noel. Cuando lo invitaron a escribir la carta, contestó que ya la había enviado por el buzón del correo camino de su escuela. Estaba aburrido de que sus compañeritos se burlaran de él por creer en Papá Noel y había decidido pedirle algo muy diferente en secreto.
En realidad nunca había recibido exactamente lo que pedía. Nunca eran como los juguetes soñados. Una vez le trajo un saco de paño que no había pedido y que días atrás una tía se lo había medido en un almacén disimuladamente. Él lo reconoció pero todos le aseguraron que este sí era de Papá Noel. Pedrito esperaba impaciente. El cuento de que había escrito y enviado la carta era mentira, pero no importaba.
El día esperado había un regalo bajo el árbol de Navidad con una carta; los dos de Papá Noel. Decía que como no había entendido bien la letra, había tratado de adivinar el regalo, que ojalá le gustara, que Papá Noel no era mentira sino una forma de decirle cómo lo querían sus padres y que le serviría para desarrollar la imaginación para la vida adulta.
Pedrito reconoció de inmediato la escritura de su madre y la máscara de monstruo que le había gustado tanto unas semanas atrás pero que su padre no había querido comprarle. Pedrito había pedido mentalmente al Papá Noel que le enviara una prueba tangible de si existía o no. Como vio que su deseo se había cumplido, ahora estaba seguro de que Papá Noel SÍ existía.

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Las seis y una noches  http://www.edicionesirreverentes.com/narrativa/Verastegui6noches.html 
El baúl de Napoleón http://www.edicionesirreverentes.com/Cercanias/verastegui.htm 

Cuentos de navidad 05.- Un papá Noel cualquiera, de Óscar Fernández Camporro

¡Aaaaahhhhhh…!
¡Hum…, huuuuummm…!
¿Qué…, qué suena…, qué es eso?
¡Uf, joder, es el despertador!
Me giro y…, y noto que mi cabeza no está en su sitio.
Alargo el brazo y apago el despertador.
Mi cabeza…
Hago un esfuerzo y me siento.
¡Uuuufff…, mi cabeza…!
Ya…, ya recuerdo… Vagamente, pero recuerdo. Anoche me acosté tarde. Ese garito, esas guarras, esas copas…, esos amigos… ¡Menudos cabrones! A estos no hay manera de tumbarlos. Este grupo es muy peligroso, a estos no hay manera de tumbarlos… Con otros amigos que suelo ir de juerga, no pasa nada, son tranquilos..., pero estos…  Creo…, creo que montamos bronca, que…, ¡oooh, por Dios, cómo me duele la cabeza!
Anoche…, cuando volví a casa…, se me olvidó completamente desconectar el despertador. ¡Claro, coño, cómo iba a acordarme!... Y menos mal, porque hoy tengo mucho qué hacer.
Hoy es un gran día.
¡Es el cumpleaños de mi hija!
Seis.
Seis años ya.
¡La hostia, cómo pasa el tiempo!
Hoy…, hoy no es día de visita, pero he convencido a mi mujer para que me permita recogerla en el colegio. Iremos a comer a una hamburguesería de las que le gustan… ¿O no le gustan?... No sé…, espero que sí, a todos los niños les gustan las hamburguesas, ¿no?
Mi…
Uuff…, mi cabeza.
Necesito despejarme.
Vamos, chaval, levanta el culo.
Lo levanto. Y me visto con ropa de deporte. Una carrerita me ayudará a eliminar el alcohol. Pero una corta, ¿eh?..., de quince minutitos, no más, no de cuarenta, como las mañanas. Hoy solo diez, con eso bastará para despejarme.
Salgo a la calle.
¡Coño, qué frío!
A correr.
Todo nevado. Claro, estamos en navidad y hace un frío del carajo. Luego me pondré el traje de Papá Noel. A mi hija le hará ilusión verme disfrazado…, seguro…, ¿o no?... Bueno, espero que sí, Papá Noel gusta a todos los niños, ¿no?
Sigo corriendo.
Echo de menos a mi hija. Y a mi esposa también… Mejor dicho, a mi exesposa. Hace ya un año que me dejó. Y no lo entiendo, de verdad que no lo entiendo. Me recriminaba cosas, me hablaba de no sé qué…, que si de cariño, que si de respeto, que si de compromiso, que si de mi oficio…
¡Joder, pero qué coño quería de mí!
Yo las cuidaba, cuidaba que no les faltara de nada, siempre les daba dinero cuando me lo pedían, nunca negué unos billetes a mi esposa…, a mi exesposa. Y…, y a cambio…, ella solo tenía que aguantar unos cachetes mientras follábamos… ¡Unos cachetes de nada, por amor de Dios!... Se trataba de un jueguecito amoroso…, pero ella…, allí…, tumbada…, ¡joder, como si fuera de plástico!... La muy…, la muy zorra.
¡Que no, coño, que no lo entiendo!
Y para colmo, la muy zorra se larga de casa con la niña para arrejuntarse con el tipo ese…. ¡Pero, joder, si es policía!... Y, además, es el mismo poli que me enchironó hace cuatro años. Me pasé dos a la sombra sin ver a mi hija… ¡Menudo cabronazo!... Me quitó la libertad para robarme a mi familia. Y mi ex se cree que ese poli las va a tratar mejor que yo… ¡Y una mierda!
Sigo corriendo.
Me duele la cabeza, sí, pero creo que es por el frío.
Ya se me está pasando un poco.
Pero ya no puedo más.
Vuelvo a casa.
Trotando.
Llego.
Entro.
Me ducho.
Me visto.
Desayuno.
Cojo todas mis cosas y salgo a la calle.
Entro al coche.
Conduzco.
Mi hija…, seis años ya.
Sé que me quiere. Y yo la quiero a ella. La verdad es que no habla mucho, a mí no. Pero a veces me cuenta cosas del poli ese como si él fuera su padre… ¡Y una polla, su padre soy yo, no te jode!
No importa…, no importa…
La sorprenderé con mi disfraz de Papé Noel e iremos a comer. Luego la llevará a una juguetería para que elija lo que quiera… Todo lo que quiera… ¡Coño, soy su padre, nunca la faltará de nada!
Sigo conduciendo.
Aparco a dos calles de la cafetería.
Me cambio de ropa dentro del coche: el relleno para la barriga, el abrigo rojo, las botas negras, el cinturón, la barba blanca y el gorro rojo… Y las manoplas, también rojas.
Me miro en el espejo retrovisor.
¡Jo…, jo…, jo!
¡La hostia, pero si ese es Papá Noel!
Clavadito.
Irreconocible.
¡Jo…, jo…, jo!
Salgo del coche.
Camino.
Llego a la puerta de la cafetería.
Echo un vistazo a través de la cristalera.
Entro. Bien. Hay poca gente.

Ahí está. Solo.
Como todos los días a esta hora.
Me acerco a él.Meto la mano por debajo de mi chaqueta.
Me mira.
Saco mi pistola.
Se levanta.
–¡Jo, jo, jo!
Le pego cuatro tiros en el pecho.
Gritos.
Me doy la vuelta y salgo del local.
Me alejo.
Los gritos se apagan.
Sigo caminando.
Me aseguro de que nadie me sigue. Pero justo enfrente, hay otro Papá Noel… ¡Anda la hostia, qué suerte!... Aunque mi disfraz es bastante mejor. Quizá ese tipo tenga una hija… Me gustaría que la tuviera y que pudiera disfrutar de ella todos los días… Bueno, todos no…, solo los días que él quisiera. Nos cruzamos.
–¡Jo, jo, jo!
–¡Jo, jo, jo!
¡Je, je, qué cachondo!
Miro el reloj… ¡Coño, qué tarde! Ya me estará esperando en la puerta del colegio
Llego al coche.
Me monto.
Arranco.
Conduzco.
Miro el reloj.
Llegaré en media hora. Seguro que me regaña por mi impuntualidad…, otra vez.
No importa. Lo único que me importa es que voy a pasar unas horas en compañía de mi única hija.
¡Joder…, Dios…, Papá Noel…, y todos los Santos…!
¡Cuánto quiero a mi hijita!
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Regresa a Riverthree http://www.mareditor.com/narrativa/Regresa_Riverthree.html 

Cuentos de navidad 04.- Platero de los belenes, de Julio Fernández Peláez

Platero es pequeño, peludo, suave.
Platero es tan tierno que hace las delicias de los visitantes a belenes públicos, esos que en todas las ciudades se colocan para que los niños y sus padres se aflijan con la llegada de unas fechas del todo entrañables y piensen que no todo es anuncio, lotería y bombillita inútil.
Platero es tan sensible que permanece reflexivo frente al mal aliento de quienes no paran de decir tonterías después de tomarse un par de vinos en la taberna de un amigo.
Platero es tan dócil que se deja montar por los salvajes que para hacerse una autofoto se suben sobre el lomo de los burritos de los belenes hasta reventarnos antes de darle al clik y decir: “Patata, burrito, di patata”.
Platero es tan bueno que cuando alcanza el cielo después de agonizar durante 3 días seguidos con los huesos que no tiene aplastados por más de cien kilos de grasa estúpida, no dice nada, y no se caga en la Navidad ni en la pavisosa figurita del tonto del niño Jesús, ni en la madre que lo parió y el calzonazos de su padre, ni en los reyes católicos que no traen más que mierda al establo, ni en la estrellita de papel de aluminio, ni en las ovejitas, patitos, camellos y demás fauna condescendiente que con tal de tener un papel secundario en la función, y poder renovar el contrato año tras año, permanecen inalterables e inconmovibles ante tanta injusticia en el mundo, como si las únicas cosas vivas y con sentimientos de todos los belenes fueran precisamente los ignorantes burritos plateros como yo.
Si te ha gustado el relato, puedes leer otros textos de Julio Fernández Peláez
Manifiesto capitalista para destrozar corazones http://www.edicionesirreverentes.com/teatro/ManifiestoCapitalista.html 
Filamentos de tiempo http://www.edicionesirreverentes.com/teatro/Filamentos.html

Cuentos de navidad 03.- Estrella de navidad, de Adrián Tejeda

Todo sucedió un poco antes del solsticio de invierno.
            Apareció de repente, de la nada más bien: Una luz radiante en el cielo que lo iluminaba todo, un  brillo expansivo en el firmamento. Su paso, fugaz como la vida misma,  a penas duró unos segundos,  los suficientes como para quedarse prendando, tanto como para no importarle esperar otros cincuenta años con tal de poder encontrarse de nuevo.
            El tiempo pone a todo en su sitio, eso dicen, aunque en su caso, la espera sirvió para ayudarle a controlar  su propia esencia, la materia que formaba parte de su ser, y el amor imposible que día a día iba naciendo en su interior, la energía necesaria para que obrase el milagro: diluirse en partículas infinitas, volar como motas de polvo en el aire al paso de las caricias de una ráfaga de viento, y finalmente, poder unirse con ella, la estrella del norte que había cambiado su vida para siempre.
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Una victoria para Latinoamérica, artículo de Juan Patricio Lombera sobre el fin del bloqueo a Cuba

“50 años de aislamiento [a Cuba] no han funcionado”. De esta forma, Barack Obama anunciaba el principio de las negociaciones Con Cuba para normalizar las relaciones. Amén de la importancia del hecho en sí –el principio del deshielo -, la frase misma también es histórica. No es frecuente oír a un presidente norteamericano reconocer equivocaciones en su política hacía un país del continente. De hecho el único precedente que yo recuerdo ocurrió cuando Bill Clinton dijo que el apoyo a los grupos de la muerte en Centroamérica había sido un error.
Desde pequeño, me acostumbré a ver a los gobiernos de los países latinoamericanos como meras marionetas de los Estados Unidos. Quizá las representaciones más gráficas de este servilismo ocurrieron cuando el presidente de El Salvador, José Napoléon Duarte, se salto el protocolo y besó la bandera norteamericana ante los ojos azorados de Ronald Reagan o cuando Guillermo Endara tomó posesión de su cargo de presidente de un Panamá aún sangriento por la guerra, en una base norteamericana. Cualquier presidente que osó enfrentarse a los Estados Unidos, en el siglo XX, fue destituido por un golpe de Estado o una invasión o muerto misteriosamente cuando no asesinado. En algunas ocasiones el relevo no se producía por una cuestión ideológica sino simplemente de intereses como le ocurrió a Juan Jacobo Arbenz en Guatemala que quería nacionalizar la United Fruit Company (posteriormente disuelta por monopolista) y pagar la indemnización que hiciera falta. La intolerancia de Eisenhower y Nixon y una campaña de publicidad acusando al guatemalteco de comunista prepararon el camino para el golpe de Estado de Castillo Armas preparado por la CIA. En el caso de Madero, primer presidente electo democráticamente en décadas en México, su caída se debió al hecho de que los americanos lo veían incapaz de pacificar al país y creían que la mano dura de un militar sería la solución. Dicho sea de paso, las reuniones de los generales Díaz y Huerta para derrocar a Madero se llevaron a cabo en la propia embajada.

En sus primeros 60 años de independencia, la historia de Cuba no se diferenció en lo más mínimo a la del resto de Latinoamérica y parecía que el barbón de Sierra Maestra iba a sufrir la misma suerte de tantos otros. No obstante, el golpe de Bahía de Cochinos fue lanzado con demasiada premura, en un lugar no muy propicio para un desembarco y avance de las tropas y con una carencia asombrosa de información por parte de los Estados Unidos acerca de la capacidad de reacción de Cuba propiciaron ese estrepitoso fracaso. Un año y medio después, una vez que Fidel Castro abrazara la alianza con la Unión Soviética y en medio de la crisis de los misiles, se empieza a aplicar el bloqueo a la isla que hasta la fecha continúa. Sin embargo, esa medida destinada a impedir que la Unión Soviética aportara más misiles de los que ya tenía la isla, pasado el peligro de la guerra nuclear y retirados los misiles, se convirtió en el mejor pretexto para justificar cualquier problema económico o social al interior de la isla e incluso imponer medidas más restrictivas a sus propios habitantes. “La culpa la tiene el bloqueo y los gringos”, ya fuera porque escaseaban los alimentos de la cartilla de racionamiento o por el control agobiante de los comités de defensa de la revolución. Por supuesto, Fidel y sus ministros nunca padecieron hambre alguna por el bloqueo, pero sí la población de la cual se esperaba que se hartara y derrocara al régimen. Por si fuera poco el resto del continente se plagó de dictadores brutales por lo que era lógico pensar que el odio a Castro no era por una cuestión de amor a la democracia sino por su ideología y por no respetar los intereses norteamericanos.
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"Nada es lo que decías", de Ester Bueno Palacios: Poesía en los ojos

Acaba de salir a la luz el poemario Nada es lo que decías, (editorial Cualdernos del Laberinto. Madrid, 2014) de la abulense Ester Bueno Palacios en cuyas páginas descubrimos un mundo repleto de  miradas ocultas, de vidas ajenas... Cad poema es un espacio configurado por experiencias salvables, por designios que nunca nos perteneceran pero que, como una guía de viaje, necesitamos conocer y hacer nuestros.


 Desde que se despierta la memoria acopiamos vivencias de los que nos rodean, escuchamos, leemos, intentamos valientes parchear esos huecos, en los que no podemos bandearnos, con las experiencias heredadas de otros. Y sin duda es hermoso el legado, adquirido y trasladado de una generación a otra, porque en el camino de los sentimientos, del interior del alma, no hay cambios sustanciales, la evolución es poca, el amor y los besos, el dolor y la furia, la pasión, la venganza, el sueño en lo imposible, lo posible alcanzado…

Lo que difiere entonces es la percepción íntima de todo sentimiento, la variante única de los seres humanos en su camino andado. Por eso NADA ES LO QUE DECÍAS. Las interpretaciones de cada verso, hechas por cada lector, único e íntimamente independiente y excepcional, son las que han de recubrir la lectura de este poemario, que no pretende más que ser lugar de encuentro de almas desgastadas en mayor o menor grado por el roce diario, por el paso del viento.



"Nada es lo que decías" es su primer poemario publicado. Háblenos de este título tan original. ¿Y cuál es la esencia, la clave de este nuevo libro?
—Habitualmente las personas que conoces, desde tu nacimiento, te van haciendo partícipe de sus experiencias y vivencias, de su trayectoria en las partes más íntimas, en el amor, en la amistad, en la derrota y el miedo, en la pasión… Y aunque, si bien es verdad, que sirve el bagaje de otros, casi siempre "nada es lo que te habían dicho", es necesaria la propia voz, son imprescindibles los propios errores. Quizás en el título hay también cierta desesperanza ante las promesas y las expectativas que otros de marcan y que finalmente son también nada.


—¿Qué lleva a un escritor a desear publicar, cómo se vence el pudor a mostrarse sin tapujos ante los lectores?
—Siempre he escrito, desde que me acuerdo, desde muy niña. Nunca me había planteado la necesidad de que otros leyeran lo que plasmaba en muchos cuadernos que aún conservo. Sin embargo, por una serie de coincidencias, parece que todo me llevaba a publicar, a darme cuenta de que quizás era el momento de mostrar a los demás lo que sentía. El pudor es mucho, las dudas infinitas. Pero cada vez me gusta más leer mis poemas en alto a otras personas, como un ejercicio de desinhibición, de conexión con almas que viven la poesía como un regalo y que son capaces de identificarse con sentimientos que yo he sentido tan intensamente.


—¿Pessoa decía que "la vida no basta,y por eso existe la literatura". ¿Cuáles son los motivos por lo que siente usted esa necesidad de escribir?
—Escribir es un regalo, un milagro. Sólo el hecho de conocer las letras, de encadenarlas, de hacer frases y de expresar ideas y sentimientos me parece mágico. En nuestra sociedad, donde el analfabetismo, afortunadamente, está prácticamente erradicado, no nos paramos a reflexionar sobre la fortuna que supone el identificar las palabras, el poder comunicarnos a través de un papel escrito, de un ordenador… Yo escribo por necesidad, me salva de mis fantasmas, me hace mejor persona. Me gusta atalantar las palabras, hacerlas tener cadencia y ritmo, simplemente me hace bien.


—¿Qué consejos daría a los jóvenes que se inician en el mundo de la escritura?
—Creo que hay que leer mucho, leer todo, de todos, a veces no es malo leer "indiscriminadamente" cuando se es muy joven. Dejarse aconsejar en las lecturas. Tener un armario de historias que otros contaron. Pero creo que el escritor, si es escritor, tiene la obligación de vivir, experimentar sin miedo, abrirse al mundo a veces y ser introspectivo en la creación. En mi opinión el escritor ha de ser dueño de su vida y escuchar vidas ajenas para poder hacer algo que conecte con el público.


—¿Cuáles son sus poetas fundamentales y cuáles destaca de la poesía actual?
—Me resulta dificilísimo elegir. Lorca, Miguel Hernández, Valente, Cernuda me apasiona, Kavafis, Emily Dickinson, Hughes, Infante, Octavio Paz, Dulce María Loynaz, José Hierro me parece excelso, Luis Feria, amo a Juan Gelman, a Tundidor…


—¿Cómo valora la rima y la métrica una poeta del siglo XXI?
—La poesía, según mi criterio, es libertad, es caos a veces en mi caso. Creo que la poesía actual se encuadra dentro de esa anarquía que casi solo la poesía nos tiene permitido. La métrica para mí es musicalidad, ritmo, sin necesidad de un ábaco, y la rima es peligrosa si no se tiene maestría y una sensibilidad extraordinaria en el significado de las palabras..


—Además de la poesía, está preparando una novela "Triple chocolate", qué más proyectos literarios tiene en mente, y qué le ofrece la poesía frente a la narrativa y al revés.
—La novela está terminada, en corrección, Ante ella tengo cierto "miedo escénico". He de vencerlo para enviarla a algún premio literario que es mi intención respecto a esta historia que me ha constado bastante cerrar. Aparte del trabajo de corrección de "Triple Chocolate" estoy preparando un nuevo poemario, aún sin título, que pretenderá buscar la dicotomía en numerosos aspectos de la vida. La poesía es libertad, la narrativa es trabajo duro. A mí no me cuesta escribir poesía, me sale, sin más. La narrativa precisa de un tiempo y una dedicación que, por mi trabajo y estilo de vida, me es más difícil de encuadrar.


—Es usted una persona muy vinculada con otros países, sobre todo con Holanda. ¿Cómo influye esta apertura en su escritura?
—Holanda es para mí inspiración y mi segunda patria. Me gusta la gente y el paisaje, su historia y su forma de vida. La capacidad de los holandeses de escuchar, su tranquilidad al afrontar los problemas o los retos, la permisividad dentro del orden, el respeto por las diferencias, la convivencia entre culturas, todo eso me ha enriquecido mucho como persona y como escritora. Este verano me retiré a Ámsterdam durante un mes para poder terminar "Nada es lo que decías". Ámsterdam me da la libertad que necesito para escribir.

—¿Cómo combina su faceta de periodista y de poeta? ¿Influye una sobre la otra?

—En el mundo periodístico soy una intrusa, es mi trabajo, la actualidad me interesa y me importa, sobre todo en lo que está relacionado con el bienestar de la gente. Pero la poesía es para mí algo totalmente separado de esa actualidad impaciente. Yo soy poeta a tiempo completo y me gustaría realmente dedicarme únicamente a escribir. La influencia entre uno y otro aspecto es únicamente la sensibilidad con la que abordo cualquier tema de mi trabajo o de mis escritos.


ESTER BUENO PALACIOS
 Martínez/Piedrahíta (Ávila), 1966. Estudió Historia en la Universidad de Salamanca, aunque su vida laboral se ha desarrollado entre la enseñanza del Español a alumnos de muy diferentes países y la dirección de gabinetes de prensa y relaciones con los medios de comunicación. Coordinó y dirigió el periódico «Ciudades », con presencia en todas las capitales de Castilla y León.



Cuentos de Navidad 02.- Un cuento de navidad, de Félix Díaz

Rudolph, el reno jefe, fue corriendo a llamar al Jefe
—¡Santa! Aquí hay tres señores que quieren hablar con usted.
—¡Quien cojones me viene a molestar ahora! ¡Esta misma noche tengo que empezar el reparto, ¡carajo!
En la puerta del Claus’ Palace se plantaron tres monarcas, cada uno con su escolta de seguridad. Los tres grupos de soldados se apostaron, prestos a proteger a cada uno de los Reyes Magos.
Ante semejante despliegue de armamento, Santa se alarmó.
—¿Qué cojones pasa aquí? ¿Un golpe de estado?
Uno de los reyes se adelantó, protegido por cuatro hombres vestidos de caqui y con chaleco antibalas, armados con enormes fusiles ametralladores.
—Tranquilo, Santa, soy Melchor. Es que de donde venimos hay que tomar todas las medidas de seguridad posibles, los mujaidines están dándonos por culo. Disculpa a nuestras escoltas, pero por el camino nos han molestado bastante.
—Vale, ahora lo entiendo, pero aquí no hay peligro. Me ponen nervioso todos esos soldados.
Melchor hizo un gesto, sus dos compañeros asintieron y la escolta militar se apartó. Santa Claus respiró aliviado.
—Bien, ¿qué se les ofrece? Esta noche es Nochebuena y tengo trabajo, como imagino que sabrán ustedes, majestades.
—Claro que sí, y de eso queríamos hablar. Nos estás quitando el trabajo, pues lo niños prefieren pedir los regalos al principio de las vacaciones y no al final como es nuestro caso.
—Yo no tengo la culpa, majestades. No puedo hacer nada.
—Lo harás —concluyó Melchor e hizo un nuevo gesto.
Los soldados tomaron sus armas y entraron en tromba en el palacio de Santa Claus.
—Estás secuestrado —anunció Melchor—. Revisaremos todas las cartas que has recibido y verificaremos que a todo el mundo le queden pendientes la mayor parte de los regalos para el 6 de enero. Tú sólo repartirás las chucherías que mantengan entretenidos a los críos hasta que lleguen nuestros regalos.
Baltasar y Gaspar se acercaron.
—¡Y como protestes no te dejaremos ni siquiera repartir las chucherías! —exclamó el rey negro.
—Mejor protesta, así me podré comer a tus renos —añadió Gaspar, mirando con gula a los animales.
Rudolph defecó en la nieve. Estaba asustado.
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Riqueza, amor y muerte podrían haberla escrito Wilkie Collins, Chester Himes y Charles Bukowski

P.-Riqueza amor y muerte tiene muchos elementos de novela negra tradicional, pero también erotismo. ¿Cómo presentaría su obra al lector que le descubra ahora?
R.- Creo, por haber leído mucha novela negra, especialmente norteamericana, que el lector de este tipo de literatura asocia la acción, la violencia y el misterio, al erotismo y a la sensualidad, sobre todo por parte de las protagonistas femeninas. En esta última novela mía la heroína es una profesora de artes marciales, cualidad que le sirve para afrontar situaciones extremadamente peligrosas que una mujer, podríamos decir normal, no las afrontaría por falta de entrenamiento y asimismo de un coraje especial necesario para luchar y jugarse la vida.

P.- Sus personajes, a lo largo de su obra, parecen no tener moral. ¿O sí la tienen?
R.-Los personajes de esta obra mía pertenecen a la sociedad que nos rodea, los hay que poseen valores que todos estimamos, como pueden ser: el respeto y fidelidad a la familia, el asumir el como propio honor del grupo al que se pertenece; ayudar y amar a las personas que merecen sus más nobles sentimientos y, llegando a casos extremos jugarse la vida en defensa del ser amado. Pero también hay en mi novela personajes sin ningún tipo de escrúpulos ni de moral, que el único, exclusivo interés que los mueve es lograr el poder y la riqueza a cualquier precio, y que consiguen ambas cosas, robando, torturando y asesinando despiadadamente.

P.-¿Por qué tienen un papel predominante en todos sus libros la mujer? De un modo u otro, siempre son protagonistas.
R.- Entrando en el terreno personal, creo que el hecho de darles en mis obras siempre gran protagonismo a las mujeres se debe a que, al morir mi padre siendo yo muy pequeño, me crié todo el tiempo entre mujeres, circunstancia que, seguramente, me permitió conocerlas todo lo bien que ellas te permiten llegues a hacerlo, y pude gracias a esta cercanía apreciar y admirar las extraordinarias cualidades humanas que las mujeres poseen y que demuestran en tantos trabajos en los que la ternura, la delicadeza, la dedicación y el sacrificio son requeridos e imprescindibles.

P.-Qué autores de novela negra podrían servir como referente para acercarse a su obra porque está en una línea creativa similar.
R.- Escritores que puedan servir de referente a mi modo de escribir puedo citar, como más cercano, a Javier Chiambrando. Luego puedo decir que he admirado y deben de algún modo influido en mi manera de escribir, por diferentes razones, a Wilkie Collins, Charles Willeford, Chester Himes, Boris Vian y, como no, a los míticos Raimond Chandler y Dashiell Hammett. Desde luego reconozco lo dificilísimo que es juzgarse uno mismo, pero yo diría que esta novela mía podrían haberla escrito (fantaseando por mi parte un imposible), colaborando los tres en este empeño y empleando ellos un infinito mayor talento del que yo poseo: Wilkie Collins, Chester Himes y Charles Bukowski.

P.-¿Cómo surge la idea de Amor, riqueza y muerte?
R.- La idea surgió como consecuencia de un desafío. Un buen amigo mío me reto a escribir una novela negra que tuviera lugar fuera de nuestro país, y por razones sentimentales suyas escogió Moscú, Viena y Paris. El personaje masculino principal de esta novela me surgió de un viaje que yo había hecho el año anterior a China y haber visitado el famoso Templo Shaolin, en mejor lugar del mundo para la enseñanza de las artes marciales. Y el personaje femenino lo encontré hojeando un álbum de fotos en una mujer, parisina, extraordinaria para mí, por muchas razones que enriquecen mi memoria.
 

Cuentos de Navidad 01.- Vente a casa por navidad, de Andrés Fornells

Esperancita Cansada tenía novio. A ninguno de cuantos la conocían extrañaba este detalle porque Esperancita era de hermosa que verla alegraba la vista, despertaba el tambor del corazón y levantaba a la máxima altura la libido de quienes la tienen en sumo grado de funcionamiento.
El novio de Esperancita se llamaba Julito Desganado y poseía una gran ventaja sobre los feos, y era una hermosura física de esas que impulsan a las mujeres buenas receptoras a abrir lo que tienen cerrado y a permitir le estrenen lo que nadie les ha estrenado todavía.
Julito viajaba mucho, una actividad bastante normal en todo aquel que ejerce la profesión de viajante. A Esperancita la tenía altamente mosqueada que él viajase tanto y que en sus regresos de los viajes trajese manchas de pintalabios en los cuellos de sus camisas y algún que otro cabello rubio pegado en sus ropas (Esperancita tenía su abundante pelambrera azabache como los sobacos de un grillo que ha vivido toda su vida en una mina de carbón) y estos detalles sospechosos la ponían muy furiosa, aunque Julito lo justificara conque por lo atractivo que era, las féminas se arrimaban a él y, antes de darle tiempo a huir de ellas, dejaban sobre su irresistible persona aquellas “cochinadas”.
Esperancita, que empezaba a estar de Julito hasta el moño más íntimo, le advirtió que si no volvía a casa por Navidad para pasar ésta con ella, que la olvidase igual que Goya se olvidó de Dios cuando la mujer que más había amado en su vida, se olvidó de él. Todos sabemos que los malos cristianos le echan las culpas al Creador de todo aquello que no les sale todo lo bien que ellos desean.
Julito no pasó la Navidad con Esperancita. Esperancita se molestó muchísimo. Esperancita lloró esas malditas Mil y una lágrimas que tanto les duelen a las mujeres que aman, lo que no está escrito.
¿Y quién estaba junto a ella, junto a Esperancita para consolarla? Perfecto, habéis acertado plenamente. Y, quién habéis acertado en vuestra maliciosa suposición, le demostró a Esperancita que no son los más guapos los que la sabía naturaleza ha premiado con dones que ninguna hembra ardiente y ávida de sentirse plena al máximo ha sabido nunca rechazar.
Moraleja: Todo hombre que no cumple la promesa dada a la mujer que lo ama, que se prepare a llevar en su frente ese estigma que no es característico de los de su especie sino de la especie que, a menudo, muere en las plazas de toros.
 
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