Entrevista al humorista Manolo Royo, por su comedia Jubiloflautas




P.- ¿Arreglarán tus jubilados revolucionarios el mundo desde su mesa de café?
R.- Tratar de arreglar el mundo en un par de tertulias de café, es tan típico como lo de recetar al vecino. Lamentablemente, el El mundo se arregla con la administración correcta de los bienes y la aplicación estricta del sentido común. Me pregunta si se puede enfocar desde el humor la terrible crisis que estamos sufriendo. Creo que se debe, por lo menos nos reiremos un poco y con el distanciamiento, algo aprenderemos sobre nuestros males. Creo que mi comedia es válida porque recuerda a los políticos que si tratas mal a quien sirves, pronto le servirá otro. Por eso ahora hay tanto miedo cuando se mira a Grecia, porque todos se han dado cuentas que quien se encarga de trabajar para nosotros, puede ser otro".

P.- ¿Representas en Jubiloflautas las dos España?
R.- No hay sólo dos Españas, ahora parece que -como los panes y los peces- se han multiplicado y han pasado a ser las diecisiete españas, cada una con sus gobiernos, sus banderas, su corrupción, sus ciudadanos… En mi obra presento a un prejubilado revolucionario moderado, y a otro más moderado, pero con buena fe. Aspiran a arreglar un país que entre todos hemos dejado desarreglar.

P.- ¿Es Jubiloflautas una obra Irreverente?
R.- No, es sólo un reflejo social, la sociedad es la que se pone irreverente a la fuerza, la que se manifiesta, la que protesta y saca las cacerolas a la calle porque están hartos de considerarse engañados. Yo lo cuento en mi obra y procuro que el lector o el espectador, primero sonría, y después medite.

P.- Hecha con un planteamiento escénico muy moderno
R.- Esta es una obra escrita para ser representada entre el público. Ya que la acción de la obra se desarrolla en un bar. Sería magnífico que no hubiera escenario como tal, sino que todo el teatro reprodujera un bar, con sus mesas, sus sillas, sus consumidores... Ya he pensado en vender butacas de platea y butacas de escenario para darle al público la posibilidad de acompañar a los actores. La idea al escribir la obra es que tres actores estén en el escenario rodeados por parte del público, que será la gente que hay en el bar. Y al cambiar de acto, se cambiaría el público que iría al escenario

P.- ¿Hay políticos en España que pudieran representar tu obra?
R.- Julio Anguita podría muy bien ser uno de los dos protagonistas. Es más, le vendría el papel como anillo al dedo, por la edad, por su gran capacidad intelectual y conocimientos y por su cordura. A Pablo Iglesias, aunque es un chico muy preparado, por el aspecto y la edad, sélo le quedaría el papel de camarero. Hay que tener en cuenta de que los tres personajes dos tienen alrededor de 60 años.

P.- ¿Tu obra va a sorprender a quienes te han visto haciendo en TVE de mañico o de niño?
R.-Sí que se sorprenderá al espectador. Siempre lo descoloco en mis actuaciones en directo, y en este caso, le vamos a romper los esquemas, porque lo que se dice es lo que se decía en la Puerta del Sol, porque las ropas son las que llevaba la gente, porque cuando se represente, van a estar como en una asamblea, todos reunidos, porque la gente piensa que va a escuchar chistes, pero va a vivir el humor y luego a quedarse pensando. Creo que le va a interesar especialmente a público joven, a los que estaban y siguen estando en asambleas. Y a los jubiloflautas que represento en mi obra, que hay muchísimos. El espectador te encasilla y yo me desencasillo de forma habitual, constante y en ocasiones convulsivas. Es la única forma de sobrevivir tantas décadas en el mundo del espectáculo.

P.- Además de esta obra de teatro, qué estás haciendo.
R.- Hago 30.000 kilómetros al año de pueblo en pueblo que es donde me gusta actuar, cara al público. No formo parte de ninguna plantilla de ninguna televisión. El tiempo libre lo dedico a crear en otras artes, eso me realiza aún más como ser humano y como individuo.

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