Entrevista a la poeta MONTSERRAT CANO




Montse Cano acaba de presentar, en una gira meteórica por toda España, su último poemario, que es también un libro de viajes. (Los viajes inútilies. Editorial Cuadernos del Laberinto, Madrid 2015) Esta tarde tendremos la oportundiad de encontrarla firmándolo en la Feria del Libro de Madrid (caseta 322). 

Nos ha recibido para hablarnos de su literatura, de su visión del mundo y de sus viajes. El viajero es una figura literaria. Es turista quien tiene adonde regresar. Los que parten sin billete de vuelta se llaman de otros modos: emigrantes, refugiados, mano de obra o nada más que pobres gentes.


-¿Cuántos años de viaje significa su nuevo libro LOS VIAJES INÚTILES?
 Estos viajes son, en realidad, toda mi vida. He intentado plasmar esas impresiones especiales que nos marcan y nos construyen a lo largo del tiempo. Me ha importado más recrear lo que queda en la memoria que retratar los lugares a que me refiero. Al final, son viajes interiores.

- Gran viajera, ¿recorre el mundo escribiendo o siente y luego escribe?
 Lo primero de todo es que no soy una gran viajera, aunque me encantaría serlo. Lo que ocurre es que doy mucha importancia a los viajes y creo que les saco mucho partido, es decir, que intento aprender todo lo que puedo de los lugares a los que voy. Por otra parte, creo que mi mirada es de escritora y no consigo desprenderme del hábito de traducir en palabras todo lo que veo, de manera que, sí, diría que recorro los lugares escribiendo.

-¿Es la escritura una reivindicación, una forma de rebelarse contra el mundo?
 Por lo menos es una forma de tratar de comprender el mundo. En ese intento, es inevitable que se denuncie lo que no nos gusta y se reivindique la posibilidad de algo más acorde con nuestros deseos. El material fundamental de la escritura no es lo objetivo sino las múltiples e infinitas subjetividades, y lo subjetivo siempre hay algo de rebelión frente a lo establecido. Así, escribir es una manera de definir el eterno conflicto entre el yo y el nosotros, entre el individuo y la sociedad, entre lo esencial de nuestra naturaleza y las normas impuestas.

 

Ha pasado una gran temporada como concursante del programa cultural SABER Y GANAR. ¿Ha notado la influencia de la televisión en su vida cotidiana?
 Solo he notado dos diferencias: una, que he vendido más libros, porque cuando la gente me ha reconocido en la Feria del Libro, por ejemplo, se ha interesado por ellos, cosa que no sucedía antes. Y otra, que las personas son muy generosas con quienes aparecen en televisión y valoran más sus aciertos que sus errores. Esto es algo que no ocurre en casi ningún otro ámbito y que me ha sorprendido mucho y de manera muy positiva, claro, estoy muy agradecida a todas las personas que me han felicitado y animado sin conocerme. Aunque, por otro lado, habría que reflexionar una vez más sobre la capacidad de los medios de comunicación para fomentar la admiración y anular el espíritu crítico.

Usted que ha conocido tan profundamente tantos tipos de sociedades y culturas ¿Qué modelo considera más positivo?
 La verdad es que no conozco casi nada en profundidad, ojalá fuera así. Sin embargo, sí estoy convencida de que, en lo que a los aspectos culturales de una sociedad se refiere, no existen modelos más positivos que otros. Cada grupo humano ha construido a lo largo del tiempo un modelo que responde a sus necesidades y expectativas y dentro del que se siente acompañado y representado. Desde esta perspectiva, el único modelo negativo sería aquel que trata de imponerse por la fuerza y que tiene las  consecuencias  contraproducentes de impedir las transformaciones que, sin duda, se darían por efecto de la evolución social y del contacto con otras culturas, y de convertir en signos perdurables de reafirmación elementos anacrónicos e innecesarios. Nuestra sociedad occidental, que por fin ha aprendido a valorar la diversidad, sigue todavía imponiendo sus criterios como los mejores y los únicos dignos de ser un ejemplo universal.

-¿Cómo explica que en pleno siglo XXI la cultura siga controlada por políticos que en su mayoría son medio analfabetos?
 Porque la mayoría de los políticos no controlan nada en nuestro mundo, son apenas títeres en manos de quienes de verdad tienen el poder, los grandes consorcios económicos. Cuanto más analfabetos sean, menos recursos tendrán para enfrentarse a esos poderes. Eso es una corriente que atraviesa toda la sociedad. Interesan ciudadanos ignorantes que toleren a políticos ignorantes que obedezcan a intereses de la élite económica. El control sobre el producto cultural, degradándolo, banalizándolo, supeditándolo al mercado, es el control sobre la ciudadanía. Se nos trata de hacer creer que el pensamiento, la observación la reflexión, la inteligencia, en fin, son cosas aburridas y que lo entretenido es lo que no obliga a pensar ni a observar ni a reflexionar. Así se anula el espíritu crítico de las personas y se olvida que una de las grandes fuentes de placer del ser humano, además del cuerpo, es el intelecto.

-¿Cómo define la prosa poética que usted utiliza, es narrativa o verso? ¿Cómo diferenciaríamos una de otra?
 Esa es una pregunta muy difícil que requeriría largas explicaciones y discusiones. No me gusta el término prosa poética. Creo que lo “poético” es una cualidad del arte que no se manifiesta en el verso sino en la consecución de lo sublime, y eso se puede dar tanto en todos los géneros literarios. La buena prosa y el buen ensayo, como el buen cine, son tan poéticos como la buena poesía. El verso es un recurso, interesante pero solo un recurso, y prueba de  ello es que durante siglos la épica y el teatro se escribían en verso y eso no los convertía en poesía. Otra cosa es que la poesía, en tanto que género, tenga otros instrumentos, como la esencialidad, la sugerencia o la creación de significados nuevos para las palabras, que faciliten alcanzar lo sublime. O incluso que en el concepto de poesía vaya implícito conseguir esa altura. Los textos de este libro, como ocurría en otro anterior, La mujer desarmada, están concebidos como poemas sin rima ni medida, buscando el ritmo en la sintaxis y el vocabulario, como lo haría si escribiese prosa, pero intentando llegar a lo esencial de cuanto digo. Intentándolo, repito, no sé si consiguiéndolo. Soy consciente de que entre alguno de estos textos y un relato hiperbreve no hay apenas diferencia pero creo que hoy gozamos de una libertad creativa –que no ha sido fácil de alcanzar- que nos permite usar cuantos elementos expresivos necesitemos y de la manera que nos sea más útil. Me importa el texto, no la categoría a la que pertenezca. De eso tal vez se ocupen los estudiosos algún día, si es que lo que escribo llega a merecer su atención.

- ¿Qué planes literarios tiene en la cabeza?
 Acabo de terminar una novela juvenil de tema histórico y estoy trabajando en un libro de relatos. Lo siguiente será otra novela cuyo argumento tengo ya casi definido.