"Fractura", de MARÍA TORVISCO



IMPERFECTA MADUREZ (por Pepe Aracil Sáez)




No es habitual que alguien publique su primer poemario una vez superados los sesenta años. No conozco personalmente a María Torvisco (Madrid, 1952) e ignoro si estos poemas han sido escritos a lo largo de una vida y reunidos para la ocasión, pero me da más bien la impresión de que, al menos en su mayor parte, son poemas recientes, que han germinado -independientemente de que puedan haberse ido forjando en la mente de la autora desde hace años- en plena madurez, en un momento vital en el que parece lógico y natural hacer balance, recapitular, rendir cuentas con uno mismo y mirar hacia atrás (sin ira).



Nos sumergimos, pues, en la lectura de Fractura atraídos por la potente portada y con el aliciente de no tener ni idea de qué sensaciones nos deparará y encontramos un libro de estructura clásica: tres partes bien diferenciadas, sin título, introducidas por tres sencillos haiku que de algún modo nos preparan para lo que vamos a encontrar en cada una de ellas... Son tres bloques relativamente independientes que pueden leerse como un todo, no en un sentido argumental o narrativo (introducción / nudo / desenlace), sino más bien como una especie de progresión sentimental (ilusión / decepción / comprensión).



En la primera parte del libro María se (nos) retrotrae a su infancia y primera juventud. Son poemas en los que Tiempo y Memoria se convierten en los temas principales. En realidad, estos conceptos no van a dejar de aparecer insistentemente a lo largo de todo el libro. Basta ver los títulos de muchos de los poemas aquí reunidos (La memoria pierde el equilibrio, No hay tiempo, El origen, La ciudad donde nacimos, El rastro del retorno), así como la cantidad de veces que se repiten estas y otras palabras pertenecientes a campos semánticos cercanos (olvido, recuerdo, costumbre, pasado, eternidad...) para darnos cuenta de ello.



Se completa esta primera parte con tres composiciones de un corte, digamos, más 'social', en los que la autora sale por un momento de sí misma para tratar de ponerse en la piel de otros personajes alejados en tiempo y lugar pero con los que parece compartir experiencia y sentimiento (Omar, Álgebra, Chi-Wara).



Pasamos al segundo bloque, el más extenso, el que da sentido a la Fractura a la que hace referencia el título. Son poemas en su mayoría dominados por un suave sentimiento de desamor, de decepción, de reproche, de ruptura; nunca de amargura ni angustia. Muchos de ellos están escritos en segunda persona, dirigiéndose a un supuesto receptor cuyo silencio acrecienta aún más cierta sensación de soledad que recorre gran parte del libro.



Sorprende encontrar aquí, en mitad de un libro dominado por el verso libre, un soneto (el ya citado No hay tiempo) de una perfección formal inédita en un volumen compuesto en su casi totalidad por poemas deslavazados y algo perezosos, que en ocasiones parecen a medio terminar, más preocupados por transmitirnos estados de ánimo que por demostrarnos el dominio formal de la autora. Esto, que en otros casos podríamos achacar a incapacidad o vagancia, en este nos parece una elección consciente, tal vez el único modo de transmitir lo que se desea comunicar.



Por último llegamos no al desenlace, pero sí a la conclusión. Son tres poemas, titulados sencillamente Poética I, II y III, en los que la autora reflexiona sobre el sentido de sus versos, sobre su relación con la escritura, sobre la conexión entre las experiencias vividas y las imaginadas, sobre la función real de la poesía como fuente y medio de conocimiento.



Quizá lo más atractivo de este libro, al menos para mí, sea ese situarse a medio camino entre la imperfección entusiasta propia de una debutante y la serenidad y experiencia que da la madurez. Tal vez no sea un gran libro pero sin duda, por este y otros motivos, es un libro muy recomendable.


MÁS INFORMACIÓN:


En Sexto Continente (RNE) hemos tenido la oportunidad de poder hablar con la autora, MARÍA TORVISCO, quien, amistosamente, ha contestado a nuestras preguntas y nos ha sumergido en su mundo poético.



—Acaba de llegar a las librerías su poemario FRACTURA (Editorial Cuadernos del Laberinto, Madrid). Háblenos sobre él.
 Hay un recuerdo muy especial de todo el proceso de construcción del libro, es mi primer libro en solitario y eso le ha convertido  en una  aventura.
Fractura trabaja con el tiempo a través de la memoria y entiende esta como una construcción propia que no solo se alimenta del recuerdo sino también del olvido. Y ¿cómo se traduce esto en el libro? Se traduce a través de mi mirada yo no puedo escribir del presente lo hago de la relación que tiene mi tiempo, el tiempo vivido con lo que ocurre a mi alrededor.

—¿Se siente cómoda ante el lector o el paso de escribir a publicar es una nueva “fractura” en su percepción de la poesía.
 Soy de la opinión de que cada lector va a construir su propio libro, sino fuera así sentiría mucho pudor al pensar que van a leerme, cuando el lector intervenga en mi libro yo ya no estaré ahí, esto me hace sentirme muy cómoda y libre frente al lector, es decir no me interesa explicar mis poemas me interesa que el lector construya cosas al leerme.

—¿Qué tienen el tiempo y la memoria que la inspiran hasta el punto de dedicarles un libro?
 Somos básicamente tiempo y la memoria el relato de lo que somos, es decir, el cuento del tiempo, quiero decir que no es que el tiempo y la memoria sean grandes inspiradores para mi es que no puedo prescindir de ellos cuando miro y mi escritura, como la de cualquier otra poeta se origina en la mirada.

—En FRACTURA nos habla de lo falsa que es la memoria, de cómo cada cual selecciona sus recuerdos, pero aun así todos sabemos lo dolorosa que llega a ser. ¿Somos seres a los que les gusta sufrir? Correr hasta desalentar al enemigo. Pues vivamos sin memoria ¿no?
No creo que la memoria sea falsa creo que es una construcción propia con esto quiero decir que dos personas frente a un suceso pasado  lo contarán de manera diferente y por consiguiente lo habrán incorporado a su memoria de otra manera, no es tanto que seleccionemos los recuerdos sino que estos se insertan en el pensamiento y producen definiciones variadas de lo que fue un suceso o muchos sucesos.

No creo que seamos seres a los que nos guste sufrir, sufrimos porque también hemos sido felices si solo fuéramos felices no sabríamos qué somos. “Correr hasta desalentar al enemigo” es un verso de una de mis poéticas del libro, las poéticas en mi libro rinden homenaje a la manera de escribir y al lenguaje  y este verso intenta decir que nunca hay que caer en la desolación para eso está el enemigo que sea él el que se desaliente.

 —¿Sueña con parar o dominar el tiempo? ¿Qué haría con ese poder?
 No sueño con parar o dominar el tiempo, ya he comentado antes que somos básicamente tiempo y en este sentido lo que si me gustaría es  disfrutar con mi vida, con mi tiempo, no podría hacer nada con ese poder, la palabra poder me remite a ejercerlo sobre otro, creo más bien en construir lugares habitables. 

 —¿Y ese soneto solitario?
 Es una estructura que me obliga y por eso quise hacerlo, era una manera de rendirle  homenaje.

—¿No la da miedo no ser entendida? Su poesía no resulta fácil en una primera lectura.
 Fractura no tiene un hilo argumental se mueve en el terreno de las emociones y opera con el carácter subjetivo del lenguaje, no me da miedo pero no me gustaría que mi libro no “provocara” emociones aunque fueran diferentes a las que a mí me llevaron a escribirle, si esto ocurriera significaría que he construido una maquinaria que no funciona.

 —¿Cómo es su forma de escribir, sus manías?
 No identifico manías en mi forma de escribir, puedo identificar errores, siempre que se me ocurre escribir no puedo es como si la realidad me llenara de posibilidades que luego me cuesta mucho darles forma. Escribo porque si no lo hiciera desaparecería lo que siento, en mi escritura aunque el material es la palabra hay una manera de construir a través de imágenes, es como si con lo que quiero o siento tuviera que construir una coreografía por eso a veces puede parecer que en un poema hay cosas que se escapan pero yo las dejo así porque las veo así, no es que las sienta es que las veo.