"Todo es posible y no", de Julieta Pellicer: Lo que duele y lo que reconforta



Conocíamos la obra de Julieta Pellicer por las antologías en las que ha participado y, por qué no decirlo, en las que destacaba como una luz que algún día quisiéramos que nos iluminase. 
Tarda el deseo en convertirse en realidad, y es eso justamente lo que le confiere la fuerza de deseo. Y deseo precisamente era lo que muchos lectores sentíamos ante la esperanza de que Julieta Pellicer se decidiese a sacar su primer poemario.

La espera ha valido la pena y estas, apenas 50 páginas, se derriten en la boca de los que nos consideramos gourmets poéticos.  En ellas la poeta se afirma en un universo en el que los sentimientos prevalecen y en donde la gravedad de sus palabras admiten la única certeza de que todo es variable, de que la certeza no es única.

INTRUSO
Según el principio de incertidumbre
este amor está vivo
y está muerto.
Porque nadie nos busca
y no quedan cárceles ni fotografías.
Pero si un ojo asoma
al abismo perenne que nos guarda
y al mirarnos nos ve,
quizá vea en nosotros
un amor que está muerto
o está vivo.

 

Bajo el título de Todo es posible y no se esconde la advertencia de que hemos de asumir todas las posibilidades: lo posible y lo imposible, lo real y lo fabuloso, lo que duele y lo que reconforta. Porque cualquier acontecimiento, por pequeño que sea, resulta mucho más maleable de lo que parece: si lo maniobramos en abstracto descubriremos sus muchos sentidos, sus muchas y paradójicas significaciones.

Julieta Pellicer juega con las palabras, con el propio concepto de la poesía y la vida para empezar de cero. Quiere un mundo sin trampas, sin más dimensión que la de los sentimientos. Y quiere, además, ponérselo difícil, remontar cuantas adversidades le salgan al paso en el proceso para así hacerse fuerte, como un muro panorámico. Ese es el método de Julieta para pertenecer (para pertenecerse): antes de decir siente necesidad de conocer la naturaleza de aquello sobre lo que va a decir. La unidad en la otredad. Porque el amor, reconozcámoslo ya, se piensa más largamente que se vive. Y es, además, quien da a menudo sentido a la palabra yo, tan solitaria, tan desvaída.


 Hemos conversado con Julieta Pellicer, quien nos sumerje en su creación, en sus contradicciones y en lo que encierra la palabra.

—¿Qué va a encontrar el lector en Todo es posible y no? ¿De dónde surge el título?
Con este libro no puedo ofrecer al lector ninguna certeza; más bien, me gustaría invitarle al terreno de la duda. Quisiera que se sumerja conmigo en las aguas pantanosas de la contradicción, ayudarle a descubrir todo un mundo de posibilidades. El título “Todo es posible y no” surge del hallazgo de la única conclusión a la que he llegado tras la escritura del poemario: la de que todo es, a la vez, real e imaginario, que todo tiene poca y, a la vez, demasiada importancia.


—En el prólogo Rafael Espejo comenta que usted quiere un mundo sin trampas, sin más dimensión que la de los sentimientos. Y quiere, además, ponérselo difícil, remontar cuantas adversidades le salgan al paso en el proceso para así hacerse fuerte. Suena a que es usted extremadamente sensible, ¿es por eso por lo que escribe poesía?
Creo que sí es necesario cultivar una cierta sensibilidad para escribir poesía. Y el mundo frívolo en el que vivimos nos lo pone difícil. Emocionarse ante la belleza, poner mucha atención en el detalle, sentir miedo a lo desconocido o dejarse guiar por un impulso sincero, son cosas pasadas de moda. Estamos acostumbrados a vivir detrás de una máscara, nos aterra la idea de exponernos con honestidad. Y a los que somos demasiado sensibles nos cuesta encontrar nuestro lugar en el mundo, nos cuesta encajar en la sociedad de las verdades a medias. Por eso, quizá, buscamos un vía de escape, una forma de conexión con el fondo de nosotros mismos. Para mí esta conexión sucede a través de la poesía.


—¿Cómo convencer a los que dicen que no leen poesía porque no la entienden?
Creo que para leer poesía no hace falta entenderla. Ni siquiera creo que haga falta para escribirla. Uno se puede acercar a un poema como un ejercicio más emocional que intelectual, disfrutar del sonido de las palabras, de los versos, de cada imagen. La poesía tiene una capacidad de trasladarnos a terrenos oníricos y es mejor rendirse y dejarse llevar: sin resistencia, sin miedo, vaciando la mente de expectativas. Siempre vamos a encontrar versos incomprensibles pero no importa, porque otros provocarán una mágica sugestión hacia los laberintos de nuestra propia memoria.

—Es usted meticulosa y muy cuidadosa eligiendo cada palabra de los versos. ¿Es un reflejo de su forma de ser?
Definitivamente no. Más bien se me acusa de mi falta de método para enfrentarme a los quehaceres cotidianos. Soy dispersa, desordenada y me cuesta concentrarme en una misma tarea durante mucho tiempo. Mi forma de ser es más intuitiva que racional.

—¿Cuál es su metodología en el proceso de creación?
 Para crear un poema lo hago siempre desde la búsqueda: me hago preguntas, imagino posibilidades. Dedico mucho tiempo hasta encontrar la palabra exacta que, sin embargo, suele aparecer cuando menos lo espero, cuando me separo del texto. Confío plenamente en la intervención del azar en el proceso creativo; y no me avergüenzo de ello, al contrario, disfruto muchísimo ante un hallazgo casual. Por ejemplo, muchas veces utilizo palabras recortadas de revistas que extiendo sobre mi mesa, las muevo sin orden hasta que aparece ante mis ojos el verso que me faltaba.


—¿Cómo ve el papel de la métrica y la rima en la poesía contemporánea?
En la poesía contemporánea resulta raro encontrar versos que rimen. Sin embargo sí aparecen ciertas métricas en muchos poetas de hoy, de una forma, quizá, menos rígida, pero que denota la influencia de lecturas tradicionales. Creo que no es necesario el rechazo a la métrica o a la rima en la poesía: pueden convertirse en poderosas herramientas de experimentación y de ejercicio literario.


—Además de poeta, es usted fotógrafa. ¿Son sus poesías una forma de encerrar la imagen, y las fotos una voz en relieve?
Bajo mi punto de vista la fotografía y la poesía son dos formas de expresión muy similares. Ambas tratan de contar el mundo a través de lo mínimo, de la palabra exacta o del momento preciso. Escribir un poema o hacer una foto son ejercicios de síntesis, de búsqueda de lo esencial: son una forma de renunciar a todo lo innecesario. Para mí escribir una novela o hacer cine pertenecen a otra esfera completamente distinta de la creación en la que, de momento, nunca me he atrevido a adentrarme.

—¿Qué recomendaría a los jóvenes que empiezan a escribir?
Les recomendaría que no hagan demasiado caso de los consejos de otros escritores. Que se dejen llevar por su propia intuición, que ya habrá tiempo de corregir, de cambiar de normas, de sentir vergüenza. Les diría que lean todo lo que puedan y que vivan el ejercicio de escribir como un juego, que experimenten sin miedo, que no abandonen el entusiasmo y que no se dejen influenciar por una crítica destructiva.


Más información: http://www.cuadernosdelaberinto.com/Poesia/julieta_pellicer.html




JULIETA PELLICER
(Madrid, 1984).
Poeta y fotógrafa, licenciada en Bellas Artes, Máster en Estudios Literarios.

Compagina su labor creativa, literaria y plástica, con la docencia: imparte clases de fotografía y de escritura creativa en diversos centros. Ha realizado varias exposiciones individuales y participado en muchas muestras colectivas.

Ha participado en las antologías Amor: Poesía amorosa contemporánea (Cuadernos del Laberinto. 2014); Atlas poético. Viajeras del siglo XXI (Cuadernos del Laberinto, 2013); La escombrera. Poesía en el entorno, prologado por Niall Binns (Ed. Legados, 2011). Ha publicado también poemas y artículos en diversos medios: Periódico de poesía (UNAM, México), La Estafeta del Viento (Revista de poesía de La Casa de América), Revista Paraíso (Jaén), Boletín Ponte las Gafas (Cáceres), etc. Ha participado en varios cursos y talleres de poesía con Luis García Montero, Benjamín Prado, Ada Salas, Niall Binns o Jordi Doce, entre otros.

En 2014 recibe el primer premio de poesía del Certamen de Jóvenes Creadores de Ávila. En 2008 recibe la Beca de Creación Literaria en la modalidad de poesía de la Junta de Extremadura.