Carlos Tejero y los "Anónimos": Poesía para revertir el mundo

Anónimos se hace con el fin de homenajear a aquellas personas que humildemente ofrecieron todo su conocimiento y quehacer de forma generosa sin pedir nada a cambio. Bertold Brecht recordaba que la historia de los héroes y de los reyes descansa sobre esclavos y súbditos, sobre obreros que podrían cobrar conciencia de su anonimato si leyeran críticamente la épica oficial.

Carlos Tejero devuelve a los anónimos la dignidad asociada al nombre propio. A los autores y transmisores de literatura popular, sin que esta pierda su arraigo en el común. A los costaleros de las imágenes que desfilan por los libros de historia, dándoles identidad en sus propios poemas. Escribe para ellos, por ellos.

Justamente estos días se celebra en el parque de El Retiro la 75 Feria del Libro de Madrid, la cita cultural más importante de toda España. Carlos Tejero ha estado firmando en la caseta de su editorial y hemos podido entrevistarle. El propio autor nos desvela las intimidades de este poemario que no pasa desapercibido.




 —Llega a las librerías de toda España su segundo poemario “Anónimos” (Cuadernos del Laberinto. Madrid, 2016). ¿Qué va a encontrar el lector bajo este título tan significativo?
    Anónimos es un homenaje a muchas personas queridas a las que van dedicados algunos poemas, pero también quiere acercarse a tantas otras que con su entrega diaria convierten nuestra realidad en un mundo más agradable. Todas estas carecen de nombre en el libro y a eso se debe el título. El lector puede ofrecer una identidad concreta a esas personas sin aparente relevancia, pues no integran los manuales de historia ni tampoco los encontramos, salvo raras excepciones, en los medios de comunicación.  El equivalente los hallamos, como apunta Ignacio Gutiérrez en el prólogo, en esas “Preguntas de un obrero que está leyendo” de Bertolt Brecht. Son los que integran el concepto de intrahistoria de Miguel de Unamuno o los aceituneros de Miguel Hernández o Los filántropos en harapos de Robert Tressell.
   Muchos de estos “anónimos” son representación de los desgarrados por la inercia de los embates de la vida, ajenos de unas condiciones que evitan ese desgarro. Eso explica la inclusión de las citas al comienzo del libro de Isaac Rosa y de Jonathan Swift y la manifiesta queja en algunos poemas para quienes pueden revertir dichas medidas. Como se expresó en la presentación de Anónimos en la Librería los editores la alusión a estas personas no es una simple mención nostálgica, sino la de requerir para ellos el respeto que merecen y la de despertarles y hacerles reconocer ese mérito.

—En “Anónimos” la idea de la literatura popular, de los sabios y artistas anónimos está muy arraigada. ¿Considera que la vanidad es una de las principales fuerzas que mueven el mundo?
   Los informantes de Literatura popular de tradición oral son todo generosidad. En el trabajo que realizamos mi mujer Isabel Gutiérrez y yo de recopilación de materiales de este tipo de literatura en la Axarquía malagueña solo hallamos personas que nos facilitan su sabiduría con una entrega digna de encomio. Algunos de ellos son ya amigos, como Antonio Muñoz Frías de Comares o María Pino de Canillas de Aceituno, o tenemos en el recuerdo de otros, como al ya fallecido José Nuñez de Torrox y tantos otros. El acercamiento a estas personas supone reconocer sus valores y para ellos es un regalo que nos ofrecen con placer. Todos ellos están lejos de la vanidad que se apunta en la pregunta. 
   No sé si la vanidad influye en que el mundo gire; pero lo cierto es que el interés económico de cierto mundo empresarial con una clara influencia en la política y en las decisiones importantes para toda la sociedad sí tiene esa relevancia para modificar nuestro sistema. Ese mismo sistema es el que busca el beneficio económico a toda costa sin importarle los derechos fundamentales de la sociedad o de sus trabajadores. Hace unos meses trabajé con mis alumnos los derechos humanos y se asombraron de que muchos de ellos eran papel mojado.  

—Su mirada de poeta es piadosa, es comprensiva con el género humano. Esta cualidad es rara de encontrar entre los artistas, que normalmente miran hacia sí mismos más que hacia el exterior. ¿Cree que es un libro que puede aliviar heridas?
   En mi época de estudiante universitario sí tuve un contacto más directo con poetas en distintas tertulias (Roberto Cazorla, Eduardo García, Jesús Urceloy y otros) y, salvo alguna excepción, apenas encontré diferencias, solo amistad y entendimiento. Luego vino mi dedicación a la enseñanza y fue precisamente la iniciativa de Jesús Urceloy la que motivó mi primera publicación: El disfraz de los paisajes en Ediciones Amargord. Además, como profesor de Lengua y Literatura he procurado acercar a mis alumnos a distintos escritores que les han hablado de su obra literaria (hace ya tiempo: José Hierro, Claudio Guillén o Mario Hernández; más actuales: Eduardo García, Alfonso Fernández Burgos, Félix Grande, Juan Carlos Mestre, Juan Mayorga, Isaac Rosa, el propio Jesús Urceloy, etc.). Todos ellos han demostrado un ofrecimiento generoso que se aleja de la vanidad apuntada en la otra pregunta.
   En lo que se refiere al libro como alivio de heridas, no creo que algún libro tenga esa influencia; salvo que sean las del propio autor, considerando la obra como catarsis.  

—¿Cómo considera que ha evolucionado su voz desde su anterior libro “El disfraz de los paisajes” (Amargord, Madrid 2012)
    El disfraz de los paisajes fue, como ya he dicho antes, una iniciativa de mi amigo Jesús Urceloy. Conocedor de mis poemas dio salida a unos cuantos textos en la colección Avena loca de Amargord. La mayoría eran textos antiguos y solo unos pocos lo eran de creación más reciente. Ello sirvió de estímulo para continuar escribiendo y publicando, ahora con Cuadernos del Laberinto. En esta obra sí he añadido muchos poemas de nueva creación, pero algunos otros son anteriores, de ese periodo de inicios y tertulias. En palabras de Juan Carlos Mestre, que conoce los dos libros y que me orientó en algunos aspectos, Anónimos difiere poco en lo estético del primer libro.

—¿Qué le ofrece la poesía frente a la narrativa?
   He escrito algún cuento y, con alguna frecuencia, elaboro en mi trabajo de profesor comienzos de un supuesto diario de clase o novela y de ello participan mis alumnos con una continuación de un supuesto relato que van cambiando en función de sus intereses. También he escrito una obra de teatro relacionada con las situaciones que se viven en el aula y a veces adapto algunos textos dramáticos para su representación: Sin embargo, la poesía es la creación más personal e íntima que me permite descubrir lo que me rodea y a mí mismo.

—Últimamente parece que la poesía goza de muy buena salud ¿A qué cree que es debido este despertar poético?
   Desconozco la influencia de la poesía en las listas de ventas. La poesía no es un género muy querido por las grandes editoriales, pocas se salvan, y prefieren la publicación de los autores clásicos que tienen más salida comercial. Además, a veces, no es un género de lectura comprensible como la narrativa, el teatro o el ensayo. En ocasiones requiere la relectura y el mundo actual nos dispara con celeridad al consumo rápido, incluso de la lectura, sin saborear con tranquilidad las palabras.

—¿Qué opinión le merece la rima y la métrica hoy en día?
   No suelo utilizar la métrica clásica en mis poemas. Solo recuerdo dos endecasílabos blancos en un poema de El disfraz de los paisajes en el que intento imitar a Garcilaso. No creo que la poesía necesite esos conceptos para manifestarse en su plenitud. Creo que era Domingo Ynduráin quien decía que solo había dos movimientos estéticos en toda la Historia de la Literatura: Romanticismo y Clasicismo, es decir, la libertad y la norma, respectivamente, en la creación literaria. Es evidente que prefiero la expresión libre sin corsés; lo que no quiere decir que mis poemas carezcan de elaboración o que no me guste la poesía clásica. 

—La fotografía de portada, de la artista madrileña Esther Moliné, es un acierto y una foto hermosa que refleja fielmente el contenido. ¿Cómo logró transmitirle el concepto tan claramente?
    Esther Moliné fue compañera de mi promoción en la Universidad Complutense, pero de otra especialidad. Fue ella la que me sugirió que me pusiera en contacto con Cuadernos del Laberinto para la publicación de Anónimos. Su favor se completó con la petición de que una fotografía suya fuera en la portada. Las indicaciones para la elección fueron muy sencillas; o bien que apareciese un grupo de personas con sus imágenes distorsionadas o que estuviesen de espaldas. Ella me ofreció varias y la confluencia de esas calles madrileñas con la señora del perrito fue un acierto. Visionar sus fotografías es una delicia para los ojos y en muchas ocasiones consigue poesía con la imagen. La fotografía de la portada está llena de luminosidad y ofrece esa idea de anonimato que pretende el libro al encontrarnos con personajes de espaldas
   También he de agradecer a Ignacio Gutiérrez, profesor de Derecho Constitucional en la UNED, la inclusión de un prólogo lleno de sabiduría. Como se indicó en la presentación del libro en la Librería los editores de Madrid, Ignacio o Nacho, como le conozco desde hace muchos años, es un amigo entrañable con el que coincido en muchas cosas. La petición de que escribiera el prólogo a Anónimos no ofreció ninguna duda para él y el libro ha ganado en profundidad y contenido sin ningún género de dudas.
   Puedo decir que soy un afortunado por compartir con Esther, con Nacho y con otros amigos a quienes dedico varios poemas la creación de Anónimos.

—¿Qué opinión le merece la vida cultural contemporánea en nuestro país?
    España sufre una situación incomprensible por parte de quienes tienen en su mano la posibilidad de ofrecer la garantía para un desarrollo cultural mucho más amplio del que por desgracia tenemos. Tanto en materia educativa como en la cultural observamos su desidia. La riqueza de un país se mide no solo por los niveles económicos de compra y venta de productos, sino por un desarrollo educativo y cultural permanentes. Un país inculto es un país manipulable, dejado al albur de las circunstancias creadas por los poderes económicos que apuntaba más arriba.




CARLOS TEJERO

(Madrid, 1958)
Profesor de secundaria de Lengua castellana y Literatura en un instituto público de Pinto. Ha realizado trabajos de investigación para la Sociedad Española de Estudios Literarios de Cultura Popular (SELICUP) recopilando junto a Isabel Gutiérrez materiales de literatura oral de la Axarquía malagueña.
Gracias a la iniciativa de su amigo y poeta Jesús Urceloy, se editó su primer libro de poemas, El disfraz de los paisajes (2012), en Ediciones Amargord y publicó así algunos textos que solo conocían unos pocos amigos. Motivado por esa publicación, presenta ahora Anónimos, creado con antiguos y nuevos poemas donde homenajea a aquellas personas capaces de ofrecer a los demás todo cuanto tienen de la forma más honesta y sin reclamar ninguna compensación.


A la memoria de los maestros republicanos

Te doy la palabra, los números, las cordilleras exactas
con sus nombres, el sistema linfático, la nómina exacta
de los errores humanos, la luz, la rapsodia húngara, el delicado
olor de la magnolia; pero te quito la culpa, el dolor
de la ignorancia.
Te doy la conciencia, las aristas deformes de la responsabilidad,
la semilla de la duda. Te doy la interrogación
constante y el hilo sensible de la telaraña.
Apenas quiero recompensa, sino el reconocimiento
de la palabra y la negación del silencio.







Más información:
Editorial Cuadernos del Laberinto
I.S.B.N: 978-84-945357-2-7 • 12€
Fotografía de la cubierta: Esther Moliné Ramspott
Prólogo: Ignacio Gutiérrez Gutiérrez
FICHA DEL LIBRO EN LA EDITORIAL