"EL ACONTECIMIENTO POÉTICO. La culpabilidad de las imágenes", de Jesús Hilario Tundidor

(por Alfredo Piquer Garzón)





Conocí a Jesús Hilario Tundidor hace tres veranos en la feria del Libro de Soria en el Aula del instituto donde Antonio Machado fue profesor de francés.  Lógicamente no se acordará porque fuimos muchos los que le saludamos en aquel momento y a mi me sorprendió especialmente en ese momento  su  cordialidad.

Jesús Hilario Tundidor, zamorano, sale sin embargo de su ciudad cuyo ámbito siente reducido a partir de un momento dado y vive en varias capitales españolas a medida que la necesidad de otro clima, otra palabra, otra luz, va llamando su inquietud creadora.

Pero explica que de todos los pueblos o ciudades en que vivió recibió un hondo aprendizaje para la vida y un hondo conocimiento del hombre como verdad común y, sobre todo, de los pueblos más pequeños, de su aceptación y su humildad. Y con todo,  no deja de reconocer que toda la inspiración y todo el trabajo en su poesía, así como su propia vida más emocional están condicionados por su ciudad de origen.

Creo  que "El Acontecimiento Poético"  surge,  él me corregirá,  de una conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid con el título de "El escritor ante el espejo".

“El acontecimiento poético”  reúne  artículos, conferencias, estudios, y cartas que reflexionan y justifican el hecho y la actitud  de escribir poesía. Se trata de textos breves donde se cierra cada reflexión puntual pero que se estructuran a lo largo de un hilo lógico que  conecta y construye paulatinamente, diría, un único discurso. Invitan desde luego  a constatar su coherencia e identificarse con su reflexión y su planteamiento.

Desde el título de  aquella conferencia del Ateneo: El autor se sitúa ante el espejo. 

Pero el hombre no tiene más espejo ante sí mismo que la nada, y a pesar de todo,  el poeta  verdadero no claudica ante la tarea de organizar la realidad, interpretarla, desde su emoción. Es un mago que nos contagia de esa pasión. Con su palabra el mundo se abre, las cosas significan, los acontecimientos motivan nuestra percepción y el poema explica en definitiva su verdadero sentido humano.
Como ha dicho también  Diego Jesús Jimenez,  el poeta es excelso interprete de MITOS, es profeta y vidente, y ese resplandor del lenguaje es la batalla que sostiene: encontrar una sucesión de palabras que esclarezca el misterio”. 

 Hilario Tundidor afirma:  “No salvaremos nuestro fracaso de inmortalidad, de ser seres espaciales, temporales, racionales y conclusos, mas aprenderemos que si la destrucción es el fin postrero del hombre y que nada nos saca de la  muerte, al menos nuestra vida será historia, ejemplo y aprendizaje de humildad y silencio.

* * *

Se habla en este libro de la relación entre poesía y pensamiento. La poesía como pensamiento o el pensamiento como poesía.  Poesía y pensamiento son un mismo sendero de validez para la comprensión de la realidad. 

Y cito:  “El Pensador y el poeta pertenecen a un tiempo y época precisos y determinados y no pueden permanecer indiferentes al momento que les ha tocado vivir tanto social como civil, como ética y estéticamente, representando el plano significativo de su testimonio. Los conceptos y poemas en tiempos de crisis deben aceptar sus compromisos como actores en la sociedad a que pertenecen”.

Juan Carlos Mestre decía en una ocasión: «Las palabras siguen fundando un pequeño territorio de libertad; decir todo aquello que a veces la ideología del poder nos impide contar. Eso es la poesía» 

Responsabilidad, compromiso y sinceridad: En la sinceridad de los consejos a un desconocido Franz Xavier Kappus en sus ”Cartas a un joven poeta”  Rainer María Rilke  advierte  de que la crítica y el trabajo de revisión de la poesía es fundamentalmente introspectivo y pasa por descubrir con sinceridad la  existencia de una verdadera motivación interior para la escritura. 

Porque tanto para escribir buena poesía como para escribir buena prosa, se dice en El Acontecimiento Poético, hay que presentar un estado especialmente predispuesto, estar, inspirado.  Tundidor recuerda los consejos de Rilke:  Para que haya arte es necesaria la embriaguez.  Quizá aquel “Enivrez vous”  de Baudelaire   cuando escribía:  “¡Emborrachaos! ¡Para no ser los esclavos mártires del tiempo;  de vino, de poesía o de virtud, es  hora de emborracharse!

Y por eso se recuerda asimismo a Pedro Salinas: en ‘Todo más claro’: que afirmaba “Eche por donde eche, vía de San Francisco o vía de Baudelaire todo poema digno acaba en iluminaciones”

 Iluminación, trance o inspiración porque esa borrachera, esa embriaguez, “como proceso de ‘autotransferencia emocional’,  es la entrega que el poeta hace de su vida para el ordenamiento del caos con que se presenta la realidad a su percepción”. 
Dice también el autor en una entrevista: “Si entiendo por inspiración la lucidez máxima con que se realiza la inauguración de posibilidad en un poema, creo, absolutamente, en lo que llamamos “inspiración”. Lamentablemente, se malentiende considerándola como un soplo arcangélico en las orejas del escribidor, lo que es un absurdo”.

Y dice en su poema  ‘Creación: 
“Toda la cercanía: esta sorpresa
De la semántica, ese tejido de las palabras
Con que se dan al mundo, reposa ahí, bajo tu mano.
¡cómo sientes la vibración, el estremecimiento
De la fábula!...”

Y concluye:
“… poesía esencial,
Única, viva, derramada
Desde el ser a las cosas, de las cosas
Al ser, convertida en pasión, oh prometida.”

Escribir poesía por tanto, supone   la contemplación del mundo como un suceso personal propio.   Pero la obra solo pertenece a su autor  en cuanto responsable de su nacimiento. Creo que fue Valery quien dijo también que cuando la obra ha salido de las manos de su creador, ya no le pertenece.  Leer un poema es reescribirlo personalmente. O nos produce emoción o no nos la produce. Jamás debemos abordarlo con presiones o pretensiones de razonamiento lógico y lineal    que no pertenecen a la verdadera poesía.  Recrear el verdadero sentido de la poesía es recrear el mismo poema en nosotros. 

Pero dónde está esa  culpabilidad de las imágenes a la que alude en el título de su libro?   
    
Porque  la poesía es esencialmente palabra, palabra viva y la palabra es semántica,  significado,  y son las imágenes y las metáforas las que organizan su originalidad enraizándose  en el subconsciente.

Por eso la función de la metáfora es comunicar lo incomunicable, aquello que nos acerca  a  la realidad desde la intuición.  Y no se sustrae el autor del libro a deslizar una muestra de cuanto afirma cuando redacta la frase:  “Originalmente, como buen viajero, el poeta inicia su camino buscando el poblamiento del cantar desde el itinerario de la duda, en la noche del silencio, hacia el camino de la luz, abriéndose a la claridad de la mañana, en el ardor vivo de la palabra necesaria”.

El poema supone así una sutil aventura del espíritu, un viaje para un descubrimiento.  Y es verdad que debiéramos hablar de redescubrimiento más que de descubrimiento porque la poesía no descubre sino que desvela y conforma los distintos aspectos de lo que existe.  Como la arena de un jardín Zen donde agua, bonsáis o roca representan para el monje oriental la totalidad del cosmos, el poema es el ámbito que da sentido y unidad a la expresión poética.

Manuel Altolaguirre escribió:   “La poesía es mi principal fuente de conocimiento. Me enseña el mundo y en ella aprendo a conocerme a mi mismo. Pero la poesía es reveladora de lo que ya sabemos y olvidamos. Ella nos libera de lo circunstancial, de lo transitorio.  La poesía salva no solamente al que la expresa sino a todos cuantos la leen y recrean.  De ese modo nos comunica hondamente, en lo que nos atañe de modo profundo como género humano”.

Borges Dijo: “En toda la poesía, hay una temática que profundiza en una realidad psicológica y existencial que es común a todos los humanos y que por tanto nos comunica hondamente”.  Y recuerda Tundidor  que decía Ortega, que la poesía nos pone ante el rostro nunca visto del objeto de siempre.
Por tanto, el poema verdadero, el logrado, se presenta con su propia personalidad.  Y el entusiasmo de esa constatación personal nos conecta al  latido universal  que permanece en el subconsciente colectivo.  De ello son desencadenantes o provocadoras precisamente la imagen y la metáfora. Esa es su responsabilidad y su culpabilidad.

Entonces, la tarea del poeta en este mundo disperso y caótico que quizá nos envuelve y también nos actualiza, es  sentir la emoción que este suceso le  provoca, nos provoca  y devolverlo, ordenado por la palabra y realizado en el ámbito preceptivo de la escritura. Poesía es expresar intelectual y emocionalmente la capacidad humana del poeta; es obtener otra realidad donde el ser y la emoción tengan sentido.  Escribir poesía es apasionar la inteligencia. Y bajo la culpabilidad de las imágenes, del lenguaje, subyace la posibilidad del conocimiento absoluto del hombre”

 
JESÚS HILARIO TUNDIDOR


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Quiero enlazar en este punto el contenido anterior  de “El Acontecimiento Poético” con el texto, también incluido en el libro, de esos “Apuntes para una oposición mítica en el estudio de las operaciones creativas en la lengua de la literatura española.

Aunque el texto se  escribe para un fin y un momento concretos, se justifica el proceso evolutivo en paralelo de la literatura y la lengua.   Pero ¿ Se trata de un enfrentamiento de contrarios o más bien de un dialogo?

Oposición mítica porque, en ese sentido, el mito griego, Apolo y Dionisos representan y simbolizan la ambivalente dualidad del mundo. Coherentemente a los conceptos de caos y cosmos.  

Se trae el mito  como paradigma del tránsito de las cualidades y la riqueza del castellano entre lo apolíneo y lo dionisiaco. Siguiendo el hilo de la evolución del castellano desde su condición de ‘sermo rusticus’, lengua vulgar, hasta su adopción consciente como lengua literaria por parte de D. Juan Manuel, y su Conde Lucanor, allá por el siglo XIV,  dos grandes grupos o series históricas de sucesivos autores, autoridades, se adscriben con claridad  a lo apolíneo o lo dionisiaco.  Y se establecen los ejemplos de uno y otro modelo en Fray Luis de León y  el Conde de Villamediana, Juan de Tasis.

Ambos conceptos se enfrentan como contrarios que sirven de diferente modelo al dialogo literario. Pero, diríamos que ambos conceptos son irreconciliables? 

Si la ebriedad de Baudelaire era claro síntoma dionisiaco,  Hilario Tundidor nos hablaba de tránsito, el poema ‘Apolo ebrio’  nos sorprende con una conjunción de esos contrarios que sin embargo podría ser la metáfora del trance, de la actitud vital y profunda del poeta:

“…la belleza está loca y el dios
la ambrosía ha bebido, vaga por las alturas insomnes
del poema, se mira en las acequias
del verso. Y está solo. Y luciente. Y ebrio escucha.”

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Haré un breve aparte con otros dos textos específicos del libro porque se refieren, aún participando de toda esa explicación de fondo del autor sobre el hecho poético, a temas concretos…

Uno es esa segunda introducción a Mausoleo

Se le preguntó en una ocasión: Qué libro de poemas le define mejor? Él respondió con claridad, "Mausoleo", por su mensaje,  su redacción y su intento de comprensión del suceso fundamental de la Historia.

Con referencia estructural al mito cristiano, de nuevo el mito en la raíz del hecho poético,  y redactada en forma de prosa, la trama de Mausoleo está concebida en seis estancias en que se estructura la metáfora de la historia de la humanidad.. Alguien dijo que Mausoleo  es la epopeya cívico religiosa del siglo XX.  En su  fondo yace la profunda fe en la salvación universal de la persona. Porque ‘es necesario ofrecer al individuo histórico un destino donde las discordias y las desigualdades no sean admitidas y aparezca un nuevo sentido de la sociedad’.

“Henos ya cercenada
La ronda de los sueños, áridos como arena
Al sol, perdida
La fe en el hombre, las estrellas del aire, el alma
De otra más alta y digna fraternidad posible”.

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En Epístola,  y con el motivo de la   carta escrita a la italiana Giuliana Baita a propósito del ensayo  de ésta sobre la obra de Jesús Hilario Tundidor, el autor le traza una biografía en la que explica qué suponen y cual es la motivación, el contenido y la intencionalidad de sus libros, la circunstancia en que se originaron, su trayecto y sus consecuencia.  

Coda.-
Otro texto más remata este libro bajo el epígrafe CODA del latín Cauda, Cola,  Conjunto de versos que rematan otros poemas  o adición brillante al final de una pieza de música. Constituye esta ‘cola’ un bellísimo texto sobre la luz, la luz vista, sentida, constatada en los diferentes lugares de la geografía española transitados, y sobre su significado poético, el sentimiento de esa luz como metafísica.

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Se ha hablado con respecto a Jesús Hilario Tundidor de eficacia creadora,  de responsabilidad en la palabra que construye una producción única,  en intensidad y en  experiencia,  que transmite una concepción introspectiva de la realidad desde una  singular perspectiva poética, pero que implica en definitiva una clara  innovación como síntoma de profundo amor a la vida.

El pintor Antonio López decía que ante el dibujo no hay excusas. Seguramente el artista se refiere a la necesidad estricta del conocimiento y la destreza técnicas pero también a la llamada ineludible del prurito creador. Jesús Hilario Tundidor  reacciona del mismo modo ante la llamada del poema.

Sobre la técnica sostiene el punto de vista equilibrado del sabio, no el vanguardismo vacío y rompedor porque sí, pero aún menos el conservadurismo o la reacción. La escritura se sostiene en un mundo de exigencias y leyes propias diferentes a las de la narrativa, se trata pues de géneros bien decantados históricamente por mucho que en un momento dado y con sentido e intencionalidad concreta y experta se puedan transgredir  fronteras;  medida y rima pueden ser auxiliares al verdadero poema pero jamás forzamiento de una rima que califica de “chatarrera”, ( me ha gustado francamente el adjetivo) o de una medida silábica sin ritmo interno. O el fragmento prosaico con caja de verso, intentando dar gato por  liebre.

Escribe  esencialmente, para explicarse  a sí mismo, dice, “ participando en el gran acontecimiento que supone la existencia y la misma vida. Para existir y sentirse  viviendo. Para conocer y encontrar el sentido verdadero de la absurda vida -¡maravillosa!- que nos encarcela, y para amarla y para encontrar la razón de este amor y para saber que todos debemos concienciarnos de nuestra pluralidad en la unicidad múltiple del ser.”

El lenguaje, las palabras, los vocablos, en esa transgresión, ese rompimiento culpable de fronteras que las asocia lúcidamente en su fertilidad, abriendo, inaugurando nuevos significados, y a propósito de todo ello, esta secuencia reflexiva, esta poética donde Jesús Hilario Tundidor aporta su conocimiento de raíz eminentemente filosófica, remito a todas sus citas,  y no por ello menos inteligible,  vienen desde luego a esclarecer e iluminar de un modo personal pero objetivo el acontecimiento de la poesía.


(ALFREDO PIQUER GARZÓN)

Leído en el acto de presentación de
"EL ACONTECIMIENTO POÉTICO. La culpabilidad de las imágenes",
en Madrid, octubre 2016.


JESÚS HILARIO TUNDIDOR y ALFREDO PIQUER GARZÓN durante la presentación de "El acontecimiento poético"