"El matón al que engañaban las mujeres", de Julián Ibáñez

EL REGRESO DE JULIÁN IBÁÑEZ Y BELLÓN


La nueva entrega de Bellón, de Julián Ibáñez


Llega uno de los días más esperados del año: por fin se pone a la venta la entrega anual de Bellón, el personaje más canalla y buscavidas del escritor Julián Ibáñez.

De nuevo, su ya leal, editorial Cuadernos del Laberinto llena las librerías de toda España con "El matón al que engañaban las mujeres": La suerte le ha dedicado media sonrisa a Bellón. Una seductora pelirroja le contrata para protejerla de un marido celoso. Todo demasiado bonito para ser verdad —como un programa de televisión— porque en la vida de Bellón nunca suenan violines de fondo. Tal vez lo que la suerte le dedicaba no era una sonrisa, sino una amarga mueca.

Hemos tenido la oportunidad de charlar con el autor, Julián Ibáñez, al que muchos consideran el mejor escritor de novela negra española. No obstante es maestro de grandes nombres, como pueden ser Carlos Zanón, Lorenzo Silva, Clauido Cerdán, Carlos Augusto Casas o David G. Panadero.

 
— En “El matón al que engañaban las mujeres” vuelve a ser protagonista Bellón. ¿Le echaba de menos?
—Me echaba de menos él a mí. Pero tengo otros amiguetes, un paparazzi, por ejemplo. Espera tu turno, muchacho.

 —Corríjame si me equivoco, pero me ha parecido que esta vez, por mucho que las mujeres le quieran engañar, es Bellón quien maneja los hilos.
—Lo dice él, pero no es cierto. Bellón es un “pringao”, en todos los sentidos. Siempre, babeante, va detrás de una choni que, al final, se desvanece.

 —¿Qué le aporta este personaje? ¿Alguna vez sentará la cabeza? ¿Acabará con un trabajo fijo, echando barriga y rodeado de críos en un adosado a las afueras?
—Bellón ya ha sentado cabeza, lleva la vida que ha elegido. La vida no le ha elegido a él. Lo más cerca que Bellón ha estado nunca de un bebé han sido dos kilómetros.

—Paco Camarasa, en su libro “Sangre en los estantes” le califica como escritor maldito. ¿Le gusta ser un maldito? ¿Qué tiene que hacer uno para serlo?
—La verdad es que suena bien. Es como si le dijeran a una chica: “eres la más fea del baile”. Menos es nada. ¿Para serlo? Sentarte en el banco y esperar a que te saquen a bailar, y decir, al final, “ha sido una noche magnífica”, cuando no te has echado ni una pieza.

—¿Qué es lo primero que se le viene a la cabeza si le digo “autor de culto?
—El cachondeo. Luego pienso en esos Budas gorditos, con las piernas cruzadas, muertos de aburrimiento esperando que abran la pagoda a ver si aparece alguna escocesa potable.

 —En “El Matón al que engañaban las mujeres”, como en otras novelas suyas, vuelve a salir una pelirroja.
—Sí, no lo puedo evitar. Cuando yo tenía uno o dos años, en el pueblo donde vivía, me cuidaba una niña pelirroja (me lo dijo mi madre, que era la maestra). Es el hecho de mi vida que más nos ha hecho pensar a mi madre y a mí.

 —¿Qué se necesita para escribir una novela negra?
—Se necesita dejarte llevar. Luego, si te gusta el género negro, ¡oh, me ha salido una novela negra!

—“Un escritor de novela negra debe haber visitado más bares que bibliotecas”. Verdadero o falso.
—En los bares hay seres humanos de carne y hueso. En las bibliotecas también los hay, pero no hablan, o son de tinta y papel.

—¿Cómo consigue que al acabar una de sus novelas el lector siempre tenga ganas de más?
—Supongo que lo hará para amortizar los quince euros. A ver si un día de estos damos en el clavo los dos.

 —Descríbame su lugar perfecto para tomarse una copa.
—La Parte Vieja de San Sebastián. En mis años mozos, una vez, en verano, estuve veinticuatro horas sin salir de allí y sin parar de moverme de bar en bar. 

El matón al que engañaban las mujeres
Editorial Cuadernos del Laberinto
Colección ESTRELLA NEGRA, Nº16. Serie Bellón, 8
I.S.B.N:978-84-946262-4-1