"YA NO QUEDAN JUNGLAS ADONDE REGRESAR", DE CARLOS AUGUSTO CASAS




YA NO QUEDAN JUNGLAS ADONDE REGRESAR, DE CARLOS AUGUSTO CASAS
Por Manuel Guerrero Cabrera



Carlos Augusto CASAS (2017): Ya no quedan junglas adonde regresar. M. A. R. Editor, 200 pp.

            Carlos Augusto Casas (Madrid, 1971) obtuvo el VI Premio Wilkie Collins de Novela Negra con Ya no quedan junglas adonde regresar, en la que la venganza es el motivo principal de las tramas que conforman esta novela. Además de escritor, es periodista con amplia experiencia y, tras haber ejercido en Televisión Española, Cuatro o Antena 3, compagina este oficio con el de la dirección de la colección de novela negra y policiaca Estrella Negra en Cuadernos del Laberinto.

            Probablemente, el elemento que aporta mayor fuerza a esta obra sean los personajes. Ya en el capítulo primero se nos presenta al viejo, tal cual, de 72 años, con los achaques de la edad, la nostalgia de un pasado que nunca volverá y con una actitud de resignación ante su situación en la vida. En ese mismo capítulo nos ofrece una brillante descripción del cuerpo del protagonista y de su mustio pensamiento:

Tuvo que palparse el cuerpo para poder creer lo que tenía delante. Toda esa ruina. La carne colgaba flácida de sus brazos, como si unos hilos invisibles tiraran de ella hacia la tierra, hacia la tumba. Toda esa fragilidad. Cada vez menos hombre, cada vez más esqueleto. Toda esa putrefacción. La piel gris y seca, espolvoreada de manchas marrones.

            Tanto es así que su casa se contagia de esta condición: platos y utensilios de cocina sucios o el parpadeo del fluorescente del baño. Sin duda, el personaje del viejo, Mateo Acuña el Gentleman, evoluciona y se desarrolla tanto que pasará por distintas fases hasta que de esta pasividad inicial pase a ser alguien totalmente distinto; incluso, él mismo no se reconocerá: «El espejo le devolvió el reflejo de un desconocido».
            La primera aparición de cada personaje posee suficiente fuerza como para que el autor nos gane para sí en la lectura. No menos intensa es la presentación de la inspectora Iborra: primero desde la perspectiva de sus compañeros machistas, después ella sola y, finalmente, interactuando con ellos y la situación, que concluye con una crítica social, de nuestra coprotagonista, al desprecio hacia la víctima asesinada:

Intolerancia a la lecha, Wilskapollas, rumanoides. Estoy cansada de ese lenguaje de machos.  […] La verdad es que me importan una mierda sus comentarios vejatorios y sexistas. Pero a sus superiores, no. Ya lo verán. El tiempo me ha enseñado que sólo siendo una hija de puta se logra cambiar las cosas.

            Casas también emplea un método tan complejo como la cosificación literaria para tratar a dos matones que se burlan del viejo. En este ejemplo, el rostro de uno de ellos recuerda al de un cuchillo y el narrador lo denomina así desde entonces:

Su rostro era afilado y brillante como un cuchillo. […] El cuchillo asintió a su compañero proyectando hacia fuera su labio inferior.

            Además de los elementos habituales en la novela negra, Carlos Augusto Casas construye la suya con distintas técnicas literarias, como la cosificación anteriormente mencionada, pues da la impresión de que la novela no se limita a narrar los motivos que mueven a los distintos personajes, sino que, como buen novelista, emplea la lengua para hacer literatura; así, hallamos que el pan está desnudo hasta que se cubre de margarina (metáfora), la luz parpadea «como si tuviera un tic» (símil), «Planear la muerte le había dado la vida (antítesis), «Un hombre […], un asesino. […] un salvaje» (gradación), entre otras; también construye con fuerza los diálogos, en los que nos permite conocer pensamientos y voluntades de cada personaje:

–Lo peor que se puede perder en esta vida es el tiempo. Te hemos encontrado una vez –dijo Herodes–. Y sabes que volveremos a hacerlo.
–Creí que lo peor que se podía perder era la vida –dijo Tigre.
–Eso es perder todo tu tiempo de golpe.

            Ahora que se menciona, para poner el punto final de este escrito y a sabiendas de que no es un elemento estrictamente literario, no perderemos nada de tiempo con la lectura de Ya no quedan junglas adonde regresar, porque en esta novela hay mucho de provecho y consigue entretener desde el principio hasta el final. Carlos Augusto Casas no lo matiza en el título, pero siempre quedará la jungla de su obra para regresar a la buena novela negra.

Augusto Casas, Carlos

(Madrid, 1971)
Escritor y periodista. Comenzó su carrera en Diario 16, alternando su trabajo en prensa con otros empleos como repartidor de publicidad, ferrallista o realizando el control de calidad de una compañía aérea haciéndose pasar por un pasajero común.

Después de pasar por la agencia EFE y varios medios locales, ejerció como periodista de investigación para TVE, Antena3, Cuatro y Telecinco. Actualmente compagina el periodismo, es subdirector del programa "Víctimas del misterio" en TVE, con la dirección de la colección de novela negra y policiaca Estrella Negra, de la Editorial Cuadernos del Laberinto.

Ha participado en numerosas antologías de relatos de género negro en Ediciones Irreverentes y M.A.R. Editor. Con uno de estos relatos, El Bar de los asesinos, dedicado a Lisboa, obtuvo el XIV Premio Internacional de Relato Sexto Continente, organizado por Radio Exterior de España. También fue finalista del Premio Pata Negra de Novela de La Universidad de Salamanca. Ha sido traducido al inglés y al chino mandarín.