Poesía y muerte en Ángela Martín del Burgo: “Dónde la muerte en Ámsterdam”




La poeta Ángela Martín del Burgo durante la presentación de  “Dónde la muerte en Ámsterdam”


El pasado viernes 24, se presentó en Madrid la nueva obra literaria de Ángela Martín del Burgo, “Dónde la muerte en Ámsterdam”, editado por Cuadernos del Laberinto. El acto se desarrolló en la céntrica Biblioteca Mario Vargas Llosa de la capital y a ella acudieron renombrados personajes de la cultura. Ante una sala llena de aficionados a la poesía, Ángela Martín del Mundo recitó y comentó sus nuevos versos. 


En la mesa estuvo acompañada por su editora, Alicia Arés, y por los poetas Manuel Quiroga Clérigo y Ángel Álvaro Martín del Burgo.

Quiroga destacó la característica intimista de una poeta que se abre al mundo en constantes viajes, y la temática de la muerte como eje central del pensamiento  e inspiración de la poesía de  Del Burgo. Este libro, comentó, es el libro de las ciudades.

Por su parte Ángel Álvaro Martín del Burgo destacó la belleza de la mirada asombrada como característica de la vida, anteponiéndose a la muerte y vertebrando la poesía de Ángela Martín del Mundo en estas dos vertientes del ser y el no ser.  Dónde la muerte en Ámsterdam, afirmó, es un reencuentro, una forma de anular las distancias, y franquear las  fronteras.


Dónde la muerte en Ámsterdam
Es el hombre camino y es frontera, territorio fronterizo. Linda con su propio ser y linda con los otros. Su punto álgido es el amor, como lo es en la vida el esplendor de la primavera. Esa cercanía mágica con el otro, que ha sido motivo maravilloso de inspiración, cantada por los poetas, y objeto de sistemáticas y códigos, y para cuyos usos y costumbres la sociedad lo ha reglado y normalizado.

La vida del hombre es camino, camino que ha de hacerse; es misterio, sueño, tiempo... Y es que el hombre, como pensaba Novalis, es metáfora. Borges dijo que el hombre está hecho de sueño y de tiempo. La vida del hombre es río, río navegable, que desemboca en el mar, donde muere. La muerte es el reverso del amor y es su complementario. Tiempo, amor y muerte.

Y si el hombre es camino fronterizo, la poesía franquea estas fronteras, las recorre, las habita. La frontera del amor, en su cercanía cautivadora con el otro, y en el lugar habitado y habitable que son las ciudades; la frontera con el tiempo en el río navegable que es la vida; y la frontera con la muerte, esa frontera infernal, esa ausencia sin nombre, que da razón de ser a la vida y le infunde todo el sentimiento trágica y la aureola dorada de nostalgia y de melancolía.

La muerte se esconde en Ámsterdam.
Beben cerveza los jóvenes
y en bicicleta recorren los canales.
La belleza resplandece
en el hastial
de cada casa.
Mas de noche el misterio
se adueña de la ciudad
y los canales fulguran
con mil luces de ensueño.
Tras las ventanas
se recortan siluetas
que gesticulan y hablan.
Las farolas dan luz al enigma.
En Raadhuisstraat las torres elevan el asombro
y las arcadas lo cubren.
La plaza del Dam
es el mirador de la ciudad.
Y en la Estación Central
el último tren piafando
nos lleva hasta el mar.
Mas ¿dónde la muerte en Ámsterdam?
¿Dónde la muerte se esconde? 



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